Sean Doyle, un irlandés en la españolizada cabina de IAG

El nuevo CEO de British Airways debe recomponer los puentes con empleados

y autoridades y enfrentarse a la grave crisis del sector

Sean Doyle, CEO de British Airways.
Sean Doyle, CEO de British Airways.

Lleva casi toda su vida en British Airways, salvo un breve paso por otra filial de IAG, Aer Lingus. Tiene ante sí un reto gigantesco: superar la crisis pandémica, especialmente cruenta para las aerolíneas, así como reconstruir los puentes rotos con empleados y autoridades por su predecesor, el español Álex Cruz, y los efectos del Brexit. Sean Doyle (Youghal, Irlanda, 49 años) es el nuevo consejero delegado de la aerolínea de bandera británica.

El ascenso de Doyle forma parte de la revolución de Luis Gallego, al estrenar finalmente (y tras un retraso de meses por el Covid-19) el máximo puesto de IAG. Carlos Gómez Suárez ha sido nombrado CEO de Iberia Express y Fernando Candela, consejero delegado de Level, se ha incorporado al comité de dirección del grupo asumiendo el nuevo cargo de director de transformación. Donal Moriarty es jefe interino de Aer Lingus.

Sean Doyle está casado y tiene un hijo. Nació y creció en el condado de Cork, y se licenció en Contabilidad de Gestión por el University College Cork. Viene de una famosa familia de jugadores de hurling, un deporte irlandés que se juega con palos y pelota, una especie de hockey.

Su padre, Oliver, era policía y trabajaba en Youghal, un puerto de mar de Cork, que tiene unos 8.000 habitantes; era hurler de alto nivel. Sean es muy aficionado, y además sigue manteniendo los vínculos con su región natal.

Su primer trabajo fue en una pequeña imprenta, y entró en British Airways en 1998, como analista financiero. Por entonces la empresa iba viento en popa, y aún volaba el Concorde. Luego ascendió en el escalafón y ostentó varios altos cargos, como director financiero de BA, jefe de estrategia corporativa y vicepresidente ejecutivo de la división de las Américas. Trabajó especialmente en forjar la alianza con American Airlines.
En 2016 entró en el comité de dirección ejecutiva como jefe de red y flota (decidir qué rutas hacer y con qué frecuencia) y alianzas (entre sus responsabilidades estaban las unidades de negocio del aeropuerto londinense de Gatwick y la aerolínea de vuelos domésticos y europeos BA CityFlyer).

En enero de 2019 le designaron presidente y consejero delegado de la filial Aer Lingus, la aerolínea de bandera irlandesa. En este breve periodo ha potenciado la apuesta por el mercado de larga distancia con el avión de fuselaje estrecho A321neo. Doyle es además consejero no ejecutivo de Comair Holdings, filial de Delta Air Lines, que opera en los países de Norteamérica.

El futuro

El sistema de test de Covid-19 previo a los vuelos es una de las cuestiones más urgentes que ya está abordando Doyle: esta semana ha pedido a las autoridades británicas que eliminen la cuarentena de 14 días para los viajeros procedentes del extranjero. A su juicio, los planes de reducirla a una semana no son suficientes. “La mejor manera de dar seguridad a la gente es introducir un test fiable y asequible antes de volar. Eso reducirá la tensión sobre el sistema de salud y sobre la vigilancia de los confinamientos individuales”.

Cruz había sido poco diplomático en ese sentido con Londres, que se está mostrando más solícito hacia la industria, como indica el que haya aceptado que el aeropuerto de Heathrow introduzca test rápidos de 80 libras (voluntarios y pagados por los propios pasajeros) desde esta semana.

Luego están las negociaciones para despedir a 12.000 empleados, casi un tercio de la plantilla, iniciadas por Cruz. A Doyle, que tiene un perfil bajo, de carácter analítico y con un profundo conocimiento del sector aéreo, le corresponde rehacer las relaciones tanto internas como externas. En el Financial Times, conocidos suyos dicen que no necesita ser protagonista, pero es contundente cuando cree que algo es lo correcto. También están los problemas relacionados con el Brexit, especialmente sobre la propiedad británica o no de la compañía.
La etapa de Cruz

El ascenso de Luis Gallego ha arrastrado a varios de sus compatriotas hacia arriba, pero también a uno, Cruz, hacia un lado (ahora es presidente no ejecutivo, aunque Doyle asumirá la presidencia tras un periodo de transición), y además con “efecto inmediato”. Durante su mandato, British se ha enfocado hacia los viajes de larga distancia y la clase de negocios, los más dañados por el coronavirus. También ha acometido el recorte de costes generalizado de IAG, dirigido por el también irlandés Willie Walsh, para contrarrestar la competencia de Ryanair y otras líneas de bajo coste.

Cruz se enfrentó a la primera huelga de pilotos de British Airways, en 2019: incluso los políticos británicos le han criticado por su trato al personal de cabina. Más problemas: en su etapa ha habido importantes fallos tecnológicos, con brechas en la seguridad de los datos (que le costaron a la empresa 200 millones de euros en multas) y en la gestión de los vuelos (lo cual dejó a miles de pasajeros en tierra).

Las previsiones de IAG no son buenas, y el jueves, en la presentación de las cuentas trimestrales, lo dejaba claro, con resultados peores de lo previsto, y con una mejoría de ingresos que no compensa el aumento del gasto de mover aviones vacíos: solo ocupa el 48,9% de los asientos. Ed Cropley, analista de Reuters, señala que el grupo dirigido por Gallego cuenta al menos con más margen de maniobra para ajustar costes que sus rivales Air France-KLM y Lufthansa, que tienen que responder de importantes ayudas públicas.

Sean Doyle, del que se dice que puede aspirar en el futuro a dirigir el grupo, será la cuota irlandesa en la IAG más española.

Los resultados

IAG anunció el jueves resultados peores de lo esperado en el tercer trimestre: 1.300 millones de euros de pérdidas, frente a los 920 millones predichos por los analistas.

Los ingresos fueron de 1.200 millones, solo 500 millones más altos que el trimestre anterior, en el que los cielos estaban prácticamente cerrados.