Wirecard podría ser un clavo en el ataúd del supervisor alemán BaFin

Que la ‘fintech’ sea dueña de un banco regulado aumenta las dudas sobre la vigilancia financiera de la potencia

Señal que indica la cercanía del BaFin, el supervisor financiero alemán.
Señal que indica la cercanía del BaFin, el supervisor financiero alemán. REUTERS

El regulador financiero de Alemania ha recibido una llamada de atención del tamaño de Wirecard. La empresa de sistemas de pagos llevaba mucho tiempo enfrentándose a acusaciones de fraude, pero hasta hace poco el organismo de control BaFin se había centrado en investigar a los vendedores en corto y a los periodistas de investigación. Que Wirecard sea dueño de un banco alemán regulado aumenta las dudas sobre la supervisión financiera en la mayor economía de Europa.

La fintech con sede en Baviera confirmó ayer lo que muchos de sus críticos llevan mucho tiempo sosteniendo: que 1.900 millones de euros de efectivo en cuentas fiduciarias probablemente no existen. Wirecard lleva los últimos 18 meses lidiando con las acusaciones hechas por los denunciantes, publicadas por el Financial Times, entre otros.

Sin embargo, la primera respuesta de BaFin fue ir tras los mensajeros. En febrero de 2019, el regulador prohibió la venta en corto de las acciones de Wire­card y luego presentó una denuncia penal contra los periodistas del FT y algunos vendedores en corto alegando manipulación del mercado. Su justificación de “proteger la confianza del mercado” ahora parece tragicómica.

Es cierto que BaFin (cuyo cometido incluye la supervisión de las instituciones financieras y el mantenimiento de la integridad del mercado en general) no realiza supervisión directa del grupo Wirecard. Sin embargo, era responsable de regular la unidad bancaria alemana de la compañía, que tiene 1.700 millones de euros en depósitos. También autoriza los nombramientos del consejo de administración del prestamista, entre los que se encuentra el director financiero de Wirecard, Alexander von Knoop.

No es la primera vez que BaFin reprime con lentitud posibles malversaciones financieras. En el último decenio, Deutsche Bank se ha visto acosado por escándalos, entre ellos el de los 10.000 millones de dólares en operaciones de trading falsas en Rusia y una relación de corresponsalía con el danés Danske Bank, que facilitó miles de millones de euros en pagos sospechosos. Sin embargo, no fue sino hasta finales de 2018 que BaFin nombró a un representante especial para la prevención del blanqueo de dinero en el mayor banco de Alemania.

El BaFin defendió sus acciones contra los vendedores al descubierto de Wirecard diciendo que tenía información fiable de ataques coordinados contra la empresa. Informó de esas sospechas a los fiscales que eran responsables últimos de la investigación de las pruebas. Sin embargo, eso difícilmente excusa su falta de curiosidad sobre la mucho mayor manipulación del mercado que parece haber ocurrido bajo sus narices.

El ministro de Finanzas alemán, Olaf Scholz, dio a entender ayer que estaba satisfecho con cómo “hicieron su trabajo” los supervisores con respecto a Wirecard. Excluyendo la posibilidad de un intento equivocado de humor extraño, no hará más que agravar la impresión general de debilidad en la regulación financiera alemana. Y no ayudará mucho a los esfuerzos de Fráncfort por atraer a las instituciones financieras del Londres pos-Brexit.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías