Pedro Duque: “Hay que invertir en ciencia para pagar las pensiones”

Asegura que España no puede permitirse cerrar la economía de nuevo, y defiende que es el momento para cambiar el modelo productivo y apostar por el talento innovador

Pedro Duque, ministro de Ciencia e Innovación.
Pedro Duque, ministro de Ciencia e Innovación.

Acude todos los días a su despacho, sobre todo para atender videoconferencias. El pasado miércoles, el ministro de Ciencia e Innovación, Pedro Duque (Madrid, 1963), encontró hueco en la agenda para atender a CincoDías. Ingeniero aeronáutico, fue el primer astronauta español que hizo soñar con el espacio a muchos niños. Ahora se enfrenta, con la crisis del Covid-19, a uno de los mayores desafíos, bien diferente de los que ha tenido en su carrera, aunque advierte que montarse en “un cohete con 2.000 toneladas de explosivos tampoco es manco”.

Había expertos que lo anunciaron, ¿por qué esta crisis no se vio venir?

Se sabía desde la epidemia del SARS en 2003 que podían aparecer virus nuevos. También lo anunció Bill Gates en sus conferencias, en su momento no las vi desgraciadamente, las he visto a toro pasado, pero había indicios. Los países occidentales nos alarmamos con el SARS, pero pensamos que nuestro sistema de salud tenía capacidad para responder a ello. Se hicieron planes contra la crisis aviar, pero no se continuó. En Europa no se entendió que podía tocarnos a nosotros también.

¿Tendremos que convivir con pandemias?

Con esta vamos a tener que convivir bastantes meses. Lo peor que podemos pensar es que todo esto ha pasado y bajar la guardia. Y esto lo tienen que entender las personas que dirigen empresas y los trabajadores. No hay que bajar la guardia porque eso sería lo peor, incluso para la economía.

En la primera ola se ha primado la salud, ¿pero si hay un rebrote volverá a pasar o tendrá prioridad la economía?

Hay que hacer un buen equilibrio entre las dos. Hasta ahora no se ha podido mantener la economía y la salud por la evolución tan rápida que ha habido en España. Lo inteligente va a ser encontrar ese equilibrio para no tener que ser radicales con el cuidado de la salud. Sin salud no tenemos economía. No podemos entrar en una dinámica en la que tengamos que cerrar la economía otra vez. Hay que recuperar la actividad económica sin perder de vista la salud.

Usted es muy optimista en el papel que puede jugar España en la carrera mundial por encontrar una vacuna.

Lo importante es entender que necesitaremos bastantes vacunas, porque nunca se sabe si la primera va a funcionar. Al final de este año o a mitad del siguiente habrá un número de vacunas, pero no tenemos la capacidad predictiva de saber cuál va a funcionar. Dentro de nuestros proyectos de vacuna tenemos un par de ellos que utilizan un vector diferente, una base de vacuna a la que se añade lo específico de este virus. Tenemos gente que sabe hacer vacunas con un sistema que no saben hacer en otros sitios. Hay un grupo de investigación en el Centro Nacional de Biotecnología que tiene una tecnología novedosa para hacer vacunas con el virus completo, salvo las partes del virus que lo hacen virulento. Por tanto, tenemos que seguir.

Habla de la escasez de recursos de la ciencia y la investigación, ¿es el momento para revertir esta situación?

Estoy convencido de que esta es la única decisión inteligente que se puede tomar en cuanto al fomento de la investigación y desarrollo en España. Espero que no haya nadie que no haya entendido que con el doble de innovación podemos pagar las pensiones a medio plazo. La innovación es la base para tener márgenes en las empresas y estar por delante del mercado, y a su vez para que sus trabajadores tengan sueldos cercanos a los que tienen en Centroeuropa, y eso además implica que puedan contribuir a la Seguridad Social y poder pagar las pensiones de nuestros jubilados. No podemos pretender que el sistema de bienestar español pueda ser sostenible si no invertimos en conocimiento e innovación. Las empresas tienen que exportar producto de alto valor añadido, y eso no sale de otro sitio que no sea de la innovación y de la aplicación de la ciencia básica y de la transferencia de conocimiento.

Esta crisis ha puesto de manifiesto la pérdida de tejido industrial. Se necesitaban mascarillas y no había donde fabricarlas.

Esto es producto de la globalización, que peyorativamente quiere decir que nos da igual donde se hagan las cosas, lo único que queremos es comprarlo muy barato. Esta es una idea que ha calado, y nos hemos dado cuenta de que no todo es eso, y lo más importante es que hay que mantener ciertas capacidades. No es algo específico de España. La globalización, sin hacer anatema de ella, hay que modularla.

¿Eso qué significa?

Hay que modularla por dos motivos, por el mantenimiento de capacidades estratégicas, y eso se ha entendido en cuestiones como el armamento, pero hay que entenderlo de manera más amplia, a capacidades de producción de medicinas y de vacunas, de elementos de protección para los sanitarios, de producción para aumentar la generación de energías renovables. Entra la industria de la ciencia. Por otro lado, hay que modularla porque implica también enormes cantidades de emisiones de efecto invernadero. ¿Qué gana el mundo con que todos los juguetes se hagan en China y luego se monten en un barco que producen cantidades enormes de emisiones? La lucha contra el cambio climático es un motivo para modular la globalización.

