¿Inventan las máquinas?

Nombrar inventor a un sistema de IA puede parecer una táctica publicitaria; sin embargo, el Derecho tendrá que adaptarse a las necesidades de la industria 4.0

¿Inventan las máquinas?
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En noviembre de 2018, fueron presentadas dos solicitudes de patente en las que no se nombraba inventor a una persona sino a un sistema de inteligencia artificial (IA). El solicitante, Stephen Thaler, las presentó ante varias oficinas de patentes, entre ellas en las Oficinas de Reino Unido, de EE. UU. y Europa, y en todas puso a la máquina como inventor: DABUS (Device for the Autonomous Bootstrapping of Unified Sentience).

Aunque existen diferencias entre las leyes de patentes de distintos países, en todas ellas está implícito que la figura del inventor ha de ser una persona. Se trata de un formalismo durante la tramitación que, al no haber sido tenido en cuenta por el Sr. Thaler, ha originado el rechazo de sus solicitudes.  Merece la pena mencionar que ambas estaban relacionadas con fractales: un envase fácilmente apilable y una alarma luminosa con un patrón de parpadeo que capta mejor la atención.

Tras el rechazo, el solicitante ha seguido defendiendo la autoría de su máquina y ha apelado las decisiones. Tribunales de EE. UU. y Reino Unido ya confirmaron el rechazo. En la Oficina Europea, un tribunal deberá pronunciarse próximamente y sería una sorpresa que el fallo fuera diferente. Legalmente, la cuestión no tiene mucho recorrido: el derecho a una patente corresponde al inventor, aunque este pueda cederlo a una organización u otra persona. Así, una máquina no puede ser titular de derechos (ni obligaciones) y tampoco es propietaria de nada que pueda ceder. Ninguna sorpresa pues en que las máquinas no puedan ser inscritas como inventores en una patente.

Lo anterior da pie a replantearse algunas cuestiones. Por ejemplo, ¿cómo hemos de definir el concepto de inventar? En líneas generales, podemos decir que se trata de generar autónomamente una solución a un problema técnico. ¿Es o será un sistema de IA capaz de esto? En tal caso, ¿quién será el propietario? ¿el usuario? ¿el fabricante? ¿Se podrían utilizar libremente estas creaciones?

Que un solicitante designe a una máquina como inventor puede parecer anecdótico o una táctica publicitaria. Sin embargo, se encuadra en un debate más allá del derecho de patentes y de las intenciones del solicitante.

Informes de la EPO sugieren que la IA no se encuentra en un estado de madurez tal como para entrar en estas consideraciones. Sin duda, existen máquinas con la capacidad de aprender, pero no son autónomas todavía. Se reconoce la importancia de la IA, las redes neuronales (RN) y otras tecnologías emergentes, como el machine learning, como herramientas al servicio del inventor. También los retos que ello implica, por ejemplo, por su dificultad en ser descrita.

La IA se usa en múltiples aplicaciones. En las propias oficinas de patentes ya ayuda a los examinadores a establecer la clasificación inicial de los documentos y en las traducciones. Pronto, las búsquedas de patentes dejarán de emplear solamente texto y se podrán incluir imágenes u otros recursos. La tendencia es que la IA se extienda y desempeñe un papel crucial en los próximos años en diversos sectores, también, como vemos, en el de la gestión y protección de la Propiedad Industrial e Intelectual.

Seguramente, habrá oído el término Industria 4.0. En este nuevo escenario convergerán nuevas tecnologías en diversos campos como las telecomunicaciones, la biología, la física o la robótica. Esta vez, el avance no vendrá de un sector particular, sino de la asociación de unos con otros. Y la IA jugará un papel fundamental, precisamente por su transversalidad, por su capacidad para nutrirse de datos y de interconexión. Atención porque transformará nuestra realidad y la forma de trabajar. Nadie duda de que la tecnología ya ha cambiado la forma de relacionarnos y la irrupción del virus no ha hecho sino acelerar la tendencia. Como siempre, empresas que reconozcan esta oportunidad serán más competitivas. La imaginación ha sido una facultad únicamente humana. Nadie duda que las máquinas nos superaron en capacidad de cálculo y que son infalibles siguiendo la lógica con la que han sido programadas, pero no había lugar para la imaginación en ese esquema. Sin embargo, las redes neuronales cambian este paradigma ya que producen resultados según las asociaciones que se han ido creando internamente (y a las que no tenemos acceso) y que dependen de cómo fueron entrenadas. Esa facultad para la asociación es lo que se parece a nuestra imaginación.

Para los curiosos, DABUS, el pretendido inventor, es un complejo enjambre de redes neuronales que no solamente se nutre de datos sino de perturbaciones entre sus conexiones. Existen diversos conjuntos especializados en reconocimiento visual, auditivo, o áreas temáticas. Trata así de recrear la estructura del cerebro y emular cómo los pensamientos surgen. Las conexiones en DABUS se crean, algunas desaparecen y otras se refuerzan.

Era cuestión de tiempo que se planteara la situación en alguna oficina de patentes y, aunque sea de manera forzada, es un aviso de que normas, regulaciones y conceptos, en definitiva, el Derecho, deberá evolucionar más pronto que tarde para adaptarse a nuevas circunstancias y necesidades. Los próximos años prometen asombrarnos.

Natalio Rodríguez Rubio, consultor técnico en ClarkeModet.

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