Ayuso absorbe a Ciudadanos, hiere al PSOE y hunde a Iglesias

Mónica García emerge con fuerza como nueva líder de la oposición y de la izquierda ante la desorientación de socialistas y Podemos

Isabel Díaz Ayuso tiene sobradas razones para atribuirse personalmente el mérito del soberbio resultado obtenido ayer. Su victoria, al borde de la mayoría absoluta, le permitirá gobernar en solitario, sin necesidad de coalición con Vox, ya que el PP suma más diputados que las tres izquierdas juntas, de manera que con la abstención de la ultraderecha le vale para salir elegida.

La política que más ha sido menospreciada por la izquierda y por los senadores de su propio partido ha dado una lección de política, puesto que el primer objetivo de los partidos es ganar las elecciones para de esa manera poder desplegar su proyecto político. Pero, además, hay que tener muy presente que estas elecciones son unas primarias que continuarán en dos años en la repetición de las regionales, con impactos indudables a escala nacional.

Una vez que queda claro quién y, seguramente, cómo va a gobernar Ayuso, lo más interesante es analizar los efectos segundarios de esta tremenda victoria.

El primero, la desaparición de Ciudadanos, cuyos votantes y, por tanto, sus 26 diputados han salido tras las notas de la flautista del PP. El desastre del partido que quería ocupar el centro puede animar a hacer las cuentas al PP en otras regiones, especialmente al presidente de Andalucía, Juanma Moreno, que podría desprenderse de su socio naranja.

Lo segundo, la caída del PSOE, que retoma la tendencia a la baja en voto. En mayo de 2003 alcanzó un 40% de los votos y el desastre del Tamayazo, con dos diputados socialistas propiciando la repetición de elecciones, provocó una continuada bajada en apoyo electoral hasta el 25,5% en 2015.

Cuatro años después y pese a las continuas corruptelas del PP, especialmente de Madrid, recuperó casi dos puntos y ganó las elecciones. Pero no sirvió para nada. Ayer, volvió a bajar, hasta situarse por debajo del 18%, lo que sin duda es un desastre para un partido que siempre aspira a gobernar.

El candidato Ángel Gabilondo buscará un nuevo destino en su vida: el puesto de Defensor del Pueblo sigue estando pendiente de destino. Pero lo relevante es qué quiere hacer el PSOE con su federación madrileña. Llevan décadas sin hacer caso a Madrid, comunidad y ayuntamiento, proponiendo candidatos sin fondo (Pepu Hernández) o sin forma (Gabilondo). Al ritmo que van, quizás lo mejor sea subarrendar la franquicia madrileña a Más Madrid, que tienen mucha y buena cantera.

El tercer efecto colateral es la retirada de Pablo Iglesias. Su partido incrementa el número de escaños, pero es una victoria muy amarga. Es la quinta fuerza parlamentaria, la última, y ha quedado por detrás de sus íntimos enemigos, Más Madrid.

Pablo Iglesias ha pagado un alto precio en este salto atrás en su carrera política. Le ha costado dejar su escaño en el Congreso de los Diputados y, lo que es más importante, el puesto de vicepresidente del Gobierno. Obviamente Iglesias no va a volver al Ejecutivo, y podría, puesto que ya designó sucesora a Yolanda Díaz. El líder de Podemos ha anunciado su retirada seguramente para buscarse el sustento en el mundo del show político televisivo.

El cuarto efecto es la contención en seco de Vox. Isabel Díaz Ayuso no solo se ha llevado por delante a Ciudadanos, si no que ha frenado a la ultraderecha. Haber conseguido las dos cosas a la vez tiene un valor incalculable para el PP, otra cuestión es en qué medida puede ser extrapolable al resto de España. Atrás quedan las elecciones catalanas, donde Vox se llevó todos los diputados que perdía Ciudadanos y el PP no solo no se llevaba ninguno, si no que perdió uno. Aquello tampoco era exportable.

El quinto hito marcado ayer es el encumbramiento de Mónica García y Más Madrid, que se sitúan como una alternativa al PSOE, aunque este sea un análisis que vale poco fuera de Madrid. Este resultado pone de manifiesto que hay hueco a la izquierda del PSOE para una propuesta más moderada, más verde de lo que representan Podemos y Pablo Iglesias, y que antes se visualizaba en Manuela Carmena.

Estos resultados son una especie de calentamiento. Si las dinámicas de ayer continúan, Isabel Díaz Ayuso tiene muy cerca conseguir la mayoría en dos años. Si esto pasa, Ayuso estará tomando posiciones para ser candidata al Gobierno de España.

Este triunfo de Díaz Ayuso rescata a Pablo Casado, pero no se sabe por cuánto tiempo. Eso sí, aquellas alternativas regionales moderadas del PP, especialmente representadas por Alberto Núñez Feijóo, anoche tenían un sabor amargo. Queda por ver si el ayusismo que se inaugura hoy va a ser un verso suelto, como lo fue el aguirrismo, o se configura como un nuevo modelo de hacer política en la derecha, para lo que será vital que en la siguiente ronda absorba a Vox.

Por tanto, no cabe duda de que lo que pasó ayer tiene repercusión a escala nacional, porque el presidente del Gobierno, quiso que estas elecciones traspasarán las fronteras de la Comunidad de Madrid, y Pedro Sánchez ha perdido.

Entre bambalinas había otra batalla de enormes egos, la que disputaban el gurú de moda de la mercadotecnia política, Iván Redondo, y el viejo lobo, recuperado del suburbano, Miguel Ángel Rodríguez, que es el otro gran ganador de la noche.

Una vez que los ciudadanos han dado su veredicto, lo interesante sería que los bloques se disuelvan y unos y otros retomen la política de altura y, de verdad, se pongan a pensar en cómo sacar a Madrid y a España de la mayor crisis sanitaria y económica desde la Guerra Civil.

Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información y profesor de la Universidad Complutense