Fondos indexados: no es oro todo lo que reluce

Es interesante tener en cuenta este tipo de productos para las carteras, pero no invertir en ellos todos los ahorros

Fondos indexados: no es oro todo lo que reluce

n los últimos años, el mundo de la inversión está asistiendo al boom de los productos indexados: fondos de inversión indexados, planes de pensiones indexados, o ETF (híbridos entre los fondos y las acciones) van ganando cada vez más adeptos entre los inversores de nuestro país. ¿A qué se debe semejante interés por este tipo de inversiones? ¿Por qué han crecido tanto en tan poco tiempo? ¿Son realmente tan eficaces como nos hacen creer?

Empecemos por explicar que los fondos indexados son productos de inversión que tratan de replicar el comportamiento de un índice (como el Ibex 35, el S&P 500 o el Eurostoxx 50) en lugar de intentar batirlo, que sería el objetivo de la gestión activa. Su impulso llega desde el mercado estadounidense, y su éxito se fundamenta en dos factores principales.

El primero, las altas y opacas comisiones de algunos productos de inversión: durante mucho tiempo se ha estado abusando de colocar a los clientes productos con comisiones muy altas sin informarles de ellas adecuadamente. El segundo, la mala rentabilidad: muchos productos de inversión no son capaces de generar una rentabilidad mínima por la que merezca la pena pagar una comisión de gestión. En este contexto, cuando de repente tenemos noticias de un producto que es muy barato en comisiones y nos va a proporcionar el rendimiento medio del mercado en el que invierte, tiene todo el sentido que surja un interés hacia él. Además, el marketing ha ayudado a reforzarlo, con mensajes como que “solo un porcentaje muy pequeño de los fondos es capaz de batir a su índice de referencia”.

Aseguran los defensores de la gestión pasiva que un 82% de los fondos no es capaz de batir a su índice de referencia de forma consistente. Pero si bien la afirmación es cierta, tiene sus matices: el dato hace referencia al mercado americano, que es el más eficiente y donde realmente es más difícil batir a los índices, pero hay otros mercados en los que esto se consigue con mucha mayor facilidad. Por otro lado, si partimos de que solo un 18% de los fondos baten al índice, y en España hay unos 14.000 fondos disponibles, entonces tenemos más de 2.500 fondos en los que sí merecería invertir de forma activa para obtener una mayor rentabilidad.

Los fondos indexados tienen una serie de ventajas. Se trata de una inversión fácil: no hace falta tener grandes conocimientos financieros para entenderla; barata, pues hay un ahorro en comisiones que afecta directamente a la rentabilidad; muy eficiente para determinados mercados; facilita la diversificación, lo que minimiza los riesgos; y su seguimiento es sencillo, pues basta con mirar el índice de referencia para saber el comportamiento del fondo.

Pero tampoco están exentos de desventajas. Para empezar, sigue siendo necesario mantener una gestión activa para elegir el producto y la zona en la que indexarse. Además, hay muchos mercados en los que la inversión indexada no es eficiente, y puede representar un coste de oportunidad muy alto tener que invertir en un índice entero cuando podríamos hacer una selección de acciones. Por otro lado, en España no son muchos los bancos que ofrecen estos productos a sus clientes (aunque sí hay roboadvisors que están abanderando este mercado). Y por último, no hay correcciones profesionales: si el dinero está invertido en un producto indexado a un mercado que no va bien, el gestor no va a tomar decisiones, es el cliente quien debe estar pendiente para cambiar de producto.

En nuestra opinión, los fondos indexados son un producto bueno, con calidad y con un coste muy razonable: inversión low-cost con buenos resultados. Es un sector que está creciendo mucho y parece que todavía le queda bastante recorrido. Pero lo mejor que han aportado es que por fin los fondos de los bancos tienen competencia, y se han visto obligados a bajar sus comisiones y a mejorar la calidad de sus productos.

Como asesores, nuestra recomendación es tener en cuenta este tipo de productos para las carteras, pero no invertir en ellos todos los ahorros. Primero, porque en los mercados donde no son tan eficientes es mejor aprovechar la gestión activa para sacar el máximo partido de ese mercado.

Segundo, porque la diversificación está bien para empezar, pero si invertimos en un índice (es decir, compramos las acciones en el porcentaje que representan de ese índice) nunca vamos a poder aprovechar las oportunidades baratas, y siempre vamos a tener más dinero en las acciones que más han subido. Vamos con el pie cambiado. Además, los índices mundiales tienen un gran peso en los mercados que más han subido, por lo que si hay burbujas nos van a estallar con mucho más dinero expuesto a ellas. Esto no es un problema grave, pero sí una razón para tener nuestro dinero diversificado también entre gestión pasiva y gestión activa.

Para terminar, no hay que olvidar que nos obligan a tomar decisiones de gestión activa: en qué mercado invertimos, qué porcentaje de nuestra cartera en cada uno, si invertimos todo de una vez o hacemos varias aportaciones… Y todo esto tendrá una importante repercusión en la rentabilidad obtenida.

Tanto la gestión pasiva como la activa tienen ventajas y desventajas. Por ello, lo recomendable es combinarlas, ponerlas a competir entre sí para sacar el máximo resultado a nuestra inversión, optimizando al máximo el nivel de riesgo. Y no permitir que las emociones nos jueguen una mala pasada. Si tenemos productos buenos, bien diversificados y hacemos aportaciones mensuales a nuestra cartera, solo nos queda ser pacientes y no dejarnos seducir por el marketing.

Miguel Camiña es CEO y cofundador de Micappital