La ilusión de riqueza de la industriosa Alemania

Disfruta de casi pleno empleo y exporta como nadie, pero los hogares germanos son más pobres que los españoles y que la media europea

Alemania es un país menos rico de lo que aparenta. Su ilusión de riqueza choca contra la realidad. Sí, disfruta de casi pleno empleo y exporta como nadie (tras China y EE UU), avanzando cada año de récord en récord, excepto en el año de la epidemia. Pero los hogares germanos son más pobres que los españoles y que el promedio europeo. La razón principal es que invierten menos en vivienda propia. Porque no pueden permitírselo o porque tienen otras prioridades. En cualquier caso, ese espejismo es clave para comprender su posicionamiento ante algunas demandas europeas.

“¿Compramos una sauna para casa o ponemos el dinero en el banco?” es la pregunta que se hacía en marzo el diario Süddeutsche Zeitung para indagar en qué se gastan los alemanes el dineral ahorrado durante la pandemia. Se podría deducir que los alemanes son ricos y que no saben qué hacer con tanto dinero. Pero no. La inmensa mayoría no lo es. Se tiene una idea estereotipada sobre su patrimonio tanto fuera como dentro del país. “Es la ilusión de riqueza”, de la que habla Kristina Antonia Schäfer, del semanario económico Wirtschaftswoche.

Si se compara el patrimonio de los hogares gemanos con el de los hispanos, vemos que los españoles son más ricos. Toda una sorpresa. La razón es la tendencia generalizada a comprar inmuebles en España. Los alemanes suelen vivir en pisos de alquiler y tienen, por tanto, menos patrimonio. Quien en Madrid tiene una vivienda pagada suele ser más rico que un inquilino de Berlín centro. Tampoco el Estado alemán te lo da todo. Otro cliché. La economía germana se fundamenta en el modelo de economía social del mercado, cuyo objetivo era superar el viejo orden social desigual de la primera mitad del siglo XX, aunando la libertad económica y la seguridad social. De hecho, Alemania tiene mucho patrimonio, pero la mayoría no participa en esa riqueza. Según los analistas de Credit Suisse en su Global Wealth Report, solo un puñado tiene mucho patrimonio. El 30% de la riqueza está en manos de un 1%. La mayoría es clase media. Y el dato sorprendente: el 41% de los ciudadanos tiene menos de 10.000 euros de patrimonio (incluido dinero y propiedades). Es decir, hay mayor desigualdad que en España.

Los alemanes, los más pobres de la eurozona, titulaba el diario FAZ en 2013, citando fuentes del BCE. En 2020, los hogares germanos son más pobres que el promedio europeo (eurozona). Por hogar, el patrimonio ascendía (mediana) a 119.100 en España; a 132.200 en Italia; a 117.900 en Francia y a 71.100 en Alemania. En la eurozona, a 99.400. Son datos del BCE, que se refieren al patrimonio neto de los hogares, descontando las deudas. Según el diario Die Welt, el reparto del patrimonio es más desigual que en otros países europeos. La mediana es el número medio en el conjunto. Si se ponen los 40 millones de hogares alemanes en un listado de menor a mayor patrimonio y se toma el hogar que está justo en el medio, tenemos la mediana, un valor más próximo a la realidad. Solo cuando los datos son muy homogéneos, el promedio nos da un valor representativo, pero cuando los datos son muy heterogéneos (con valores muy extremos o dispares como en el caso del patrimonio alemán), no.

Inmuebles es la clave. Tener casa. Pues la propiedad es parte importante del patrimonio privado. Mientras más del 80% de los españoles tiene vivienda propia, solo el 44% de los alemanes disfruta de casa propia. No tiene por qué ser mejor ni peor, advierte el BCE en su encuesta Household Finance and Consumption Survey (HFCS). Quien no tiene propiedad es más flexible en el mundo laboral, por ejemplo. Pero la realidad es que la política de dinero barato del BCE ha reforzado esa dinámica: quienes pueden comprar lo hacen porque las condiciones ahora son ideales. Por otro lado, solo compra quien puede permitírselo. Claro que también hay un factor cultural que explica en parte esas diferencias entre España y Alemania.

Michael y Florian son dos hermanos; los dos, ingenieros que ganan más o menos lo mismo y viven en circunstancias similares (casados con mujeres profesionales y con dos hijos pequeños). Mientras Florian, en Hamburgo, va por su segundo inmueble adquirido, Michael, en Múnich, sigue de alquiler. Que Munich sea más caro que Hamburgo no justifica la diferencia de patrimonio. Florian y su mujer optaron por ahorrar e invertir; Michael e Yvonne, por viajar y vivir en un piso de alquiler en el centro de la capital bávara.

El coche y los viajes por vacaciones son las dos grandes prioridades de los alemanes. Antes de la pandemia, Alemania se gastó 73.100 millones de euros en 2019 por viajes de vacaciones, un récord. Y, en cuanto puedan, volverán a viajar. España es su indiscutible destino número uno. El lugar en el que se gastan su dinero. Pues los alemanes son campeones en ahorrar. En 2020, 330.000 millones de euros; 100.000 más que el año anterior. A pesar de la crisis, la mayoría sigue en su puesto de trabajo. Y la pandemia les hace ahorrar todavía más. Desde 1995 el porcentaje de ingresos que se ahorra en los hogares privados oscila entre el 9% y el 11%. Eso ha cambiado con el virus. Desde hace un año las familias ahorran el 16,3% de sus ingresos. Sin vacaciones y sin restaurantes, la gente opta por comprarse perros, una sauna para casa, una piscina para el jardín, buenos vinos, o un mejor sofá que el viejo para poder acomodarse ante el televisor. El sector cocooning, todo para el hogar para sentirse más a gusto durante el confinamiento, está en auge.

Por otro lado, los hogares tienen menos patrimonio que las familias de otros países europeos como España. La propiedad es un seguro frente a riesgos vitales individuales como desempleo, edad avanzada, enfermedad, etc. Pero en los países con fuertes estados sociales, los ciudadanos se sienten más seguros e invierten menos en su futuro. Además, los hogares germanos disponen de menos ingresos netos para crear patrimonio propio porque fluye mucho dinero en impuestos. Según el BCE, que se compre más en España que en Alemania tiene que ver con “diferencias institucionales y preferencias individuales.”

Alemania es un país de inquilinos, confirma también el instituto económico IW de Colonia. Alemania es un país rico, pero una gran parte de la población no participa en esa riqueza. Los alemanes no son ricos. Pero casi todos tienen trabajo.

 Lidia Conde es analista de economía alemana