La ‘beta’ de España; por qué crece más en bonanza y cae más en crisis

Ese factor financiero demuestra que la sensibilidad española a las condiciones de mercado es superior, tanto para bien como para mal

La ‘beta’ de España; por qué crece más en bonanza y cae más en crisis

En el tardofranquismo, en plena etapa de desarrollo de la economía española, se acuñó un eslogan de indudable éxito, popularidad y pervivencia en el tiempo, que venía a definir una característica intrínseca de nuestro país: Spain is different. Se pretendían resaltar aquellas peculiaridades que nos convertían en un territorio único y diferencial, fundamentalmente con el ánimo de fomentar uno de los motores económicos de nuestro crecimiento, el turismo.

Desde entonces, no han sido pocas las ocasiones en las que dicha frase se aplica con mayor o menor fortuna. El lema ha calado hondo tanto dentro como fuera de nuestras fronteras y define numerosas situaciones en las que comprobamos que, aunque seamos ciudadanos del mundo y más concretamente europeos, aquí las cosas funcionan de otra manera. No se trata solo de costumbres, gustos, preferencias o manera de hacer política, por poner unos someros ejemplos. Somos diferentes incluso en cuestión de comportamiento económico.

Antes de la abrupta aparición del virus chino, España crecía por encima de la zona euro (1,3% del PIB) y de la media de la Unión Europea (1,5%). Además, éramos el país que más tiraba del carro entre las mayores economías europeas. La llegada del caos provocado por el pangolín asiático nos deja la siguiente pregunta: ¿por qué en épocas de bonanza España supera levemente los tipos medios de crecimiento y cuando el vecino cae (Europa, el mundo…) España se pega el batacazo universal? La proporción no es la misma.

Nuestra nación es capaz de representar el papel del más listo de la clase y, a continuación, ser el más torpe y atrasado. Para comprender esto, solo hay que acudir al análisis de nuestra beta. Los menos avezados en estos lares deben saber que la Beta es un factor financiero que mide la volatilidad de un activo respecto de su entorno. Si un activo es una unidad susceptible de generar rentas, los países podrían identificarse como activos al ser entes generadores de riqueza. Un indicador que mide ese nivel es el Producto Interior Bruto, de ahí que la Beta país sirva para medir cómo y cuánto afectan a nuestro PIB los resfriados o constipados que padece nuestro entorno.

De esta forma, la Beta alcanza la unidad si no existen grandes diferencias entre nuestro catarro y el del vecino. Sin embargo, la Beta supera la unidad cuando me ingresan en el hospital ante un simple enfriamiento del que está enfrente. Pero también supera la unidad cuando gozo de la mejor salud entre todos los sanos, es decir, para lo bueno o para lo malo, yo siempre por delante. Por último, la Beta sería menor a uno cuando estoy vacunado y soy inmune a toda dolencia de cualquier hijo de vecino. De este rápido análisis concluimos que la Beta de España supera con creces la unidad: si el entorno se resfría, España acaba en el tanatorio; pero si el entorno progresa adecuadamente, España crece más por término medio. Milagro. Bueno… milagro no. El milagro tiene nombre y se llama la industria turística más potente, genuina y singular del mundo. Pero lo anterior demuestra que los efectos del sector turístico no son del todo deseados. Hasta con los milagros falta consenso. Por otra parte, no es solo el turismo la única variable a tener en cuenta. Varias reflexiones para considerar:

1. El turismo es uno de los grandes culpables de que crezcamos más que la media europea en épocas de bonanza. Nuestro mayor aprovechamiento de la buena marcha de las economías vecinas eleva nuestras exportaciones de servicios que, junto a sus efectos multiplicadores, nos hacen liderar el ranking de países en crecimiento.

2. A sensu contrario, el turismo no puede ser el único factor que cause la dramática caída que padecemos en épocas de shock. La torta es estrepitosa. Debe existir alguna causa más.

3. Nuestro disparatado nivel de endeudamiento, la menor diversificación industrial y la falta de productividad es un mix que si lo agitas empuja a la economía hacia abajo de forma exponencial. Otros factores a tener en cuenta para justificar impactos negativos en nuestra estructura económica están íntimamente relacionados con la dimensión del sector público, el déficit de emprendedores, el nivel de presión fiscal o la escasez de inversión en I+d+i, por citar solo algunas de las variables endémicas de nuestra querida tierra.

4. La unión hace la fuerza. En estos momentos, la desunión, el disentimiento y la crispación devora todo optimismo y dinamismo que requieren las épocas de recesión para volver a coger la senda del emprendimiento y la prosperidad. En España lideramos todos los rankings de irritación y falta de entendimiento. Hasta Europa nos avisa.

Desde luego que no es fácil enumerar de forma irrefutable e incontestable los factores causantes del comportamiento errático de nuestra economía patria. Conocemos los efectos sin que podamos determinar con total exhaustividad las causas. Para Wassily Leontieff, la economía es un sistema de variables interdependientes que fluctúan de forma correlacionada. El coeficiente Beta demuestra que la sensibilidad de España a las condiciones de mercado es claramente superior, tanto en el aspecto positivo como en el negativo, frente a la adoptada por el resto de las naciones de nuestro entorno e incluso allende los mares. Como para no pensar que seguimos siendo diferentes.

Nuestra Beta quizá pueda explicarse a través de nuestra veta, de nuestra propensión a hacer las cosas de otra manera. En estos tiempos de globalización, de ortodoxia dirigente institucional, de políticas convergentes y de unidad de actuación, sigue siendo una incógnita y un reto encontrar y poner en valor el hecho diferenciador culpable de la aceleración y desaceleración de nuestra economía. Sería muy interesante poder conocer por qué lo hacemos tan bien y por qué lo hacemos tan mal para no demonizar a los sectores de siempre y, de paso, para tirar de la oreja a los verdaderos diablos causantes de las dolorosas perturbaciones económicas sufridas o por sufrir. Necesitamos encontrar la piedra de Rosetta que nos ayude a descifrar el jeroglífico de nuestros éxitos y fracasos como país. + Responsabilidad = + Economía.

Francisco Jimeno / José Ramón Sánchez son socios de EUDITA