El año de los retos

Pensar a largo plazo y buscar activos rentables con mayor horizonte temporal es la mejor respuesta a la incertidumbre

Después de un año tan difícil como el pasado, 2021 se presenta como un ejercicio lleno de retos y barreras a superar. Todos afrontamos este año con la esperanza de que, al menos en lo personal, será un año mejor que el terrible 2020. En el caso de la economía real, desde nuestro punto de vista de gestores, el desafío es demostrar que todo lo que han venido descontando los mercados a lo largo de los últimos meses era verdad.

Por ponernos en situación, los movimientos de los activos de riesgo en los últimos meses nos muestran un mundo en el que la vacuna del Covid-19 supera la enfermedad y nos permite volver a una cierta normalidad, en el que la demanda se ve estimulada con la recuperación de la movilidad y por los fuertes impulsos fiscales y en el que la presión de un volumen de deuda cada vez mayor se ve aliviado por el bajo servicio de la misma, cortesía de unos generosos bancos centrales.

No es imposible pensar en un escenario así. Mimbres para ello hay. Si se consiguen alcanzar tasas de vacunación suficientemente importantes, poco a poco se irá superando el virus. Si esto es así, los ingresos de las empresas se beneficiarán del incremento del consumo (vía disposición del ahorro acumulado durante los meses de incertidumbre y los efectos positivos de la expansión fiscal). Si a esto unimos los recortes de costes ya practicados y unos menores gastos financieros, tenemos el combinado adecuado para una expansión de los beneficios empresariales.

Esto es lo que no está contando el mercado hoy. Una confianza casi ilimitada en la vacuna, en los todopoderosos balances de los bancos centrales, y en la capacidad fiscal de estimular el crecimiento en el mundo desarrollado.

Ahora bien, como inversores también tenemos que preguntarnos qué puede salir mal. El retraso en la aplicación de las vacunas parece un riesgo evidente, como lo es que la pandemia está empeorando a marchas forzadas antes de mejorar. Los bancos centrales parecen tener munición ilimitada, pero no olvidemos la ley de rendimientos decrecientes que suele acompañar a los programas de expansión cuantitativa, en los que el último euro gastado no tiene el mismo efecto que el primero.

Los programas para estimular la economía son, sin lugar a duda, más necesarios que nunca. La economía real necesita una reconstrucción y eso es algo que no se consigue solo comprando bonos, sino también inyectando directamente dinero que permita la recuperación de la demanda. Sin embargo, también hay trabas en la hoja de ruta en este sentido, especialmente desde el lado de unos políticos más preocupados por defender sus filias y fobias que por apostar decididamente por una recuperación sostenida y lógica de la economía.

Cuando uno confronta lo que espera (gran parte reflejado en el mercado) con lo que puede salir mal (muy poco o nada reflejado en el mercado) lo normal es que sintamos algo de vértigo. El contrargumento es que el mercado está muy sostenido por los bancos centrales y eso es cierto (para muestra la mini crisis política en Italia, donde su bono soberano apenas se ha inmutado), como tampoco es menos cierto que esa intervención de los bancos centrales sigue creando burbujas que siguen manteniéndose en segundo plano (hasta que, algún día, una explote).

Ante este panorama, complicado como siempre, existen vías que nos permitirán dormir un poco más tranquilos. La primera es mirar lejos. El mantra de siempre, pero no por ello menos cierto. Por mucho que nos empeñemos no hay forma humana de responder con certeza a todas las incógnitas que hemos planteado en estas líneas, lo que si podemos hacer es pensar más allá de estos meses llenos de incertidumbre. A la hora de planificar nuestras inversiones, el largo plazo nos quita ansiedad, nos permite pensar con tranquilidad y, especialmente, nos facilita seleccionar los activos con mayores expectativas de rentabilidad. Esto enlaza directamente con la segunda vía, que es la selección de activos que nos permitan ganar dinero en el largo plazo.

En esta explosión de la tecnología que hemos vivido en 2020, estamos volviendo a ver cosas del pasado. Cuando compramos una empresa, pagamos por lo que esa empresa es hoy, pero sobre todo por lo que será en el futuro. En estos días, volvemos a vivir un sorprendente auge de compañías que no ganan dinero pero no paran de subir en Bolsa. Algunas de ellas nos sorprenderán con grandes beneficios en el futuro, pero otras se quedarán en el duro camino de la competencia y la innovación. En nuestra opinión, es más sencillo identificar la calidad en compañías con un negocio más consolidado, con barreras de entrada establecidas y que cotizan a múltiplos relativamente razonables.

La inversión no es una actividad sencilla, pero ayuda mucho tener los pies en el suelo y unas expectativas de rentabilidad razonables. Simplemente con esto y con un horizonte temporal amplio nuestros ahorros pueden llegar muy lejos. Mucho más, desde luego, que buscando la nueva estrella emergente del mercado.

David Ardura es director de inversiones de Gesconsult