Acorys, el dispositivo no invasivo que localiza el origen de una arritmia

El equipo diseñado por Corify Care mapea el corazón en 20 minutos sin tener que operar

Arritmia
Imagen que ilustra el funcionamiento del sistema Acorys.

Ya es posible localizar el origen de una arritmia sin realizar un tac, una resonancia o una cirugía. Tan solo con colocar unos electrodos en el torso del paciente y combinar una cámara 3D y un ordenador con un sistema de amplificación de señales eléctricas, como si fuera un electrocardiograma, se puede conocer desde fuera todo lo que pasa en el corazón.

Es lo que ha conseguido la startup valenciana Corify Care con su dispositivo médico Acorys, en desarrollo. “Comencé a trabajar en hospitales nada más acabar la carrera, en 2005, en Alemania. Y allí, junto con otra investigadora de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV), María Guillén, se nos ocurrió, durante la tesis doctoral, hace 10 años, la idea de mapear el corazón de forma no invasiva”, cuenta Andreu Climent, CEO de la compañía con siete empleados. 

Se puede usar tanto en consulta como en quirófano

“Veíamos que muchas veces”, prosigue este doctor en electrónica e ingeniero de telecomunicaciones, “las intervenciones para parar una arritmia, introduciendo catéteres que queman el área, fallaban porque los clínicos no sabían qué zona causaba el problema”.

Este sistema, a diferencia de otras tecnologías en el mercado, mapea en 20 minutos el corazón sin necesidad de operar –hace una imagen electrocardiográfica, en el argot–, y se puede usar en consulta y en quirófano, afirma el también investigador en el Instituto Itaca de la UPV. Además, ayuda al especialista a tomar decisiones: si el paciente es apto o no para una cirugía. “Es donde hay un gap de tecnología y donde nos hemos enfocado”.

Recorrido

Andreu Climent, consejero delegado de la 'startup' valenciana Corify Care.
Andreu Climent, consejero delegado de la 'startup' valenciana Corify Care.

En 2012, Climent se incorporó al hospital Gregorio Marañón para desarrollar el dispositivo desde el Laboratorio de Investigación Traslacional en Cardiología. En 2016, el aparato fue patentado por este centro y la UPV. En 2020 inició su desarrollo –aún en marcha–, en 2022 espera superar la fase regulatoria en Europa y EE UU, y en 2023 contempla su lanzamiento. La planta de fabricación, del dispositivo y los electrodos, estará en Valencia.

Lo conseguido hasta ahora ha sido gracias al apoyo de fondos público-privados. Primero, de la Plataforma de Innovación en Tecnologías Médicas y Sanitarias (Itemas), que promueve el Instituto de Salud Carlos III. Y después, del programa CaixaImpulse, de la Fundación La Caixa y financiado por la aceleradora europea EIT Health. “Ese programa [que incluía un MBA en seis meses para 20 científicos], nos abrió los ojos, veníamos del mundo académico... Si queremos que nuestra ciencia sirva para algo, hay que llevarla al mercado”, opina.

El aparato, aún en pruebas, ayuda al clínico a elegir el tratamiento más adecuado

También de la consultora catalana Genesis Biomed, que le ayudó a conseguir su primer capital semilla de 300.000 euros. Del CDTI, del que obtuvo un millón a través del programa Cervera para el desarrollo del producto. Y, recientemente, mediante la firma de crowd­funding Capital Health ha levantado algo más de 1,2 millones en dos rondas de financiación. A finales de 2020 se llevó el premio (50.000 euros) al innovador europeo del año de los EIT Awards. En total, ha conseguido 4,2 millones, “suficientes para llegar al mercado”, asegura.

Una patología en alza

En España, un millón de personas sufre algún tipo de arritmia cardiaca. Se calcula que uno de cada tres adultos la va a padecer a lo largo de su vida. Y es la patología que más gasto sanitario supone: el 2%, apunta. La más común es la fibrilación auricular y solo en Europa la sufren más de 10 millones de pacientes. En el mundo, unos 33 millones. El Marañón o el Clínic de Barcelona recibe unos 10.000 casos nuevos anuales. Y según el European Heart Journal, más del 40% de los pacientes que han fallecido por Covid-19 adolecía una arritmia cardiaca. 

“Desafortunadamente, pocos tratamientos funcionan bien. El mejor a día de hoy es la cirugía, pero solo se puede ofrecer al 4% de los enfermos porque es caro (2.000-5.000 euros). Y pese a ser el mejor, sigue fallando en casi más de la mitad de los casos”, sostiene.

En España, un millón de personas sufre algún tipo de trastorno cardiaco

Acorys se ha probado en más de 200 pacientes en el Marañón, el Clínic y el Stanford Medical Center (EE UU). Su eficacia a la fecha es del 85%. “Hay margen de mejora”, dice. Ahora arranca su validación regulatoria a gran escala en la Facultad de Medicina de Lisboa, en el Hospital Universitario de Heidelberg (Alemania), en el de Skåne (Suecia) y en La Fe de Valencia, entre otros. Además de la fibrilación auricular, este dispositivo se está usando para tratar la de flutter auricular, las taquicardias ventriculares y para mejorar la programación de los marcapasos.

"Lo más difícil es encontrar un equipo bueno, formado y con experiencia en este ámbito. La legislación debe incentivar también este tipo de viajes", considera Climent.

Un negocio que gana atractivo

Volumen. Son muchas las empresas interesadas en solucionar el creciente problema de las arritmias. “Es un mercado muy grande, que mueve 4.000 millones anuales en el mundo”, según Andreu Climent, CEO de Corify Care, que aspira a facturar más de 300 millones al año.

Operaciones. Entre ellas destacan Topera, que Abbott compró en 2014 por 210 millones; CardioInsight, adquirida por Medtronic en 2015 por 84 millones, y la francesa Volta Medical, que en enero cerró una ronda de 23 millones.

Coste. Acorys se venderá por debajo de los dispositivos existentes, a unos 2.000 euros. El de Medtronic, que usa el tac, cuesta 3.000.

Futuro. Su meta es llegar a unos 100.000 pacientes al año al final de la década y aliarse con multinacionales para su distribución exterior.

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