El 50% de los fondos de inversión ya se venden con asesoría o gestión previa

Se han extendido a todos los públicos prácticas propias de banca privada

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La distribución de fondos de inversión se ha sofisticado mucho en España durante la última década. Ahora, los dueños de la mitad del dinero canalizado hacia este tipo de producto han recibido algún tipo de asesoramiento previo o han firmado un contrato de gestión discrecional de cartera, para delegar al banco o a una sociedad de valores la asignación de su inversión. Antes, la asesoría o la gestión discrecional estaban reservadas solo a los clientes de banca privada.

En España hay 283.000 millones de euros en fondos de inversión nacionales y otros 230.000 millones en fondos internacionales. De estos últimos, solo la mitad es inversión directa, mientras que el resto son fondos nacionales, sicavs y fondos de pensiones que invierten en esos vehículos de gestoras extranjeras. Por lo tanto, el importe total canalizado en fondos españoles y extranjeros estaría cerca de los 400.000 millones de euros, de acuerdo con cálculos de Inverco, la asociación de las gestoras de fondos.

Antes de la gran crisis financiera de 2008-2012, los servicios de gestión de carteras y de asesoramiento eran accesible solo a personas con patrimonios altos. La venta normal de fondos se hacía en las oficinas bancarias y no requería de un análisis previo de la situación o los conocimientos del cliente. De hecho, las entidades solían funcionar por campañas. En cada momento, “tocaba” vender un fondo garantizado, un fondo de bonos europeos o uno de Bolsa española.

A partir de 2014, con la entrada en vigor de la normativa europea de mercados financieros (conocida como Mifid 2 y que se traspuso en totalmente en 2019) los distribuidores de fondos vieron un significativo aumento de las exigencias impuestas para poder cobrar por vender fondos. La directiva fijaba una serie de casos tasados, que implican siempre aportar algún tipo de valor añadido al cliente.

Las formas de tener un fondo

  • Supermercados. Los bancos suelen ofrecer a sus clientes acceso a una gama de fondos propios y de terceros que pueden contratar. La entidad no puede cobrar por esa venta, aunque en ocasiones sí que aplica una comisión de custodia del fondo.
  • Asesoramiento. Puede ser independiente o no independiente. En el primero, el distribuidor no puede cobrar comisiones u honorarios por vender fondos de terceros. Y el pago del cliente tiene que ser explícito, con factura e IVA. En el segundo, más frecuente, la entidad hace un seguimiento recurrente de las inversiones y aporta un cierto servicio al cliente, ya sea ofreciendo fondos de terceros, evaluación de la idoneidad de los fondos o recomendaciones sobre la asignación óptima de activos. Aquí, el pago no es explícito, sino que se carga dentro de las comisiones del fondo.
  • Gestión discrecional de carteras. Directamente se delega la gestión de un cierto patrimonio hacia la gestora, que compra fondos o acciones en nombre del cliente. El pago es explícito.

“La distribución de fondos se ha profesionalizado mucho desde la llegada de Mifid 2 y ya alrededor de la mitad del dinero que hay en fondos ha tenido asesoramiento o forma parte de una cartera gestionada”, explica Ángel Martínez-Aldama, presidente de Inverco.

En el caso de la gestión discrecional de carteras, el importe se ha disparado. El último dato disponible, correspondiente a septiembre de 2020, lo sitúa en 83.000 millones de euros. Con la revalorización bursátil de los últimos meses y la llegada de nuevos flujos de dinero, el importe esta cerca ya de los 100.000 millones de euros.

Bajo este modelo de contratación, el cliente delega en su gestora o en otra entidad autorizada por la CNMV, la gestión de una parte de su dinero, para que compre o venda fondos en su nombre, atendiendo al perfil de riesgo y las necesidades del particular. El cliente paga un porcentaje explícito a los gestores (que suele ser entre un 0,15% y un 0,5% anual, en función del importe). A cambio, la firma se compromete a buscar los mejores fondos y las tipologías que tengan las menores comisiones.

En el modelo anterior, aquellos clientes que querían tener una determinada asignación de activos (por ejemplo, un 20% de Bolsa de Estados Unidos, un 15% de Bolsa europea, un 30% de deuda soberana europea...) lo hacían a través de un fondo de fondos, también llamado fondo perfilado, que incluía otros vehículos especializados en ese tipo de activos.

Con Mifid 2, comercializar este tipo de fondos perfilados ya no era tan atractivo para el sector, por lo que empezó a sustituirse por los contratos de gestión de carteras. La gestora de CaixaBank, líder en España, con 50.000 millones de euros en fondos, fue quien empezó a generalizar este tipo de contratos.

Con todo, los distribuidores pueden seguir vendiendo fondos sin asesoramiento, tanto propios como de terceros, pero ya no pueden cobrar por ello como hacían antes.

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