Gestión activa o pasiva, ¿cuál es mejor en una recesión?

Tomar lo mejor de ambos mundos puede rebajar el riesgo e incluso generar retornos aceptables en un mercado bajista

Gestión activa o pasiva, ¿cuál es mejor en una recesión?

Tras el mercado alcista más largo de la historia, las ventas generalizadas en marzo nos han transportado a un mercado bajista, en virtud de la profunda crisis en la que nos ha inmerso la pandemia del coronavirus. Puede ser un buen momento para replantearse la estrategia de inversión de las carteras.

Un debate que lleva largo tiempo en el mundo de la inversión es sobre la eficiencia de la inversión activa respecto a la inversión pasiva. La realidad es que, dependiendo del entorno económico, hay formas de sacar partido a cualquiera de los dos enfoques, ya que cada estrategia trata de alcanzar objetivos diferentes.

La desaceleración puede influir en los gestores de activos para que adopten preferentemente uno de los dos sistemas de gestión, pero hay ciertos escenarios en los que los inversores individuales pueden obtener un valor añadido utilizando una combinación de ambos en un mercado bajista como el actual. Para profundizar un poco más en estos dos enfoques de inversión veamos cuál es el más adecuado para esta etapa, estableciendo la diferencia entre inversión activa y pasiva, las estrategias que funcionan mejor en una recesión y la adopción de estrategias tanto activas como pasivas.

La diferencia fundamental entre la inversión activa frente a la pasiva es que los gestores activos tienen un enfoque analítico en su estrategia de inversión, mientras que los fondos de gestión pasiva se apoyan en la diversificación a largo plazo. Pero hay otras diferencias: los fondos gestionados activamente intentar batir el comportamiento medio del mercado, aprovechando las fluctuaciones del mercado a corto plazo. Tal como sugiere su nombre, los gestores activos hacen un seguimiento continuado de sus posiciones para identificar oportunidades de compra y venta. Para compensar los gastos generados por esta actividad, aplican a los inversores de sus fondos una comisión fija o de gestión. Los inversores activos que toman mayores riesgos buscan también mayores retornos en el corto plazo y están dispuestos a soportar mayores comisiones para conseguirlos.

En contraposición, la inversión pasiva aplica comisiones significativamente más bajas, ya que, en esencia, no requiere gestión; se centra en comprar y mantener índices a largo plazo. Además de ser menos costosos, los fondos pasivos suelen comportase mejor a lo largo de ciclos completos de mercado. Durante una recesión siguen la evolución del mercado, pero están bien posicionados para repuntar en el futuro, cuando el mercado se recupere. Puesto que las posiciones inversoras se distribuyen en diferentes sectores, los fondos de inversión pasiva no requieren análisis ni seguimiento. Su objetivo es seguir la evolución del mercado, mientras que la de los fondos de gestión activa es batir al mercado.

Una vez establecidas las características fundamentales de ambas estrategias de inversión, cabría preguntarse cuál sería más apropiada en una recesión como la actual.

La naturaleza de los fondos pasivos es más cierta y segura, en cuanto a que un inversor pasivo conoce sus expectativas de beneficios, mientras que en el caso de la gestión activa puede ser más difícil predecirlos, ya que el objetivo de batir al mercado no está garantizado.

En décadas pasadas los gestores activos tuvieron un buen comportamiento durante las recesiones, pero recientemente los resultados han sido dispares. En el ciclo actual de renta variable, el enfoque pasivo de gestión está haciéndolo razonablemente bien porque las megacompañías continúan teniendo un comportamiento superior, poniendo las cosas difíciles a los gestores activos.

Pero es cuando la volatilidad entra en acción cuando las estrategias activas pueden brillar. Cuando el mercado bursátil es bajista, un enfoque de inversión activa puede obtener mayores retornos por su mayor flexibilidad respecto a la inversión pasiva. Durante una recesión como la actual, cuando el mercado es volátil, los gestores activos pueden explotar las ineficiencias del mercado y aplicar tácticas de gestión de riesgos de forma más eficiente. Pueden también mitigar el riesgo, infraponderando a los sectores más vulnerables. La gestión activa es un enfoque típicamente mejor durante un mercado bajista, ya que se puede controlar el riesgo y aportar protección ante posibles retrocesos. La flexibilidad de poder asignar por tipo de activo y por valores individuales supone una ventaja en etapas de mercado de elevada volatilidad, si se gestiona adecuadamente.

Para llegar a ser un buen inversor no es necesario optar uno de los dos enfoques. Más bien resultaría prudente combinar estrategias de ambos enfoques, eligiendo los elementos de cada uno que mejor se adapten al nivel de tolerancia al riesgo de cada inversor. Tomar lo mejor de ambos mundos puede disminuir el riesgo e incluso generar retornos aceptables en un mercado bajista.

Cuando los inversores compran un índice esperan que el fondo replique el comportamiento de un gran índice, como el S&P 500. Una estrategia pasiva puede funcionar para cualquiera, tanto si se es nuevo en el mundo de la inversión como si se es un veterano. Si no hay una gran oportunidad de generar retornos adicionales y solo se pretende tener una cartera básica de elevada calidad, entonces la inversión pasiva es más apropiada. Sin embargo, un inversor que está dispuesto a tomar mayor riesgo y a soportar mayores pérdidas potenciales, pero que quiere obtener un retorno mayor, sería un buen candidato para la inversión activa.

Un inversor tradicionalmente pasivo, que quiera adoptar un enfoque más activo, puede comenzar por estar mejor informado sobre las estrategias activas de inversión para incorporarlas a su cartera, sobreponderando o infraponderando ciertas clases de activo durante ciertas etapas de mercado (exposición a acciones, bonos, divisas, materias primas o volatilidad). Siempre puede encontrarse algún tipo de activo al alza e identificarlo es fundamental para mantener una estrategia de inversión activa.

Para tomar las mejores decisiones sobre ambas estrategias de inversión, un inversor ha de entender los riesgos, las compensaciones e implicaciones tanto de la inversión activa como de la pasiva. Considerar las fortalezas y deficiencias de ambos enfoques puede hacer que esté bien posicionado durante un entorno de mercado recesivo.

Paula Mercado es Directora de análisis de VDOS Stochastics