La negociación previa con los acreedores, la gran alternativa al concurso

Los procesos concursales han crecido un 72% en los cuatro primeros meses de 2021, respecto al mismo periodo de 2020

Concurso de acreedores
Getty Images

La situación económica provocada por la COVID-19 está afectando gravemente a muchas empresas, sobre todo, a su solvencia económica. Uno de los datos que refleja esta situación es el número de concursos de acreedores registrado en los cuatro primeros meses de este año: 2.114, lo que representa un aumento del 72% respecto al mismo periodo de 2020, de acuerdo con el 'Estudio sobre concursos y disoluciones', realizado por INFORMA.

El incremento se ha producido a pesar de la moratoria concursal, aprobada por primera vez por el Gobierno en abril de 2020 y prorrogada recientemente hasta el 31 de diciembre de 2021, por la cual se suspende la obligación de solicitar la declaración de concurso y los llamados concursos necesarios presentados por los acreedores. Aunque se mantienen los voluntarios presentados por los propios deudores.

Asimismo, ha aumentado el número de empresas que presentan al mismo tiempo el concurso y la extinción. Según el citado estudio, si en abril de 2020 la tasa era del 44%, en el mismo mes de 2021 ha crecido hasta el 64%. En este porcentaje, al igual que en el de concursos, que en España terminan en la liquidación de la empresa, un 90% tiene mucho que ver con “el predominio de cierta mentalidad empresarial que empuja a aguantar y a resistir, por lo que, al final, se llega al concurso en unas condiciones de gran deterioro”, indica José Luis Retolaza, profesor de Economía de Deusto Business School.

Recorrido previo al concurso de acreedores

Por ello, es de vital importancia recorrer un camino previo antes de llegar al concurso, declara este experto, que, en coincidencia con no pocos economistas, cree que existen opciones, a veces poco exploradas.

Retolaza aconseja “una primera alternativa evidente, pero que solo la minoría pone en práctica: mejorar el negocio en un momento temprano, lo que significa generar más valor”. El profesor explica que, en la mayoría de los casos, al advertir las primeras señales negativas que indican posibles incumplimientos financieros, el empresario pone el punto de mira en los gastos y trabaja para reducirlos.

“Este enfoque es erróneo, porque las empresas no se crean para gastar menos, sino para crear un valor con el que se gana mercado. Recortar gastos como única opción para salvar la empresa, salvo en contadas ocasiones, disminuye el valor del negocio”, opina. Para Retolaza, lo primero que se debe hacer “es centrarse en por qué se está perdiendo este mencionado valor y con ello dinero”. Tampoco recomienda poner el foco solo en obtener más ingresos: “Son un indicativo de si el negocio tiene valor o no. El valor es la clave”, recalca. 

La prevención es una opción compartida por Axesor, una empresa de Experian, grupo de servicios de información global, donde consideran esencial contar con un plan de reestructuración y de contingencias que se anticipe a posibles situaciones de crisis y tensiones de liquidez. Así, se podrán acometer acciones con carácter preventivo y reaccionar. “El plan debe someterse a revisión cada ejercicio en función de las previsiones económicas”, afirman desde el Gabinete de Estudios Económicos de esta sociedad.

Alcanzar acuerdos, clave para evitar llegar al concurso de acreedores

Cuando la situación se complica y surgen los incumplimientos en los pagos por falta de liquidez, “hay que negociar sí o sí”, sugiere el vicedecano de Registradores de España, José Miguel Tabarés. Hay posibilidad de alcanzar acuerdos con las entidades financieras y con los acreedores. “En el caso de grandes empresas, la negociación con las entidades financieras es lo habitual y se suele llegar a acuerdos de refinanciación”, asegura Retolaza. 

El problema, aclara Retolaza, “es que las deudas de las pequeñas y medianas empresas (pymes) no suelen ser tanto con las entidades financieras como con proveedores, trabajadores y Administración”. En este último caso, no hay negociación posible, solo la alternativa de pactar aplazamientos con Hacienda y la Seguridad Social. “Lo recomendable es llegar a acuerdos privados de refinanciación con los otros deudores”. En Axesor coinciden en este paso y declaran que, por norma general, lo más inmediato es negociar una refinanciación de la deuda con proveedores en convenios extrajudiciales de quita o espera, para lo que es imprescindible que la empresa tenga garantías de liquidez suficientes que permitan atender los nuevos compromisos”.

“La reestructuración del pasivo financiero para ajustar los pagos a la tesorería disponible o la reestructuración societaria son también opciones a valorar”, añaden. Asimismo, hay posibilidad de transmitir la unidad productiva o subastar bienes de la empresa, “procesos que pueden ser beneficiosos, pero que hay que advertir de que son bastantes complejos y no están exentos de gastos”, sostienen.

El preconcurso de acreedores ¿Qué es y para qué sirve?

Llegados al punto de una falta de acuerdo previo, es el momento de la fase preconcursal o preconcurso. La empresa ha alcanzado la insolvencia actual o la insolvencia inminente cuando prevé que no va a poder pagar y no hay acuerdo o no se ha intentado. Se abre entonces un periodo de dos meses desde que se constata dicha insolvencia para presentar concurso o para acudir a la fase preconcursal.

Esta fase permite llegar a un pacto con los acreedores para evitar el concurso, bien por medio de un acuerdo extrajudicial que debe comunicarse al Juzgado de lo Mercantil, bien por medio de un mediador concursal, que las personas físicas pueden pedir ante notario y los empresarios, ante el Registro Mercantil, detalla Tabarés.

En la fase de preconcurso se paralizan durante tres meses las acciones contra los deudores (dos meses si se trata de personas físicas). Si no hay acuerdo, se abre el plazo de un mes para pedir la declaración de concurso. Este puede ser voluntario o necesario si lo solicitan los acreedores y, si el deudor se opone, pasa a manos de un juez. Una vez declarado el concurso por parte de un juez, se busca un convenio con los acreedores. Si este sale adelante, la empresa puede salvarse. Si no, puede terminar en liquidación y disolución. 

Empresas zombis, ¿qué son?

El escenario de falta de liquidez y de solvencia y la ignorancia sobre los pasos que han de seguirse o la falta de voluntad de llevarlos a cabo están fomentando la aparición de las conocidas como empresas zombis, aquellas que han caído en la inviabilidad y subsisten de diferentes maneras.

El profesor de Economía de Deusto Business School, José Luis Retolaza, afirma que las empresas zombis están definidas en la literatura económica como “las compañías que no tienen capacidad de devolver los recursos financieros, pero siguen funcionando. Las refinanciaciones de deuda les dan igual”.

Además, agrega que existen las empresas zombis extremas: aquellas que ya han generado fondos propios negativos y funcionan a base de no pagar las deudas a terceros. Retolaza informa de que en Europa, actualmente, entre un 5% y un 8%, según los países, trabajan con fondos propios negativos.

Un estudio de INFORMA cuantifica en 39.560 el número de empresas zombis existentes en estos momentos en España, y son compañías que no pueden cubrir sus gastos con sus ingresos. Si se suman aquellas sociedades que no tienen actividad comercial alguna, pero que siguen inscritas en el Registro Mercantil, la cantidad se eleva a 1,4 millones.

Normas
Entra en El País para participar