El Guggenheim exhibe la pintura del primer despegue económico de Bilbao

El museo rinde homenaje a los artistas que reflejaron el despertar de la urbe a finales del siglo XIX y comienzos del XX

‘Las Walquirias’ (1894), de Manuel Losada.
‘Las Walquirias’ (1894), de Manuel Losada.

El Museo Guggenheim Bilbao rinde homenaje a un grupo de artistas que trabajaron en Bilbao a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Habían viajado a París y se habían empapado de la modernidad del impresionismo francés y las vanguardias.

Es el eje central de la exposición Bilbao y la pintura, que cuenta con el patrocinio de Iberdrola y que reúne una selección de pinturas que reflejan el despertar económico de una de las urbes más prósperas de España de la época, gracias a su industria naval y siderúrgica y a su actividad comercial, bancaria y cultural. Fueron años de bonanza, de un sentir que se fracturó con la Guerra Civil de 1936.

La muestra, comisariada por Kosme de Barañano y que se podrá ver hasta el 29 de agosto, representa y conceptualiza momentos muy diversos de la historia de esta ciudad, a través de grandes murales pictóricos que reflejan, entre otras escenas, los barcos comerciales en la ría y las terrazas dedicadas al ocio, la vida de los burgueses y los aldeanos, los remeros, la lucha y la muerte en el mar, los héroes del deporte, las faenas cotidianas en un puerto pesquero o las romerías en una anteiglesia vizcaína.

La visita comienza con una serie de reproducciones fotográficas a gran escala, en un espacio en el que se destaca la figura del escultor bilbaíno Paco Durrio, albacea de Paul Gauguin, y autor de una de las esculturas más relevantes del arte público en el siglo XX: Monumento a Juan Crisóstomo de Arriaga, ubicada frente al Museo de Bellas Artes de Bilbao. Por distintas salas se reparten obras de Adolfo Guiard, Ignacio Zuloaga, Anselmo Guinea, Manuel Losada y José Arrúe, que despliegan las diversas panorámicas que componen el nuevo paisaje económico, social y urbano de la ciudad de la época.

'Equipo del Athletic Club' (1915), de José Arrue.
'Equipo del Athletic Club' (1915), de José Arrue.

En La ría en Axpe y En la terraza, realizadas por Adolfo Guiard en 1886, se observan buques fondeados en la ría y del mar desde la terraza de un balneario abierto al puerto exterior, mientras que Amanecer, de Ignacio Zuloaga, Las Walkirias, de Manuel Losada y La fuente de la salud, de Anselmo Guinea, retratan la burguesía ilustrada a través de varios miembros del Kurding Club, una sociedad creada en 1894, llamada oficialmente El escritorio.

Los personajes retratados en estas obras son jóvenes empresarios bilbaínos aficionados a la música, que encargan a estos pintores, -antiguos compañeros de instituto- recién regresados de París, una serie de murales para decorar las paredes del club. Estos jóvenes juegan un papel fundamental en la creación de instituciones musicales de Bilbao aún vivas hoy, como la Sociedad Filarmónica, la Academia de Música Vizcaína (precursora del Conservatorio), o la Orquesta Sinfónica, y también en el nuevo tejido industrial y bancario. Los murales del Kurding Club capturan con una pintura ágil y moderna el ambiente de ocio de Bilbao en escenas cotidianas, como las que tienen lugar en la iglesia de San Nicolás y el Arenal al amanecer, o la escena rural con aldeanos y bertsolaris -juglares en euskera- en un entorno de montaña, de Zubiaurre.

'La siega' (1892), de Adolfo Guiard.
'La siega' (1892), de Adolfo Guiard.

También el mar y la montaña son elementos recurrentes, que los artistas invocan con el afán de capturar su color y de reflejar su importancia para el comercio y la cultura. Ejemplos son: El marino vasco Shanti Andía, el Temerario, de Ramón Zubiaurre, o el tríptico Lírica y religión, de Gustavo de Maeztu.

El mundo rural también están reflejados en pinturas que reflejan escenas que van desde el aldeano que recoge la cosecha en La siega, de Adolfo Guiard, o en las obras de Francisco Iturrino, como Los garrochistas o Escena campera, o Fiesta en el campo, dos ejemplos contrapuestos del postimpresionismo y de la pintura fauve aprendidos en París e introducidos en España

En la última sala se concentran las piezas dedicadas al folklore, en la que los artistas documentan, entre otros aspectos, la simbología del baile: desde la pintura costumbrista de Manuel Losada con Don Terencio y Chango, El txistulari, hasta el mundo del baile en las anteiglesias de En la romería, de Aurelio Arteta, pasando por la recolecta otoñal de manzanas y la sagardantza (danza de las manzanas) en la obra de Jesús Olasagasti. También pueden verse diferentes aspectos de las romerías en las obras de José Arrue, una en un barrio de la villa de Bermeo, con el mar en el horizonte, y otra en Arracundiaga con las peñas al fondo.

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