Las tecnológicas y las automotrices son extrañas compañeras de viaje

El riesgo de alianzas como la que prepara Hyundai con Apple es que termine a su merced, como Foxconn

Hyundai Kona Electric, en el salón del motor de Bangkok (Tailandia), en julio de 2020.
Hyundai Kona Electric, en el salón del motor de Bangkok (Tailandia), en julio de 2020. REUTERS

Compartir coche vuelve a estar de moda, al menos para las empresas. Las acciones de la surcoreana Hyundai Motor se dispararon este lunes por la noticia de sus negociaciones con Apple de cara al vehículo eléctrico autónomo. Escasean los detalles, pero la venta de software y sus altos márgenes parece irresistible para los fabricantes de automóviles.

Hyundai confirmó el viernes que estaba en conversaciones preliminares con el fabricante del iPhone, dirigido por Tim Cook. Los medios locales informaron de que el dúo planea lanzar vehículos eléctricos autoconducidos para 2027. Hyundai dice que está “recibiendo solicitudes de cooperación” de varias empresas. Aun así, los inversores agregaron unos 12.000 millones de euros en valor a la empresa liderada por Euisun Chung, que este lunes tenía una capitalización de mercado de 49.000 millones.

Vender software de Apple, por ejemplo, resultaría lucrativo para Hyundai y su filial Kia. La alemana Daimler anunció recientemente una pantalla táctil de 56 pulgadas –apodada “hiperpantalla”– para reemplazar el cuadro de mandos en algunas monturas de lujo. Además de dar a los conductores un aspecto nuevo y elegante, proporciona al fabricante de Mercedes-Benz un portal para vender servicios de suscripción y descargas. El software para cosas como la conducción asistida podría con el tiempo generar márgenes operativos tan altos como el 80%, dicen algunos analistas, en comparación con el margen del negocio principal del grupo Hyundai, vender vehículos, del 3,4% en 2019.

Los fabricantes de automóviles también pueden aprovechar el impulso de la alta tecnología. La transición de los coches que consumen mucha gasolina a los que funcionan con baterías no está siendo nada fácil. La escasez mundial de chips, por ejemplo, ha obligado este mes a empresas como Ford y Toyota a reducir la producción de vehículos.

Más allá de los problemas de la cadena de suministro, las compañías de automóviles tradicionales deben mantenerse al día de una asombrosa cantidad de conocimientos tecnológicos: Volkswagen calcula que el promedio de líneas de código por vehículo se triplicará hasta 300 millones a medio plazo, y la conducción totalmente autónoma podría requerir hasta 1.000 millones de líneas.

Hay otras alianzas en preparación. El operador chino de motores de búsqueda Baidu anunció el lunes una asociación con la marca local de automóviles Geely. El riesgo para los fabricantes de coches es que terminen como fabricantes de bajo valor a merced de Apple y otros gigantes de Silicon Valley, de forma similar a la taiwanesa Foxconn, ensambladora de iPhones.

Para evitar ese destino, Volkswagen va a gastar 27.000 millones de euros en los próximos cinco años para desarrollar sus propios sistemas de tecnología. Unir fuerzas puede ser un atajo atractivo para Chung y sus colegas, pero podría resultar peligroso en el futuro.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías