H&M abre la veda del problema de principios de occidente en China

Pekín obligará a elegir a las empresas que quieren tanto mayor acceso al país como cumplir con los criterios ASG

Tienda de H&M en Pekín.
Tienda de H&M en Pekín. reuters

La industria de la moda está firmemente atrapada en unas esposas chinas. El minorista sueco H&M ha sufrido un repentino ataque por una antigua declaración en la que afirmaba no abastecerse de materiales procedentes de la región de Xinjiang, acusada por activistas y políticos occidentales de abusar de las minorías musulmanas. Las empresas europeas que desean tanto un mayor acceso al gigantesco país asiático como credibilidad en cuestiones ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) se verán obligadas por Pekín a elegir entre ambas cosas.

El miércoles, la Liga de la Juventud Comunista de China publicó un texto en un microblog en el que apuntaba a H&M por comentarios del año pasado en los que afirmaba estar “profundamente preocupada” por las noticias sobre trabajos forzados en Xinjiang, una importante región productora de algodón.

La empresa, de 30.000 millones de euros, se encuentra en una situación complicada en un mercado en el que tiene más de 500 tiendas y que generó 11.000 millones de coronas (1.100 millones de euros) de ingresos el año pasado.

La reacción ha sido feroz. H&M parece haber sido censurada por los principales portales de comercio electrónico, como Taobao, de Alibaba, y la respuesta de la empresa de que sus principios sobre la cadena de suministro “no representaban ninguna posición política” no logró apaciguarla.
Las hordas de las redes sociales también se volvieron contra otras empresas occidentales, como Gap y Nike. A falta de dar marcha atrás públicamente, no está claro cómo se puede contener el impacto comercial.

Pekín se ha mantenido firme en su política sobre Xinjiang, negando las acusaciones de abusos y sancionando a una parte de legisladores e instituciones europeas críticos. Ello puede hacer fracasar la ratificación de un pacto de inversión UE-China firmado recientemente. El presidente Xi Jinping apuesta por que la contribución de los consumidores chinos a las cuentas de resultados de las empresas extranjeras triunfará sobre los remilgos morales occidentales. Los rivales locales Li Ning y Anta Sports Products, entre otros, saldrán beneficiados.

Sin embargo, la táctica de Xi es arriesgada. Muchos gigantes occidentales de la moda han hecho del respeto a los derechos humanos parte de sus marcas. Les ha resultado imposible ignorar lo que las Naciones Unidas han descrito como limpieza étnica, y mucho menos respaldar la línea de Pekín. El conservadurismo del Partido Comunista Chino en otros ámbitos, como los derechos de las mujeres y los homosexuales, también contradice los valores de la industria.

Además, la presión de los inversores en materia de ASG está creciendo rápidamente en todo el espectro empresarial. Las empresas de confección han hecho dinero en China, el mayor mercado de ropa del mundo (alcanzó casi 340.000 millones de euros el año pasado, según estimaciones de Oliver Wyman).

Xi está obligando a los fashion­istas a decidir entre el beneficio y los principios. No serán los últimos.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías