La valentía quijotesca de Sabadell no tiene por qué tener final trágico

Una fusión sigue siendo solo cuestión de tiempo: los inversores piensan que todavía es posible

Jaume Guardiola, consejero delegado de Sabadell.
Jaume Guardiola, consejero delegado de Sabadell. efe

En la gran epopeya de Miguel de Cervantes, Don Quijote recorre España en la ilusa creencia de que solo él lucha por la justicia universal. El atribulado Banco Sabadell ha llevado su trágico heroísmo un paso más allá al interrumpir las negociaciones de adquisición con su rival de mayor tamaño, BBVA, insistiendo en que él también puede ir solo en una noble búsqueda por aumentar el valor de los accionistas. El jefe, Jaume Guardiola, debe de esperar que un rebote por las vacunas lleve a un final más feliz que el del lastimoso caballero andante.

Menos de dos semanas después de que Sabadell y BBVA anunciaran que estaban en negociaciones para crear el segundo mayor prestamista nacional de España, con activos combinados que superan los 600.000 millones de euros, la pareja rompió las negociaciones.

El jefe de BBVA, Carlos Torres, saldrá escocido de la justa. Tras haber acordado la venta del brazo estadounidense de la entidad crediticia por casi 10.000 millones de euros, una rápida adquisición de Sabadell le habría permitido destinar parte de los ingresos a casi duplicar la cuota de mercado local de BBVA hasta el 20% y aumentar su proporción de préstamos a pequeñas y medianas empresas.
Sin embargo, Sabadell es el que se lleva la peor parte. Según los medios españoles, la oferta de BBVA lo valoró en unos 2.500 millones de euros, es decir, unos 45 céntimos por acción. Eso es un tercio más que el precio de cierre de Sabadell el 13 de noviembre, antes de que la venta de BBVA en Estados Unidos alimentara los rumores de una absorción.

Puede que Guardiola haya exigido que sus accionistas recibieran una mayor parte de los beneficios potenciales de la operación, que podría producir un ahorro de costes con un valor actual neto de unos 6.000 millones de euros, según nuestros cálculos. Sin embargo, el futuro independiente del banco no es nada atractivo: se espera que el próximo año obtenga una rentabilidad de los fondos propios tangibles de solo el 1%, según las previsiones de Refinitiv. Una posible venta de la filial británica TSB, que es deficitaria, tampoco parece que vaya a transformar sus perspectivas.

Una recuperación impulsada por las vacunas el año que viene, cuando el Fondo Monetario Internacional predice que la economía española se expandirá en un 7,1%, podría aún reivindicar la terquedad de Guardiola, al reducir la magnitud de los cargos por deudas incobrables.

Incluso después de la caída del 13% del viernes, las acciones de Sabadell están cotizando por encima del nivel que tenían cuando apareció BBVA, lo que implica que los inversores piensan que todavía es posible llegar a un acuerdo. Dada la riqueza que ofrece una fusión, la valentía quijotesca de Guardiola no tiene por qué tener un final trágico.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías