Claudia Jiménez: “Podemos ser claves en la producción de vacunas de Covid y gripe”

La empresa de biotecnología, que inaugura hoy jueves su planta en Tres Cantos, cree que su plataforma puede acelerar a un menor coste la fabricación de antígenos al usar insectos como biorreactores

Claudia Jiménez, Algenex
Claudia Jiménez, directora general de Algenex, en las nuevas instalaciones de la compañía, en Tres Cantos.

La empresa biotecnológica Algenex, dedicada a la fabricación para terceros de productos basados en proteínas –vacunas, terapias, test diagnósticos– a partir de crisálidas, está de enhorabuena. Hoy inaugura su nueva planta de Tres Cantos (830 m2), tras una inversión de 1,4 millones de euros, y con la que busca capacidad de producción a escala comercial y afianzar su incursión en la salud humana (su foco era el área animal), aprovechando el Covid.

Claudia Jiménez (Cali, 1974), directora general de la compañía desde 2019, con 20 años de experiencia en el sector –trabajó antes en Tigenix, adquirida en 2018 por la japonesa Takeda–, declara en una entrevista a CincoDías una semana antes de la inauguración que la fábrica pretende jugar un papel relevante en la producción de vacunas contra el coronavirus. Su “tecnología disruptiva”, que usa la oruga de la col como biorreactor natural, acorta el coste y el tiempo de fabricación del antígeno, afirma.

¿Qué supone la planta de Tres Cantos para Algenex?

Es un grandísimo hito para la empresa, que nació en 2005 en un entorno universitario, en Montegancedo [Pozuelo], donde se desarrolló toda la tecnología y las patentes, ya que implica tener capacidad de producción a escala comercial. Nuestro objetivo es aprobar la GMP [buenas prácticas de fabricación por sus siglas en inglés] a principios de 2021 y poder proveer proteínas ya para producto final. Además, hemos duplicado plantilla en 18 meses, ahora somos 20, y estamos en un entorno más acorde a nuestra industria: más biotecnológico y farmacéutico. El hecho de que venga el ministro de Ciencia [Pedro Duque], el vicepresidente de la Comunidad de Madrid [Ignacio Jesús Aguado], la directora de la Agencia Española del Medicamento [María Jesús Lamas] es una señal de la importancia que puede tener esta fábrica para España en el futuro.

¿A qué se refiere?

Esta planta nos costó menos de dos millones. Tiene una capacidad de hasta 100 millones de vacunas, 50 inicialmente, y se construyó en cinco meses. Si lo comparas con la inversión en una de biorreactores, al menos 60-70 millones dependiendo de la escala, y el tiempo, años, entenderá por qué pensamos que podemos jugar un rol importante en la producción de vacunas de Covid o gripe. Una opción en estudio es hacer dosis combinadas de ambas. Este tipo de plantas se puede replicar rápidamente, con muy poca inversión y menos riesgo.

Cada crisálida es capaz de producir entre 10 y 80 dosis de vacunas. Imagine la escalabilidad que tiene nuestro sistema

¿La pandemia los lleva a dar el salto en salud humana?

Empezamos en salud animal porque, primero, nuestro fundador [José Escribano] es veterinario, y segundo, porque el camino regulatorio es más sencillo y teníamos que lograr que la Agencia [Europea del Medicamento] aprobara primero nuestra plataforma como método de producción. Nuestra primera vacuna veterinaria, en evaluación por el regulador europeo y que esperamos que sea aprobada en el segundo trimestre de 2021, está licenciada a la empresa italiana Fatro, y supondrá la validación del sistema. Es importante entender que la diferencia entre las vacunas veterinarias y las humanas radica en la purificación: tiene que ser del 60% en las primeras y por encima del 90%-95% en las segundas. La producción del antígeno es la misma. Por eso, cuando ya teníamos el proceso regulatorio avanzado, empezamos también a desarrollar la parte humana

¿Qué ventajas ofrece su plataforma tecnológica?

