Contante y Sonante

Unas proyecciones para este año calcadas a las de 2019

La hipótesis sobre una nueva ronda de fusiones se desinfla tras matizar Oliu sus declaraciones de hace dos semanas. ¿Será por algo?

La presidenta de Banco Santander, Ana Botín.
La presidenta de Banco Santander, Ana Botín.

Una vez presentados los resultados de los principales bancos españoles y esbozadas sus proyecciones para el presente ejercicio, parece que 2020 será una prolongación de 2019. Todo sigue igual, o por lo menos eso es lo que han transmitido los responsables de estas entidades financieras.

De hecho, tras especularse tanto con las fusiones bancarias en las últimas semanas, ahora incluso esas intenciones se han aparcado en un rincón de la mesa, debajo de otros muchos proyectos a la espera de comprobar si se puede lograr alguna mejora en la cuenta de resultados, pese a los tipos de interés negativos. Y es que la banca ha comenzado a explotar las comisiones, las reducciones de costes, e incluso un recorte en las provisiones para salvar sus cuentas a sabiendas de que el camino a recorrer será largo y la rentabilidad baja.

El presidente de Banco Sabadell, Josep Oliu, que tanto agitó hace dos semanas el panorama bancario con sus declaraciones que incitaban a la fusión, enfrió sus declaraciones anteriores para intentar convencer a su público de que no hay nada de nada. No hay ningún proyecto de integración ni con Bankia, ni con BBVA, ni con Unicaja, ni con Liberbank ni con Ibercaja, ni con nadie.

La cúpula de Unicaja Banco hizo lo propio, y aunque el jueves dejó abierta la puerta a las fusiones, negó en más de tres ocasiones que en la actualidad tuviesen planes de integración con otra entidad. “No hay nada. Se puede decir más alto, pero no más claro”, podría ser el resumen de la primera rueda de prensa que ha realizado Unicaja en Madrid para explicar sus resultados de 2019 y su nuevo plan estratégico, que pasa por seguir su camino en solitario y con su fundación bancaria como parapeto a cualquier operación hostil.

Como repitió Oliu el viernes, el consejero delegado de Unicaja, Ángel Rodríguez de Gracia, descartó en estos momentos conversaciones con Liberbank, o con Abanca, o con Santander, o BBVA, o Bankia, o Bankinter, o Cajamar, o CaixaBank, o Sabadell, o con Kutxabank, o con Ibercaja. Habrá que esperar. Otra vez será.

El presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, también negó proyectos de fusión para la privatización de la entidad de capital público. “No estamos contemplando nuevas operaciones y no puedo añadir nada más, no tenemos debajo, ni encima, ni en el cajón, ninguna operación”.

Los responsables de Santander y de CaixaBank ya han declarado en el último año que no están interesados en protagonizar fusiones, mientras que BBVA enfrió también su posible interés por crecer con compras. Liberbank fue, a lo mejor, la más clara en sus declaraciones. Liberbank no tiene encima de la mesa en este momento ningún plan de fusión, aunque sigue atenta, como siempre, a las operaciones que puedan surgir, declaró el jueves su consejero delegado, Manuel Menéndez.

El martes le toca el turno de presentar resultados a Abanca, cuyo presidente y dueño, Juan Carlos Escotet, no oculta sus ganas de crecer con compras. No ser comprado, sino comprar. Habrá que ver qué nos cuenta.

Ibercaja también debe presentar sus resultados de 2019. Sus responsables predican la independencia de la entidad. El problema es que este año debe salir a Bolsa si el Gobierno no le concede el indulto, o paga una multa (bueno, su fundación) de cientos de millones a través de un fondo de reserva. Otra solución es una fusión con una entidad cotizada, aunque los expertos no lo ven.

Braulio Medel, presidente de la Fundación Unicaja, Amado Franco, presidente de la Fundación Ibercaja, o Manuel Menéndez, consejero delegado de Liberbank, llevan muchos años, incluso décadas, jugando al póker juntos y, de momento, todo queda en casa. Bueno, a la chita callando lo mismo pasa con Kutxabank.

Mientras, el ejercicio de 2019 ha finalizado con unos resultados para el conjunto de los seis grandes bancos (Santander, BBVA, CaixaBank, Bankia, Sabadell y Bankinter) con una caída casi generalizada. En conjunto, las ganancias ascendieron a 13.592 millones de euros, un 19% menos que en 2018. Se confirma así el primer recorte global de los beneficios de estas entidades en tres años. Aunque también es cierto que, al final, la caída de los resultados descendió menos de lo previsto por los expertos. El descenso se debe, además, más a saneamientos extraordinarios que a una mala racha del negocio, pese a que la banca opera con tipos negativos. Bankia explicó, por ejemplo, que pese al desplome de sus beneficios –ganó 541 millones, un 23% menos que un año antes por mayores provisiones–, 2019 fue su mejor año comercial desde su creación.

Para el presente ejercicio, parece que todo será muy similar al pasado año, pero sin que se prevean en el horizonte dotaciones extraordinarias. “Creemos que en 2020 superaremos el resultado del pasado ejercicio sin los saneamientos, pero no queremos dar una proyección porque nunca se sabe qué puede pasar con los tipos de cambio y, aunque te cubras, nunca llegas al 100%. Es imposible porque es carísimo”, comentaba la semana pasada una directiva de una de las entidades financieras que presentaron resultados.

“Lo que esperamos para el año 2020 en cuanto al sistema financiero español es básicamente continuidad frente a 2019. El elemento central es la estabilidad de la política monetaria del Banco Central Europeo, que en los anuncios más recientes no se ha alterado, y una cierta continuidad en el comportamiento de las economías global y española. No obstante, hay que hacer algunas matizaciones. En el caso europeo, si el Brexit terminará produciéndose de una manera ordenada y la negociación en curso entre la UE y Reino Unido conduce a una situación de estabilidad que permite el desarrollo de una actividad económica y financiera con normalidad en los próximos años, que es un elemento absolutamente fundamental. El auténtico cisne negro del año es conocer si el coronavirus acaba teniendo o no un impacto en el crecimiento y en el comportamiento de la economía, cambiando así un pronóstico que en principio era positivo para el año”, asegura Francisco Uría, responsable del sector financiero de KPMG España.