Industria

Cemex reabre Lloseta para cemento bajo en emisiones y pensando en el hidrógeno verde

La fábrica balear fue cerrada en 2019 junto a la almeriense de Gador

Instalaciones de la fábrica de cemento de Cemex en la localidad mallorquina de Lloseta.
Instalaciones de la fábrica de cemento de Cemex en la localidad mallorquina de Lloseta.

Una de las mayores cementeras con actividad en España, la mexicana Cemex, ha pasado de vivir el drama de cerrar dos plantas industriales en 2019, la mallorquina de Lloseta y la almeriense de Gador, a ofrecer una segunda oportunidad a la instalación balear con un plan de producción sostenible.

La compañía reabrió la instalación el pasado 12 de abril y lo hizo para fabricar cemento bajo en emisiones. Juega a favor el esperado tirón de la demanda con la entrada de fondos europeos para la obra pública, edificación y rehabilitación.

En cuanto a la instalación de Gador, Cemex eludió el desmantelamiento y ha seguido manteniéndola y renovando los permisos de actividad por si merece la pena encender de nuevo el horno. Las dos afectadas por la crisis del consumo de cemento son las más pequeñas de las siete instalaciones que el grupo tiene en España, pero el impacto de su cierre fue notable al coincidir con anuncios en el mismo sentido de Alcoa y Vestas.

Además de haber activado una alternativa en los terrenos de Lloseta, con el proyecto de una planta de hidrógeno verde (Power to Green Hydrogen Mallorca) a partir de energía fotovoltaica, en colaboración con Acciona, Enagas, Redexis y el IDEA, Cemex analiza ya el primer cemento bajo en emisiones producido allí. Su intención es certificarlo en las próximas semanas y poder poner en los sacos la etiqueta de cemento respetuoso con el medio ambiente. El producto de la planta balear será incluido en la nueva gama de cementos Vertua, lanzada en marzo.

A la vuelta de la esquina, Cemex prevé que pueda alimentar esta fábrica con el hidrógeno de la planta aneja, lo que haría de su cemento un referente por su práctica neutralidad en carbono.

La instalación, con capacidad para sacar unas 800.000 toneladas al año, va a funcionar aún bajo mínimos mientras se reactiva la demanda. La reducción de emisiones, que va del 30% al 70%, en función del tipo de producto, se logra con el uso de combustibles alternativos (especialmente biomasa), con un proceso de producción del clínker a más bajas temperaturas (se pasa de 1.500 grados a 1.000), y con el uso de adiciones que reducen el consumo del propio clínker como materia prima.

Esta evolución en las cementeras, a la que se unen, por ejemplo, tecnologías de captura de CO2, comienza a imponerse en plantas de todo el país. En el caso de Cemex, su factoría de Alicante es uno de los referentes en material bajo en emisiones.

Dos años aletargada

El arranque de Lloseta ha pasado por la Comisión de Medio Ambiente de Illes Balears y se produce después de que Cemex haya realizado distintos reinicios del horno con producción real para mantener los permisos. El último de estos test se produjo en agosto del año pasado.

El cierre de la fábrica, en enero de 2019, fue acompañado de un ERE que afectó a 96 trabajadores. La empresa logró recolocar a la mayoría, pero todos ellos tienen preferencia para trabajar en la futura planta de hidrógeno verde que fue ideada como alternativa, estén reubicados en Cemex, en cualquier otra empresa o en situación de paro.

Lloseta va a estabilizar una plantilla de una veintena de empleados en este periodo inicial.

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