Deporte

Las razones económicas de la Superliga

Los impulsores se blindan ante la amenaza de sanciones de UEFA

JP Morgan financia el proyecto, del que se desmarca el Bayern de Múnich

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La intención de 12 de los clubes de fútbol más poderosos de Europa de poner en marcha su propia competición continental ha caído como una bomba de relojería en todos los ámbitos a los que alcanza el deporte rey. El nacimiento de la Superliga al margen de UEFA y FIFA, confirmado en la madrugada del domingo al lunes e impulsado por Real Madrid, Juventus y Manchester United, busca la gestión directa por parte de estos clubes de sus derechos audiovisuales y comerciales para multiplicar sus ingresos, disputando un mayor número de partidos entre ellos.
Por lo pronto, los organizadores de la Superliga garantizan el reparto de 3.500 millones de euros a los 15 equipos considerados fundadores, una media de 233 por cada uno para paliar los efectos del Covid-19 y mejorar sus infraestructuras.

Unos efectos que son notables. Los 12 equipos confirmados, entre los que están los españoles Real Madrid, FC Barcelona y Atlético de Madrid, sumaron unas pérdidas de 800 millones en la temporada 2019-2020. Solo dos, Chelsea y Real Madrid, cerraron con números negros. Y se espera que el impacto sea aún mayor cuando acabe esta temporada, jugada sin público desde el inicio.

Estos impulsores vienen exigiendo a la UEFA desde hace años cambios en el formato de la Liga de Campeones. El objetivo, elevar el número de partidos disputados entre los equipos más importantes y, de paso, incrementar la cuota de ingresos que les corresponde.

Estos se han doblado en menos de 10 años. En la temporada 2012-2013 la UEFA recaudó 1.623,5 millones entre sus principales torneos. De esa cantidad repartió 974, el 60%, a los equipos de la Liga de Campeones. En la 2019-2020 los ingresos llegaban a 3.250 millones y el reparto a casi 2.000, el 63% [ver gráfico].

Insuficiente para estos gigantes, que aspiran a ingresar 4.000 millones al año por los derechos televisivos y comerciales, con el añadido de que se repartirían entre menos equipos, 20, y de ellos 15 tendrían plaza asegurada cada año. Además, hablan de un fondo de solidaridad que alcanzará los 10.000 millones. “Ayudaremos al fútbol en todos los niveles y lo llevaremos al lugar que le corresponde en el mundo”, dijo Florentino Pérez, que ejerce como presidente de la Superliga.
Detrás de la financiación inicial está JP Morgan, que confirmó ayer a Reuters su participación, aunque la Superliga también está abierta a terceros inversores. La competición, que comenzaría en el año 2022, se dividiría en dos grupos de 10 equipos, que disputarían una liguilla a doble partido. Los tres primeros de cada uno pasarían a cuartos, y los cuartos y quintos disputarían un playoff para pasar a esa fase.

Los partidos se disputarían entre semana, frente a las intenciones iniciales de desplazarlos a los fines de semana, lo que según los organizadores permitiría mantener los calendarios de las ligas nacionales.

Pero esto ha abierto una brecha a todos los niveles, empezando por la jurídica. FIFA, UEFA y ligas nacionales han amenazado con sanciones a los equipos y jugadores de la Superliga. Alek­sander Ceferin, presidente de la UEFA, insistió ayer: “Mi opinión es que cuanto antes deben tener prohibida la participación en nuestras competiciones”, dijo, tildando de “vergonzosa y egoísta” la iniciativa. Pero sus impulsores, según Reuters, han registrado una moción ante tribunales europeos para blindarse y poner “en marcha sin problema la competición bajo las leyes actuales”, según una carta enviada a FIFA y UEFA.

Guerra política

El siguiente conflicto es económico e incluso social. LaLiga, organizadora del torneo liguero español, tildó ayer la iniciativa de “secesionista y elitista” y dijo que está diseñada para “enriquecer aún más a los más ricos”. También avisó del impacto “profundamente perjudicial para el futuro inmediato de LaLiga” en materia de derechos televisivos y comerciales. Las principales asociaciones de aficionados también rechazan el torneo.

Pero la brecha alcanza a los propios clubes de la élite europea. Aunque la Superliga habla de 15 fundadores, solo están confirmados 12. Bayern de Múnich y Borussia Dortmund, potenciales candidatos, se desmarcaron. El primero, a través de su presidente Karl-Heinz Rummenigge, dijo no haber participado en el proyecto y apostó por la Liga de Campeones. El PSG francés tampoco confirmó su adhesión

Los clubes alemanes se ciñen a lo acordado por la Asociación de Clubes Europeos (ECA), bajo la que se agrupaban los poderosos, incluidos los fundadores de la Superliga. Incluso el domingo por la noche esta insistía en mantener las competiciones UEFA.

Y está la rama política. El primer ministro británico Boris Johnson y el presidente francés, Emmanuel Macron, mostraron su rechazo público a la Superliga, al igual que el vicepresidente de la Comisión Europea, Margaritis Schinas. En España, el ministro de Cultura y Deporte, José Manuel Rodríguez Uribes, abogó por un acuerdo de todo el fútbol europeo.

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