La mayor víctima de la guerra del queso será la sensatez fiscal

Es difícil ver a EE UU y Francia discutiendo amigablemente un impuesto de sociedades para la era digital en plena riña

Queso comté.
Queso comté.

El roquefort no es más que una de las víctimas de la guerra del queso: el efecto duradero será impedir una serie de reformas fiscales globales. La oficina comercial de EE UU dice que podría aplicar aranceles del 100% a bienes franceses por valor de 2.400 millones de dólares, entre los que se incluyen el champán y el roquefort y otros 20 tipos de queso. Su queja es que Macron introdujo en julio un impuesto del 3% sobre los ingresos digitales generados en Francia, que considera que apunta injustamente a las empresas de EE UU.

Tiene algo de razón. La ley francesa se aplica a las ventas generadas por los servicios de “interfaz digital” y la “publicidad dirigida”. Parece probable que los gigantes tecnológicos de EE UU paguen la mayor parte de los 500 millones de euros que Macron espera recaudar al año. Francia puede argumentar que las empresas no estadounidenses también se verán afectadas. Sin embargo, su posición queda desautorizada por el hecho de que el ministro de Finanzas, Bruno Le Maire, calificara repetidamente la medida de impuesto sobre las “GAFA“ (Google, Apple, Facebook y Amazon).

Es probable que ninguno de los dos bandos retroceda. Trump tiene antecedentes de aplicar aranceles punitivos a supuestos aliados, como hizo el año pasado con la UE respecto al acero y el aluminio. Su oficina comercial ha calificado oficialmente el impuesto de Francia como discriminatorio; sería extraño que no siguiera adelante. Del mismo modo, Macron y Le Maire han sacado provecho político de machacar a las Big Tech. No se les puede ver ceder a la intimidación de Trump, muy vilipendiado en Francia.

No es un buen augurio para el ambicioso intento de la OCDE de actualizar el impuesto de sociedades para la era digital. Hasta ahora ha logrado mantener a bordo tanto a Francia como a EE UU. Su plan facultaría a las principales economías a gravar algunas ganancias que ahora se esconden en paraísos fiscales como Irlanda. Es difícil ver a Trump y Macron discutiendo amigablemente los detalles en medio de una riña comercial. La mayor víctima de la guerra del queso será la sensatez fiscal.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías