Abengoa: crónica de una muerte (no) anunciada

La gran dependencia de los bancos es el punto en común de las ingenierías españolas que han fracasado

Hasta hace no mucho, cuando queríamos vender la marca España, siempre hacíamos alardes de nuestras grandes empresas de ingeniería. Empresas como Abengoa, Isolux, Duro Felguera, TSK, Sener, Elecnor, Cobra, etc.

Estas compañías multinacionales españolas hicieron las maletas antes que muchas otras, que no se vieron obligadas a buscarse las habichuelas fuera de España hasta la crisis del 2008.
Lamentablemente muchas de estas ingenierías están atravesando muy malos momentos o incluso prácticamente han desaparecido. Otras están en la UCI, esperando a la SEPI o la entrada desesperada de un caballero blanco que las salve. Abengoa repite y ha vuelto a instar el concurso de acreedores.

¿Qué ha pasado para que muchas de estas empresas hayan pasado de ser casos de estudio en las escuelas de negocios a estar quebradas, escindidas, desaparecidas?

Todo comenzó con Abengoa. Una multinacional española, con sede en Sevilla. Abengoa llegó a facturar 7.000 millones de euros en 2012, tener 30.000 trabajadores repartidos por todo el mundo y a valer 4.000 millones de euros en Bolsa. Hoy prácticamente no vale nada, ha pasado por una situación concursal y numerosas refinanciaciones. A Abengoa le siguió Isolux. También pasó por el concurso y acabo liquidándose. Y otras están intentando sobrevivir.

Curiosamente, todos estos casos tienen una serie de denominadores comunes.
El primero es que en el fracaso de estas empresas se han podido observar problemas de gobierno corporativo. Muchas no supieron gestionar el rápido crecimiento y sus sistemas de gestión no avanzaron al mismo ritmo. En el caso de Abengoa, todas las decisiones pasaban por su presidente, Felipe Benjumea, creando verdaderos cuellos de botella.

El segundo factor importante fue la intensificación de la competencia, que provocó que la rentabilidad de los proyectos fuera cada vez más ajustada. Destaca, sobre todo, la competencia de empresas chinas, cuyos costes en los proyectos son difícilmente igualables, además de ofrecer la financiación a los promotores de los proyectos.

Pero, si hay una característica común en todas las empresas de ingeniería que han fracasado y que destaca sobre las demás, es la gran dependencia de los bancos. Para poder acometer los grandes proyectos, las empresas de ingeniería necesitan liquidez por parte de los prestamistas, tanto la financiación del proyecto, como poder pagar a sus proveedores mediante confirming y, no menos importante, contar con líneas de avales, claves para poder optar a los grandes proyectos internacionales.

Abengoa llegó a tener relación con hasta 200 bancos en todo el mundo, y por la cantidad de deuda que tenía (igual que pasaba con Lehman Brothers) parecía too big to fall. Lo parecía, no solo por los 9.000 millones de euros de deuda que llegó a acumular, sino también porque los bancos se hartaban a ganar dinero con la empresa sevillana.

Pero así ocurrió: los grandes bancos españoles comenzaron a cortar el grifo a Abengoa y a partir de ahí empezaron los problemas. Las entidades fueron poco a poco dejándola sin oxígeno. Y lo que es peor, todas las empresas del sector se vieron perjudicadas, ya que los bancos empezaron desde ese momento a ver con otros ojos a las ingenierías. Y para rematar, la concentración bancaria ha llevado a que el acceso a los productos financieros que necesitan estas empresas sea cada vez más difícil.

Después de una serie de refinanciaciones y con intentos desperados para mantener Abengoa a flote, no ha podido ser y vuelve a la casilla de salida: nuevo concurso de acreedores. La deuda asciende a unos 6.000 millones de euros.

Y así es como un sector que abanderaba la empresa española a nivel internacional ha llevado a muchas compañías a vivir verdaderos dramas, a tener que reinventarse y, lo que es peor, a la destrucción de miles de puestos de trabajo.

Ricardo Zion es profesor de EAE Business School