El empate entre PSC y ERC en las elecciones catalanas da paso al baile de negociación del nuevo Govern

Illa gana las elecciones pero tiene difícil cerrar un Ejecutivo de izquierdas dado que los partidos secesionistas suman más apoyos

Vox da la sorpresa, da el sorpasso al PP y se convierta en cuarta fuerza

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Hubo efecto Illa pero podría ser insuficiente para dar un vuelco al Govern en la Generalitat. Las elecciones autonómicas del 14F dejaron al exministro socialista Salvador Illa como ganador en votos pero con escaños insuficientes como alternativa al independentismo. Pere Aragonès, segundo en votos e igualado en escaños, gana opciones para convertirse en el primer president de ERC surgido de unos comicios desde Francesc Macià en 1932, en la época de la II República. Entre las grandes noticias de la noche electoral también destaca la debacle de Ciudadanos y la fuerte entrada de Vox en el Parlament, ya que da el sorpasso al PP y se convierte en cuarta fuerza política.

La apuesta del PSC y del presidente del Gobierno Pedro Sánchez por Salvador Illa como candidato socialista ha dado un vuelco al panorama político en Cataluña. Los socialistas vuelven a tener la relevancia perdida en los últimos años en el Parlament, sobre todo en 2017 cuando Ciudadanos logró ganar las elecciones y convertirse en el partido de referencia entre los no independentistas.

Con el escrutinio al 99,79%, el efecto Illa consigue situar al PSC como primera fuerza política en votos, ya que el exministro consigue hacerse con el 23% de las papeletas, que le otorgan 33 escaños, frente a los 17 de hace cuatro años. Los votantes catalanes avalan al político socialista, tremendamente conocido por todos los españoles tras un año al frente de la lucha contra la pandemia al frente del Ministerio de Sanidad, que abandonó el mes pasado para sustituir a Miquel Iceta como candidato.

“Anuncio que me presentaré a la investidura. El cambio ha llegado a Cataluña para quedarse”, aseveró Illa al final de la noche, aseverando que es el primer paso de un “cambio imparable” que, admitió, “llevará tiempo”. De hecho, Illa tendrá muy difícil conseguir convertirse en el tercer president socialista de la historia –tras Pasqual Maragall y José Montilla– por el veto de los partidos independentistas a un pacto con el PSC, lo que le cierra de momento reeditar un tripartito de izquierdas en el que se sume a ERC y En Comú-Podem. El hundimiento absoluto de Cs tampoco le abre la posibilidad de un alternativa consitucionalista al frente del Govern.

Aragonès podrá liderar el Ejecutivo catalán si logra el apoyo de Junts y de los antisistema de la CUP. El actual president en funciones tras la inhabilitación de Quim Torra, ha mejorado los resultados de ERC de 2017 (32 escaños), quedándose en 33 representantes. En votos, la formación republicana prácticamente iguala la proporción del 21,3% de 2017.

Es la primera vez que Aragonès se presentaba a las elecciones de la Generalitat –como el resto de candidatos de las otras fuerzas políticas–, ante el encarcelamiento e inhabilitación de Oriol Junqueras, líder de ERC. El candidato republicano podrá elegir los apoyos que le conviertan en president. Necesitará al menos 68 escaños de los 135 del Parlament. En principio, la suma con Junts y CUP podría llevarle al palacio de la plaza de Sant Jaume. También se abre una vía de un gobierno en minoría con apoyos de CUP y En Comú-Podem con el beneplácito de Junts. o incluso que el PSC le permita gobernar a cambio de la reciprocidad en el Congreso de los Diputados. Al final de la noche, Junqueras anticipó que ERC será quien presida la Generalitat, mientras que Aragonès dejó claro que el Govern que aspira a conformar tendrá como objetivo fijar una hoja de ruta secesionista, si bien mostró su predisposición a pactarlo con fuerzas progresistas.

La candidatura encabezada por el fugado Carles Puigdemont deja de ser hegemónica en el independentismo. Laura Borràs, número dos de Junts por Barcelona, tendrá muy difícil convertise en molt honorable president tras ser superada por ERC. La formación de centro-derecha logra 32 asientos en el Parlament (34 en 2017). En votos se queda en un 20,06% (21,7% hace cuatro años), lastrada por la candidatura del PDeCAT, heredero de Convergencia, por separado.