Una es la rapidez. Al usar los insectos como sistema de producción no hay que adaptar los biorreactores cada vez que se escala. Con nuestro método, inoculas el virus al insecto con un robot. Puedes infectar a uno, cien o un millón, es un proceso lineal, y en dos meses podemos tener un antígeno para probar en animales. Cada crisálida es capaz de producir entre 10 y 80 dosis vacunales. En la industria tradicional, el proceso tarda 6-8 meses. En situaciones de pandemia es una clarísima ventaja, o para la gripe, donde hay que renovar el antígeno cada año. En 2019 hicimos un ensayo en animales con influenza y demostramos que éramos capaces de producir una vacuna en dos meses con total eficacia y seguridad en animales. Esto nos dio también la entrada al Covid.

Nos interesa el área de inmunización, y en el futuro, el de las enzimas, anticuerpos terapéuticos y las hormonas

Y en cuanto a costes de producción, ¿de cuánto es el ahorro?

Podemos producir el antígeno a 10 veces menos de lo que le cuesta a la industria farmacéutica. Los costes de purificación y envasado, que son adicionales, se quedan igual. Lo hemos evaluado, incluso, para países del tercer mundo en el papiloma virus, la dosis en el mundo desarrollado es muy costosa.

Acaba de recibir una ayuda de 470.000 euros del CDTI, ¿a qué se destinarán estos recursos?

El objetivo es desarrollar vacunas y diagnósticos contra el coronavirus.

¿Hay algún avance?

Tenemos un pequeño acuerdo con una farmacéutica [no desveló el nombre] que está desarrollando una vacuna para el Covid y estamos testando si podemos aumentar la productividad con nuestra plataforma. Tendremos los resultados en octubre. El gran problema ahora es de escalabilidad y es donde pretendemos dar respuesta. Queremos poner nuestra tecnología a disposición de España y de la industria farmacéutica para ser autónomos en la producción de vacunas. Desarrollamos también una propia, que validaremos en ensayos con animales. Pero, para pasar a pruebas en humanos, necesitaremos el apoyo financiero de un socio estratégico, ya sea institucional, del Gobierno, o privado. En ese caso, nos aliaríamos con una empresa española con capacidad de purificar y envasar.

Muestras de las orugas de col, utilizadas para la producción de proteínas.
Muestras de las orugas de col, utilizadas para la producción de proteínas.

Hace poco levantaron también 7,4 millones en una ronda de financiación privada...

La idea es, de la mano de Columbus [Venture Partners] y nuestros inversores, reforzar el área de vacunas veterinarias y humanas. Y en el futuro, enzimas, anticuerpos terapéuticos y hormonas.

¿Cómo queda el accionariado con la entrada del nuevo socio?

Ha adquirido el 19% de la compañía. El 50% lo tiene un fondo de Luxemburgo, liderado por Cleon Capital y Vita Advisory, y el otro 30% está dividido entre inversores antiguos, el equipo directivo y los fundadores.

¿Qué productos tiene en el mercado?

Un kit de herpes licenciado a la catalana Biokit y otro para la peste porcina africana, para el cual buscamos distribuidores. Y en desarrollo, varias vacunas para el sector vacuno y porcino.

¿Cuál es la previsión de crecimiento para este año?

En 2019 tuvimos una facturación de medio millón de euros. Y nuestra previsión para este año es de un millón, derivado de licencias. A partir de 2022, empezaremos a contar con ingresos derivados del suministro de proteínas y de royalties [derechos de patentes] sobre la venta de productos.

“Tenemos que invertir más recursos para tener capacidad de producción”

Imagen del robot que inocula el virus en las pupas.
Imagen del robot que inocula el virus en las pupas.

¿Qué retos son necesarios abordar para fortalecer el sector?

En España tenemos una capacidad científica increíble y una excelente capacidad de investigación clínica. Somos un país de referencia no solo en vacunas, antes trabajaba en terapia celular y también en esta área somos referentes en ensayos clínicos. Después, tenemos alguna capacidad en terminar productos, lo que es el envasado, y poca capacidad en distribución. Pero dejamos toda la parte de en medio, la de producción, sin acometer. En la parte veterinaria tenemos muchas empresas excelentes que desarrollan y producen productos, pero en la humana, toda esa parte de en medio que es donde se genera el valor, la hemos dejado por fuera, la hemos subcontratado y no hemos invertido en tener esa capacidad de producción. Y ahí es donde tenemos tenemos que invertir recursos para el desarrollo de este tipo de empresas.

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