Las fusiones crean oportunidades de inversión, pero no son la panacea

Los valores bancarios ha resultado decepcionantes en los últimos años por una serie de factores adversos que todavía no han desaparecido del escenario

El anuncio de las conversaciones de integración entre CaixaBank y Bankia ha generado una natural expectación en los mercados, que han recibido la noticia con fuertes subidas de ambas entidades en Bolsa. Los inversores han acogido con buenos ojos una operación que no solo supondría crear el primer banco en España por volumen de activos y red de oficinas, sino también la entidad más solvente de entre sus competidores. Todo ello en el contexto de un sector duramente golpeado por la crisis, que ha acusado derrumbes bursátiles superiores al 50% en lo que va de año y arrastra una decepcionante trayectoria, lastrada por una exigente regulación y una política monetaria adversa para el negocio.

La fusión que negocian Caixabank y Bankia tiene sobre el papel la lógica de un matrimonio concertado. Al saneamiento, buena gestión y complementariedad de ambas entidades, se suma el respaldo de unas autoridades europeas favorables a las concentraciones como fórmula para aumentar la fortaleza y rentabilidad del sector en un entorno cada vez más complejo. A favor juega también la elevada incertidumbre de una crisis histórica cuya factura se hará notar de forma plena a medida que disminuyan las ayudas destinadas a proteger de sus primeros efectos destructivos tanto a empresas como a ciudadanos. Todo ello conforma una ecuación bien equilibrada que no puede extrapolarse sin más a otras posibles fusiones, seguramente más complejas, pero tampoco ejercer de antídoto mágico frente a los embates de una coyuntura difícil e incierta.

Los valores bancarios ha resultado decepcionantes para los inversores en los últimos años por la conjunción de una serie de factores adversos que todavía no han desaparecido del escenario. Pese a los esfuerzos de gestión y saneamiento de las entidades, los problemas persisten. Es el caso de la política de bajos tipos de interés, que castiga los márgenes del negocio, del severo endurecimiento regulatorio, la elevada litigiosidad, el reto de la digitalización, la irrupción de nuevos competidores en los segmentos más rentables o los problemas en el exterior por los impactos cambiarios. A ello se ha unido la crisis del coronavirus y su efecto sobre la economía, que además ha provocado la supresión de los dividendos, la tabla de salvación a la que se aferraban los inversores al ver caer el precio de sus acciones. Las fusiones pueden mejorar la rentabilidad, pero en sí mismas no son la panacea. Pueden crear oportunidades para el inversor y ser una apuesta táctica en momentos de castigo excesivo por parte del mercado, pero la inversión en el sector bancario sigue conllevando riesgos e incertidumbres.