Parlamento fragmentado

El Parlament que surge tras el 14F será el más fragmentado de la historia, con ocho formaciones políticas. PDeCAT, que concurría por separado de Junts, no consigue entrar en la cámara. Sí lo logra con fuerza la ultraderecha de Vox aupado por la movilización de su electorado y la altísima abstención.

La llegada del partido de Santiago Abascal al Parlament de Cataluña, de la mano del candidato Ignacio Garriga, después de haberse quedado a las puertas hace cuatro años, supone una doble victoria para Vox en cuanto a que logra además un inédito sorpaso al Partido Popular.

Pese al solvente papel del popular Alejandro Fernández en los debates, los populares caen de cuatro a tres escaños (no tendrá ni grupo propio), lo que permite a Vox superarles, al alcanzar 11 asientos. El resultado promete hacer temblar el suelo bajo los pies al presidente del PP, Pablo Casado, que en los últimos meses ha apostado por una estrategia de ruptura con el partido de Abascal, como le habían pedido sus barones regionales. La derrota en Cataluña, sin embargo, podría poner en duda su liderazgo en una fuerza que aspira a reabsorber la escisión a su derecha que supuso Vox.

El otro grupo de disidentes de su formación electoral fracasó. Se trata del PDeCAT, que apostó por Àngels Chacón como candidata propia para concurrir a las elecciones por separado de Junts y se queda fuera del Parlament, con el 2,7% de las papeletas.

En el apartado de las derrotas resulta paradigmático el caso de Ciudadanos, que pasa de primera a séptima fuerza política de Cataluña tras haber vencido las elecciones de 2017 con uno de cada cuatro votos (más de 1,1 millones) y 36 escaños. La formación, representada por Carlos Carrizosa, cae hasta los seis escaños. Un batacazo para un grupo de origen catalán que pone en duda su capacidad por disputar al PP el centroderecha en el panorama nacional pese a los esfuerzos de Inés Arrimadas por ofrecer una alternativa abierta a pactos específicos con el centroizquierda.

A su vez, la CUP, con Dolors Sabater como cabeza de lista, duplica sus resultados de 2017 y pasa de cuatro a nueve asientos, lo que refuerza su papel de posible argamasa de una alianza entre formaciones independentistas. Finalmente, el referente catalán de Unidas Podemos, En Comú-Podem, con Jéssica Albiach de candidata, iguala el resultado anterior, con ocho escaños, y anunció que buscarán un tripartito de izquierdas encabezado por Illa.

Dos grandes bloques

Los comicios de este domingo, los décimos desde el inicio del procés independentista, han sido una nueva prueba para el bloque independentista. Al cierre de esta edición, ERC, Junts, PDeCAT y la CUP suman 74 escaños y el 50,9% del votos sumando al PDeCAT, frente a los 61 parlamentarios del resto del fuerzas del Parlament.

Otra lectura de las elecciones sería que el bloque de izquierdas (PSC, ERC y En Comú-Podem) suman mayoría, si bien Esquerra y Junts acordaron públicamente durante la campaña que no pactarían con Illa.

Comicios clave

Si las anteriores elecciones, de diciembre de 2017, resultaron excepcionales por haberse convocado tras la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española en respuesta a la declaración unilateral de independencia proclamada tras la consulta secesionista ilegal del 1 de octubre de aquel año, estos comicios se han visto marcados con fuerza por la pandemia del Covid-19. El miedo al contagio causó un desplome de la participación, que pasa del 79% de hace cuatro años a apenas el 53,5%, tras una tercera ola del virus que a punto estuvo de provocar un retraso de la cita electoral, solo mantenida por decisión judicial. La jornada, sin apenas incidentes, se celebró entre fuertes medidas de prevención, trajes de protección para los miembros de las mesas y un 277% más de votos solicitados por correo.

Afrontar los efectos de la pandemia será precisamente el reto mollar del Govern que acabe por conformarse en las próximas semanas, dado que Cataluña ha sido una de las regiones económicamente más golpeadas por la crisis del Covid-19, si bien la resaca del procés secesionista –que causó la fuga de miles de empresas– ya había llevado a la región a perder la consideración de principal motor de la actividad nacional, puesto que pasó a ocupar Madrid desde 2019.

Más allá, la conformación de un nuevo Ejecutivo regional será clave para marcar la gobernabilidad nacional del país, dado que el Gobierno de coalición formado por PSOE y Unidas Podemos, en minoría parlamentaria, ha necesitado a ERC desde la votación de investidura. Así, las negociaciones que se abran este lunes serán observadas con tanta atención desde las regiones catalanas como desde Madrid.

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