El plan de Repsol para ser sostenible sin dejar de ser rentable

En un entorno en el que los discursos en favor de una economía verde cotizan fácilmente al alza, la compañía destaca por su compromiso y pragmatismo

En la carrera por cumplir con los objetivos de sostenibilidad acordados globalmente para el año 2050 habrá muy probablemente ganadores y perdedores, y los habrá no solo entre los Gobiernos, sino también entre las empresas, especialmente entre aquellas ligadas a sectores de elevado impacto medioambiental. Precisamente por ello, la decisión de adelantarse en el complejo proceso de transformación que exige aspirar a ser una empresa sostenible constituye una medida responsable, pero también fuertemente estratégica, más aún en un marco cada vez más regulado y condicionado por la defensa medioambiental. El plan anunciado ayer por Repsol para transformarse en una compañía verde se encuadra en este contexto, el de un mercado que valorará y penalizará de forma creciente a las empresas por su compromiso ecológico y el de una legislación que sancionará duramente a quien no cumpla sus requerimientos. La petrolera que preside Antonio Brufau ha diseñado una hoja de ruta para alcanzar el objetivo de cero emisiones netas de CO2 en 2050, lo que implica revisar la valoración de sus activos mediante deterioros y provisiones multimillonarias que tendrán un impacto de 4.800 millones netos en los resultados de 2019.

En un entorno en el que los meros discursos en favor de una economía verde y descarbonizada cotizan fácilmente al alza, el plan de Repsol destaca por su compromiso y su pragmatismo, así como por evitar que el peso de su ejecución dañe la generación de caja o recaiga sobre los accionistas. La revisión del valor de los activos incluirá principalmente los vinculados con la exploración y producción de hidrocarburos en Estados Unidos y Canadá. El plan redefine las metas de reducción del indicador de intensidad de carbono sobre la base del año 2016 para alcanzar el 10% en 2025, el 20% en 2030, el 40% en 2040 y las cero emisiones netas en 2050. Aunque la petrolera confía en la tecnología para rebajar al menos un 70% el montante total, se contemplan medidas complementarias, como la reforestación de bosques, al tiempo que nuevas inversiones en proyectos de energía renovable, un incremento en el objetivo de capacidad de generación de electricidad baja en carbono y la expansión hacia nuevos mercados limpios.

La pieza de cierre de esta estrategia es el respaldo efectivo y no meramente nominal del plan por parte de la dirección de la compañía, incluido su consejero delegado, al vincular el 40% de la retribución variable a largo plazo al cumplimiento de los objetivos. Es el mejor modo de hacer creíble ante el mercado y los accionistas el compromiso de Repsol para convertirse en una empresa que siga siendo rentable, pero también sostenible.