El virus obligará por fin a los políticos a gastar

Ante una epidemia, la Fed o el BCE no tienen las mejores armas

Sede del BCE, en Fráncfort.
Sede del BCE, en Fráncfort.

Los banqueros centrales llevan más de una década sacando la economía global de sus agujeros. En lugar de elaborar sus propios planes de gasto, los políticos han tendido a confiar en los reguladores. Pero ante el coronavirus, la Fed o el BCE no tienen las mejores armas.

Es cierto que los banqueros centrales pueden apoyar la confianza de las empresas, los hogares y el mercado hablando de su disposición a reducir aún más los tipos y a hacer todo lo que esté en su mano. Tal vez por eso los mercados monetarios están poniendo en precio ya que el BCE recortará en julio en 10 puntos básicos el tipo de depósito, que ya está en un mínimo histórico del -0,5% y que la Fed recortará al menos un cuarto de punto los tipos en abril.

Pero una conmoción por el cierre de las cadenas de suministro es difícil de contrarrestar rápidamente con la política monetaria. En cuanto a la demanda, bajar tipos no ayuda mucho si la razón por la que la gente consume menos es que están secuestrados en casa y las tiendas, cerradas. Tal vez por eso los que fijan los tipos se muestran circunspectos, y de ahí el renovado enfoque en la política fiscal. La Casa Blanca pidió el lunes 2,5 billones de dólares para combatir el virus y sin duda pediría más si el brote empeorara en casa. Y la reunión de finanzas del G20 de los pasados 22 y 23 de febrero dejó caer que los Gobiernos están listos para desplegar estímulos fiscales si es necesario.

Además de gastar en salud pública, los políticos probablemente también estarían dispuestos a tomar medidas a corto plazo para apuntalar el crecimiento o ayudar a las empresas, como un recorte temporal de impuestos, por ejemplo. Es algo, pero no serviría para solucionar problemas de larga data. Uno de los problemas que aflige a la mayoría de las grandes economías desarrolladas es el débil crecimiento de la productividad. Mejorar infraestructuras, la educación o las capacidades tecnológicas podrían ayudar a elevar la tasa máxima potencial a la que puede crecer la economía sin generar inflación. Pero ahora mismo eso no será lo más importante en la mente de las autoridades. Es triste, pero al menos esta vez tienen una buena excusa.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías