La escuela de negocios, catalizador del reto de la sostenibilidad

Profesores de Deusto analizan el impacto de estas instituciones académicas en la consecución de los ODS

La escuela de negocios, catalizador del reto de la sostenibilidad

En las decisiones estratégicas, de gestión y de inversión de las compañías y de sus dirigentes vienen cobrando cada vez más importancia los criterios ASG (ambientales, sociales y de gobierno corporativo), debido en muchos casos al desarrollo normativo, pero también fruto de la presión de los grupos de interés y del propio convencimiento de los cuadros directivos. Y desde 2015 además con una hoja de ruta clara plasmada en la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas, que han hecho más tangible el concepto sostenibilidad.

En esta evolución de los modelos de negocio de las compañías, las instituciones educativas, y en concreto las de educación superior, están llamadas a desempeñar un papel fundamental en el esfuerzo por dotar a los futuros profesionales de los atributos necesarios para responder a los retos de sostenibilidad del siglo XXI en contextos cada vez más complejos y globales. Así lo destacan dos recientes informes elaborados por profesores de Deusto Business School en los que se analiza el impacto de las escuelas de negocios en la consecución de los ODS.

Los informes llevan por títulos Defining Sustainability Core Competencies in Business and Management Studies Based on Multinational Stakeholders’ Perceptions (Definición de las competencias básicas de sostenibilidad en estudios empresariales y de gestión basados en las percepciones de las partes interesadas multinacionales), de los profesores Almudena Eizaguirre, María García-Feijoo y Jon Paul Laka, y Systematic Review of Sustainable-Development-Goal Deployment in Business Schools (Revisión sistemática de la implementación de los ODS en las escuelas de negocios), firmado por María García-Feijoo, Almudena Eizaguirre y Álvaro Rica-Aspiunza.

“No vale cualquier negocio, no vale cualquier manera de hacer, tenemos que enseñar a los estudiantes a tener pensamiento crítico”, remarca Almudena Eizaguirre

Los investigadores parecen estar de acuerdo en que las preocupaciones económicas, sociales y medioambientales ya no pueden tratarse de forma separada e independiente. La sostenibilidad se convierte, y así se constata en los estudios, en un concepto que aparece no solo en la agenda de las instituciones públicas, sino también en las de las organizaciones y empresas, así como en la mente de los ciudadanos. Y las escuelas de negocios y universidades pueden convertirse en catalizadores del cambio y deben desempeñar un papel cada vez más importante para ayudar a los estudiantes a convertirse en ciudadanos responsables y activos, con una visión clara de la importancia y los retos futuros de la sostenibilidad, se subraya.

“Los estudiantes que están en las aulas son los futuros directivos, directivas o mánager de las empresas. No podemos esperar a que sean graduados, lleguen a la empresa y se les hable de los ODS. Estos temas los tenemos que tener perfectamente agendados y tienen que ser parte de la formación de los estudiantes”, destaca Almudena Eizaguirre, directora general de Deusto Business School-Executive Education y catedrática de Marketing en la Universidad de Deusto, que es coautora de los dos estudios.

Por eso las escuelas de negocios a nivel internacional ya están introduciendo estos temas. “No vale cualquier negocio, no vale cualquier manera de hacer, sino que les tenemos que enseñar a los estudiantes y a los directivos y directivas a tener pensamiento crítico y a reflexionar sobre sus actuaciones y sobre sus decisiones, en todos los partícipes sociales, accionistas, clientes, proveedores… y en el impacto que tienes en el planeta y a nivel social”, incide Eizaguirre.

Las formas en las que las escuelas de negocios pueden incorporar a su actividad encaminada a la consecución de los ODS son variadas: desde acciones profundas vinculadas a la sensibilización, cuestionando los paradigmas actuales, fomentando la cooperación, a la búsqueda de la interdisciplinariedad con los stakeholders, pasando por intervenciones más específicas, como la creación de asociaciones de estudiantes, la incorporación de nuevas metodologías de enseñanza o el aumento de la participación de los estudiantes en actividades extracurriculares.

Coherencia

Todo este proceso ha motivado además un replanteamiento de los temarios en las escuelas de negocios así como un esfuerzo de adaptación del profesorado. “No es tanto contar casos que han funcionado, hay que tener cuidado con los modelos, han de ser coherentes con los ODS”, remarca la directora de Deusto Business School. “Se dice que aprendemos mucho más de lo que vemos y de lo que comprobamos que de lo que escuchamos. En el momento en el que hablamos de que toda organización tiene que cumplir los objetivos y que tiene que ser coherente, que tiene que tener unos principios, eso ya te está aplicando a ti para que seas ejemplo de eso mismo y seas coherente”, añade.

Y también se trata de favorecer el contacto de los estudiantes con la realidad, fomentando por un lado el voluntariado o con testimonios de casos concretos (Eizaguirre cita como ejemplo las duras condiciones de los caficultores en el estado mexicano de Chiapas, un caso real que fue estudiado en las aulas). “Son realidades que necesitamos ponerles en contacto a los estudiantes para que no crean que esto pasa solo en el documental de la tele. Y el día que sean directivos o directivas de empresa sean conscientes de ellos y trabajen para contribuir a un mundo mejor”.

“Para mí es muy importante que se den cuenta de que las decisiones que tomarán en las empresas no son inocuas, no da lo mismo de una manera o de otra. O no te fijes solo en el resultado, mirando solo el beneficio económico. Fíjate también en el resultado social y en el resultado medioambiental”, reflexiona Eizaguirre.

Cambio de paradigma

Durante muchos años, el paradigma imperante en la educación de las escuelas de negocios ha sido el neoclásico, basado en una concepción egoísta del ser humano. En el mundo empresarial significa que el objetivo de la empresa es maximizar el valor económico para los accionistas. Este paradigma ha convivido con determinadas externalidades negativas a lo largo de las décadas, como la contaminación ambiental o las crecientes desigualdades en la distribución de la renta entre las personas, que son precisamente parte de los problemas que los ODS pretenden abordar.

Por ello, en los últimos años ha surgido la crítica al modelo dominante. Por un lado, el capital financiero ya no es el factor más relevante dentro de las organizaciones (capital humano, recursos naturales, capital social) y es necesario considerar a todos los grupos de interés que se ven afectados por la organización. Además, y en contra de la concepción egoísta del ser humano, nuevas voces abogan por una concepción más humanista del individuo, entendiendo que el ser humano es social, moral, libre y digno.

La formación en las escuelas de negocios es especialmente relevante, ya que dependiendo de los paradigmas, teorías, modelos, competencias y valores que promuevan y enseñen, los egresados universitarios construirán un tipo de organización u otra, que generará un tipo u otro de impacto en la sociedad.

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