El ‘coworking’ confía en atraer a la gran empresa tras la crisis

Los gestores de estos espacios viran ya hacia un nuevo tipo de cliente corporativo para recuperar facturación

Los clientes hacen uso del espacio de 'coworking' Loom Salamanca, en Madrid.
Los clientes hacen uso del espacio de 'coworking' Loom Salamanca, en Madrid.

El coworking no solo ha llegado para quedarse, sino que la crisis del coronavirus puede contribuir a darle un impulso. Esta es la conclusión a la que han llegado algunas de las plataformas que reúnen mayor oferta de este tipo de espacios, los gestores de los mismos y clientes que ven en los momentos inmediatamente posteriores al confinamiento una oportunidad para aprovechar las ventajas de compartir lugar de trabajo.

Entre estas destaca, en primer lugar, la flexibilidad. Mientras que entre los propietarios de muchos edificios de oficinas son frecuentes los compromisos de, al menos, un par de años, en el inestable mundo del coworking suscribir un acuerdo de 12 meses con un mismo arrendador ya se ve como toda una apuesta a largo plazo, pues la mayoría no miran más allá del medio año. Esto, estiman empresas y usuarios, dará margen de maniobra a muchas compañías que deberán apretarse el cinturón tras meses facturando al mínimo. “El sector está sufriendo, como todos, pero sobre todo lo están haciendo quienes están más expuestos a muchas empresas recién llegadas que alquilan pocos asientos”, explica Manuel Zea, fundador de Coworking Spain, agencia intermediaria. “En esta cuarentena, la gente se está dando cuenta de que en casa es muy difícil trabajar. Las previsiones del sector, gracias a su flexibilidad, son optimistas”, explica.

Paula Almansa, cofundadora y consejera delegada de Loom, una empresa que gestiona nueve lugares de este tipo en Madrid y Barcelona, añade una cualidad más al coworking: su capacidad de crear sinergias entre usuarios que ya no solo provienen de empresas pequeñas o que están empezando. El negocio, explica, mira ya hacia grandes corporaciones que se han dado cuenta de que no tienen por qué concentrar a sus miles de empleados en el mismo edificio: “Todos sabemos que el del primer piso nunca habla con el del quinto. Las empresas grandes también lo ven, y por eso nosotros nos estamos replanteando qué tipo de usuario vamos a tener a partir de ahora”, explica.

Si bien, cuando en sus inicios hace dos décadas en EE UU, el coworking estaba dirigido a pequeños emprendedores, la atención ahora se está centrando, explica Almansa, en empresas importantes que o bien necesitan establecer pequeñas delegaciones en ciudades sin sede o bien quieren tener pequeñas oficinas satélite. Es precisamente la entrada de este nuevo cliente la que está compensando la salida de los pequeños freelance, golpeados con especial fuerza por una crisis sanitaria en la que más de un millón de autónomos de los tres millones y medio que hay en España han solicitado ya la prestación por cese de actividad.

“No ha sido rara la empresa dedicada a gestionar coworking que ha perdido entre un 20% y un 30% de su facturación durante estos meses de parón. Pero hace unas semanas, por ejemplo, revisamos las cuentas y solo nos dejamos un 4% gracias a los usuarios que ya se están apuntando para cuando se acabe el estado de alarma”, resume Almansa. Los retos que afronta el coworking son muchos. A principios del mes de enero, Clutch, una empresa estadounidense dedicada al análisis de datos y de estudios de mercado, publicó una encuesta sobre este tipo de espacios en la que un 77% del más de medio millar de participantes afirmaba sentirse cómodo en este tipo de sitios. No obstante, los usuarios también señalaron algunos problemas, como la falta de privacidad, las distracciones, el ruido o la seguridad.

Es este último punto el que obsesiona, tras la pandemia, a Rafael de Ramón, consejero delegado de Utopicus, empresa con 13 espacios en Madrid y Barcelona. Instalación de mamparas, refuerzo de los servicios de limpieza, reparto entre los clientes de mascarillas, limitación de la movilidad, reforma de los ascensores para que no haga falta pulsar botones o ampliación de los espacios son solo algunas de las medidas que ya están poniendo en marcha para los meses inmediatamente posteriores a la cuarentena. En su caso, la tendencia hacia la gran empresa es aún más notoria, pues tan solo el 13% de sus usuarios pertenece a pequeñas compañías inexpertas, mientras que el 87% de sus clientes forma parte de grandes corporaciones.

Una de las entidades más convencidas por el coworking es Housers, una empresa de servicios financieros y tecnología que desde hace algo más de un año tiene a sus 32 empleados distribuidos en distintos espacios de este tipo de Madrid, Valencia, Milán y Lisboa, lo que ha supuesto, según sus cálculos, un ahorro de gastos de entre el 40% y el 50%. “A nosotros nos compensan este tipo de espacios porque, por su flexibilidad, nos permite ahorrar buena parte del gasto en implantación que supondría tener una oficina propia”, explica su consejero delegado, Juan Antonio Balcázar, quien reflexiona además sobre la seguridad, otro punto a favor: “Entendemos que, al gestionar más espacios como el nuestro, la empresa de coworking irá aplicando lo que vaya aprendiendo en todos. Nos sentimos más seguros en un sitio así que si tuviéramos que gestionar nuestro propio espacio sin tener ni idea”.

 

Normas
Entra en El País para participar