¿Habrá acuerdo para aumentar en los Presupuestos la inversión en ciencia e innovación?

Eso va a estar presente en todas mis frases en cada negociación y cuando hable con el presidente del Gobierno, y está claro que si hay alguna conclusión a la que debe llegar la Comisión de reconstrucción es a que el país no se puede reconstruir sobre las bases erróneas que teníamos en el pasado. Hay que aprovechar algo que tenemos y que estamos desaprovechando, como es el talento de los jóvenes y la calidad de nuestro sistema formativo de científicos y tecnólogos. Formamos a muchísimos más de lo que absorbe nuestro modelo productivo, y malgastamos talento al que se le podría dar mucho más valor añadido. Una parte del cambio de modelo productivo lo hace el Estado. Nos hemos quitado esa venda de que eso lo hacía el sector privado. Hay que invertir en ciencia e innovación en todos los países en los que estamos más atrasados. Tenemos la oportunidad para que con cantidades irrisorias, comparadas con lo que va a costar la ayuda a las familias, pongamos las bases para que nuestro sistema de bienestar se haga sostenible.

¿Funcionan los acuerdos público-privados en esta área?

Hemos abierto una nueva Oficina de Compra Pública Innovadora, eso es un método cercano a los programas aeroespaciales, por el que los poderes públicos compran el primer prototipo de algo prometedor. Esa compra pública de innovación revierte en unos servicios públicos más eficientes, y a la industria le favorece porque le ayuda a dar el último empujón de innovación para la conversión de la idea en un producto. Lo estamos relanzando y estamos creando programas de este tipo que no existían. Se trata de tener un primer cliente ancla, que en este caso es el Estado, que además se beneficia con una propiedad compartida de los derechos generados de propiedad intelectual. Al Estado le costaría un poco menos comprar más de este producto y la empresa puede venderlo con beneficio. Estamos en buen camino, aunque creo que esta crisis tiene que ayudarnos a acelerar esta evolución y que llegue a los Presupuestos generales. Es importante que todo el mundo lo entienda, pero sobre todo que ningún elector achaque a su partido un fallo por utilizar algo de dinero en ciencia e innovación y no a arreglar los problemas de hoy.

¿Esta crisis puede acelerar vocaciones por las disciplinas científicas?

Eso puede pasar y hay que aprovechar estas ocasiones en las cuales la gente entiende que el conocimiento es la base del futuro. Muchos jóvenes estarán pensando que de mayores querrán hacer vacunas o habrá alguien que invente una nueva manera de proteger a los sanitarios, o un sistema de transporte para que las personas no se contagien unos a otros. Espero que los talentos se estén despertando.

Ha habido polémica con los test que se hacen a la población, ¿habrá pruebas para todos?

Ninguna prueba diagnóstica es cien por cien efectiva, por lo cual no es ninguna panacea. Las pruebas se dividen en dos, la que dice si se tiene ahora mismo la enfermedad y la que dice si se ha tenido en el pasado. Acabamos de hacer un estudio sobre cuanta gente ha pasado la enfermedad y nos ha salido el 5%. Hacerle test de manera exhaustiva no es necesariamente la solución. Esa es la idea que debe calar. Si tuviéramos la forma de saber si cada persona que pasa por la calle tiene o no tiene el virus, sería efectivo, pero la tecnología de la que disponemos no lo permite. Seguro que dentro de unos meses encontraremos una técnica barata y escalable. En España se han hecho más test complejos de los que se hicieron en Corea del Sur, pero ningún país ha conseguido esa utopía. En China, que tienen una capacidad gigantesca para hacer test y fabricar de todo, necesitarían tres años para hacer pruebas a toda la población. Es una utopía hacer test a toda la población. No existe la tecnología que permita hacer test a los españoles en menos de un año.

¿Qué ha aprendido usted en esta crisis?

Ha sido una etapa de gestión intensiva que nos ha hecho aprender mucho. Hemos hecho un esfuerzo muy grande y hemos sacado adelante el país con más aciertos que errores, y con capacidad de reconducir cuando hemos visto que no íbamos por la buena dirección. No se ha podido saber de antemano. La epidemia no nos ha dejado que tuviéramos un resultado perfecto, pero no se podía hacer mucho más. La gente de la ciencia y de la innovación ha respondido, y tenemos varios proyectos de innovación que estamos financiando desde el Estado para producir mascarillas en España con sistemas nuevos. Hay empresas que las están produciendo, y desde el CSIC se están desarrollando nuevos tejidos que esperamos poner a disposición de las empresas. Eso al margen de los 50 o 60 ensayos clínicos que se están poniendo en marcha en los hospitales para encontrar nuevos fármacos. Hay que continuar con este impulso que le hemos dado y mantenerlo para arriba. Entre el Estado y las empresas privadas dedicamos el 1,2% del PIB a ciencia e innovación, cuando la media en la Unión Europea es del 2,1%, pero queremos estar por encima. Nuestro sistema de bienestar se sostiene con un incremento fuerte de la inversión en innovación y conocimiento, y en eso nos ha faltado visión a largo plazo.

¿Y en el plano personal?

He aprendido a apreciar las cosas de la vida, del día a día, ahora apreciamos dar un paseo, valoramos que los niños vuelvan contentos y cansados del colegio. También he aprendido a que si a la gente se le motiva da mucho de sí.

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