Nel González: “Los valores no cambian de un año para otro”

Si no hay grandes transformaciones a nivel del conjunto de la sociedad es porque tampoco se han producido demasiadas a nivel individual

El virus no basta para cambiar algunos hábitos. Personas se congregan para hacer compras y disfrutar de las luces navideñas en la calle de Preciados, en Madrid.
El virus no basta para cambiar algunos hábitos. Personas se congregan para hacer compras y disfrutar de las luces navideñas en la calle de Preciados, en Madrid. EFE

En medio de la soledad de los confinamientos y la reducida actividad derivada de la impuesta distancia social, se han producido algunos cambios a nivel individual, pero tampoco tienen visos de servir como gran lección. Nel González, presidente de la Confederación de Salud Mental de España, recuerda que los valores no cambian de un año para otro.

“El que cambie la escala de valores es más bien un deseo que una realidad. Por ahora han cambiado muchas cosas, la forma de trabajar, la contradicción de no ver a los compañeros, y después también están cambiando otras cuestiones, pero, como siempre, hay esa resistencia natural al cambio y pienso que no es tan idílico como se presenta, la gente no cambia tanto de un año para otro. Entre otras cosas, porque no existe la memoria generacional. Experimentamos las cosas por nosotros mismos y así es como aprendemos. Al no existir esa memoria generacional no va a cambiar gran cosa”, argumenta.

Todos a nivel mundial nos hemos visto sorprendidos e inmersos en una situación llena de problemas e incertidumbre. González es testigo de cómo han aumentado los problemas mentales, los grandes olvidados de la era Covid. Por un lado, aquellos que ya tenían patologías mentales han quedado abandonados en el 93% de los países, según la Organización Mundial de la Salud (OMS); por otro lado, han aparecido nuevas patologías en personas hasta ahora sanas.

“Hemos notado que lo que más ha aumentado, aparte de los trastornos del sueño y aquellos relacionados con la ansiedad, son los que tienen que ver con la alimentación y también las tentativas de suicidio. Hay que tener en cuenta que los cuadros depresivos no han podido ser atendidos en plena emergencia. Hay casos de gente que se les ha despertado fobias. Ir a hacer la compra, salir a la calle, entre el miedo y la incertidumbre se les despierta una especie de fobia social”, enumera el experto.

Unos han respondido desarrollando una especie de fobia social mientras que otros actúan como si no existiera el virus bajo diferentes excusas. “Pensar que en algún momento tendremos que empezar a vivir de nuevo es una forma de negar la evidencia en el marco de esa necesidad de autoafirmación que tenemos las personas”. González cuenta que la negación de la realidad es un mecanismo natural, pero que en algunas personas se manifiesta de forma más exagerada.

“El problema de base es que la gente no está debidamente atendida y, curiosamente, la gente no está debidamente informada. No es que no se esté haciendo un esfuerzo por informar, sino que estamos inmersos en un maremágnum de informaciones contradictorias que despistan al público”. Según González, es muy recomendable mantener una “higiene mental” y evitar caer en seguir compulsivamente todas las informaciones relacionadas con el virus porque se puede generar ansiedad. “Los plazos son los plazos y el virus no va a pasar antes porque se tenga más miedo”.

González es pesimista en cuanto a la capacidad de aprender que tenemos individualmente. El problema de base: la educación. “La educación que nos dan, la educación emocional. Siempre estamos soñando con tener, con hacer, según los estereotipos que nos dan. Eso que nos dice cómo deberíamos ser. Nunca nos dicen como son las cosas en realidad y tenemos que aprenderlo por nosotros mismos”. Debido a ese déficit de educación emocional, González piensa que por mucho que ahora las personas valoren los abrazos, las sonrisas o el tomar la cerveza en el bar, cuando volvamos a la rutina no tardaremos en volver a hacer lo mismo sin darle el verdadero valor que tiene.

En opinión del experto en psicología, la sociedad cayó hace tiempo víctima de la “industria de la mentira”. “El mundo en el que vivimos, y yo no me excluyo, es el mundo del éxito. En nuestra cultura el éxito parece que todo lo justifica. El mundo del lujo, de lo utópico, de la belleza, no es el mundo real. Existe pero no es la normalidad. Lo normal es que la gente cumpla años, que tenga problemas en el trabajo, problemas con su pareja, que tenga problemas de salud, que tenga una ilusión no alcanzada que genere frustración y todo lo contrario es engañar a la gente. Hay una gran industria alrededor del engaño del éxito”, advierte. 

Normas
Entra en El País para participar