Los inversores y la UE pueden marginar a EE UU en torno al clima

Una alianza entre los gestores de dinero y los Gobiernos desatascaría el temor a los riesgos

Tubo de escape de un coche en Berlín (Alemania).
Tubo de escape de un coche en Berlín (Alemania).

Wilbur Ross ha abierto un nuevo escenario en la guerra comercial. El secretario de Comercio de EE UU dijo el domingo al Financial Times que la administración Trump “reaccionará” si el plan de la UE de imponer a las importaciones el mismo impuesto al carbono que tendrán que pagar las empresas de los Estados miembros “es en esencia proteccionista”.

No es la primera vez que la Casa Blanca aparece para arruinar el impulso mundial para abordar el aumento de las temperaturas, y este último episodio muestra lo difícil que puede ser concebir intentos locales o regionales de resolver el problema mundial del cambio climático. Pero la UE dispone de una manera de ayudar a marginar a la Casa Blanca: aliarse con inversores activistas globales.

En cierto modo, los inversores y Gobiernos están atascados en una situación como la del huevo y la gallina. Iniciativas como el impuesto al carbono son cruciales para combatir el calentamiento global. El problema es que los beneficios a largo plazo de estos cambios pueden parecer demasiado a menudo onerosos para las empresas a la corta.

Lo que suele faltar son incentivos positivos para que se adapten al riesgo climático. Los inversores, por ejemplo, pueden estar dispuestos a poner dinero a trabajar en ciertos proyectos –como nuevas tecnologías ligeras en carbón para las industrias del acero y el cemento– si hay una mayor posibilidad de éxito, y de apoyo político.

Por su parte, los Gobiernos podrían estar más dispuestos a forjar exenciones fiscales y otras políticas favorables a la cuestión climática si saben que es más probable que fluya el capital privado. Y no tiene por qué ser solo en su propia jurisdicción. La UE podría, por ejemplo, investigar la posibilidad de canalizar parte de los ingresos procedentes de los impuestos a las importaciones con alto contenido de carbono hacia proyectos climáticos en los países de origen, con el asesoramiento de los inversores.

La buena noticia es que los gestores de dinero decididos al cambio tienen más poder que nunca. Allianz, Calpers y UBS se encuentran entre los más de 370 miembros de Climate Action 100+, que se reparten 41 billones de dólares en activos entre ellos después de que el mayor gestor de dinero del mundo, BlackRock, se uniera a principios de este mes. El grupo ya está presionando a algunos de los mayores emisores de gases de efecto invernadero, como BP y Glencore, para que reduzcan su contaminación y esbocen una forma de abordar el riesgo climático.

Uno de sus miembros, la aseguradora británica Aviva, es uno de los principales inversores en una campaña aparte para convencer a McDonald’s, Domino’s Pizza y otras cuatro cadenas de comida rápida de que establezcan objetivos “enérgicos” en cuanto a emisiones y uso del agua. Este otro grupo dice contar con el apoyo de entidades que gestionan casi 12 billones de dólares en activos, casi el doble que cuando fue creado, hace un año.

Si estos grupos y la UE encuentran la manera de trabajar juntos, sería una combinación poderosa, positiva y lucrativa, y ayudaría a dejar de lado a escépticos del clima como la administración Trump.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías