Cómo tejer una red de contactos al estilo de la universidad anglosajona

Campus como Columbia, Harvard o Stanford enseñan a sus alumnos a moverse en el ‘networking’

Cómo tejer una red de contactos al estilo de la universidad anglosajona
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Desde hace casi tres años, Juan Gómez Vega, argentino de nacimiento, es el director de relación con inversores de la promotora inmobiliaria Neinor Homes. Previamente, en Nueva York, Londres o su tierra natal, pasó por firmas como Morgan Stanley, Deustche Bank o Lone Star. Y antes de eso, tras estudiar Económicas, salió de la Columbia Business School, escuela asociada a la Universidad de Columbia –la octava mejor del mundo según el Ranking de Shanghai– con su título de MBA. Fue precisamente allí, cuenta, donde vio la gran brecha que hay entre el mundo anglosajón y el resto de países (latinos, europeos y asiáticos) a la hora de establecer contactos profesionales. Lo que se conoce como networking.

“En Argentina, como en muchas otras regiones, no existe la cultura de los contactos. Si tú le dices a alguien que te gusta su trabajo y que quieres tomar un café con él, va a pensar que quieres robarle el puesto. Sin embargo, estando en Columbia me di cuenta de que tejer esas redes era algo natural para mis compañeros educados en Estados Unidos”, explica. Esto suponía una clara desventaja para los foráneos a la hora de moverse en el mundo laboral, contactar con empleadores o relacionarse con otros alumnos o profesionales de diferentes empresas.

Gómez Vega tomó cartas en el asunto y elaboró un plan para dar la vuelta a una situación que “suponía una gran barrera para los extranjeros, que no teníamos esas habilidades en nuestro kit de herramientas”. Hoy, su protocolo ha cogido la forma de un decálogo que la propia Universidad de Columbia utiliza, a través de su departamento de carrera, para asesorar a todos sus alumnos. “Creo que son consejos especialmente útiles para todos los perfiles interesados en desarrollarse profesionalmente en altos puestos directivos, en los que a nivel internacional domina la cultura y modos anglosajones”, explica.

Más allá de la anécdota, lo cierto es que los grandes campus estadounidenses y británicos cuidan desde hace tiempo la formación en este tipo de habilidades. La Universidad de Columbia es un buen ejemplo. Otro es la Universidad de Harvard, la mejor del mundo según el citado ranking, que organiza a través de su propio departamento de carrera reuniones de carácter mensual destinadas a estudiantes y empleados para mejorar todas estas capacidades. También para promocionar en la propia entidad educativa. “Un currículo sólido, una carta de presentación bien escrita y una experiencia laboral relevante ayudan a cualquiera en su búsqueda de trabajo. Pero la creación de redes es una herramienta crítica que, a menudo, se pasa por alto. Relacionarse con personas clave brinda oportunidades que de otro modo no se conseguirían”, explica Melissa Brown, directora del departamento de la conocida entidad.

En los mismos términos hablan desde el departamento de carrera de la Universidad de Stanford, la segunda mejor a nivel global. Para ello está, señala Susan Jones, portavoz del vicerrectorado de asuntos estudiantes del campus, el organismo BEAM, que intenta potenciar las conexiones de los estudiantes con el mundo laboral. “Nuestros educadores se citan con los estudiantes para ayudarlos a explorar caminos profesionales, identificar y solicitar oportunidades, y cultivar redes personalizadas que dan forma a su trayectoria, en función del sector en el que están interesados”.

Uno de los consejos es romper con la timidez o la inseguridad arraigadas en tantas culturas

Muchas de las recomendaciones que dan los campus, por ejemplo el de Columbia, están destinadas a romper con la timidez o inseguridad arraigadas en varias culturas. “Hay que hablar de nuestros logros comprendiendo que eso no es presumir. En muchos lugares, recalcar lo que hemos conseguido o lo que hacemos bien está visto como algo prepotente. Pero en las redes de contacto de estilo americano esto es algo común y bien visto”, cuenta Juan Gómez Vega. También es importante, prosigue el directivo de Neinor, ser conciso a la hora de entablar una conversación, más todavía en este tipo de círculos, en los que ganarse un contacto puede depender de un saludo rápido tras un evento, de una subida a la novena planta en ascensor o de un café rápido. “Hay una ventaja que tienen los anglosajones, y es que saben empezar por el final, por la idea principal, y luego ir desarrollando. El latino generalmente lo hace al revés, y tarda más tiempo de lo normal en ir a los números y a las conclusiones”, explica.

El decálogo de Columbia también incluye consejos como elaborar una lista de las empresas por las que cada cual siente atracción, solicitar un encuentro con alguien que trabaje allí –incluso el posible futuro jefe–, llevar un registro de todo lo que se va consiguiendo y hacerse con los servicios de un mentor que sepa ver los puntos débiles del candidato o los posibles vacíos que hay en su currículo. “El peor enemigo del networking siempre eres tú mismo, porque aunque tengas una carrera y un expediente impecables, si no los sabes vender, no valen de nada”, añade.

Las universidades españolas, aunque a la zaga de las anglosajonas en el desarrollo e implementación de estas herramientas, también intentan poco a poco subirse a la ola. La Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) cuenta con un departamento de ocupabilidad que trabaja en varias líneas para ayudar a sus estudiantes a desarrollarse profesionalmente en función de sus estudios. “Hablamos de prácticas extracurriculares, de inserción laboral con bolsas de trabajo, de orientación profesional... Y también de competencias transversales como el networking, la elaboración de un currículo, la generación de ideas, el trabajo en equipo o el emprendimiento”, señala Sara Moreno, vicerrectora de alumno y empleabilidad de la UAB.

El mayor riesgo de esta tarea es no saber vender el propio expediente o currículo

Lo que más llama la atención de los estudiantes, cuenta Moreno, es sin duda todo lo que atañe a las prácticas en empresas, “que sigue siendo la demanda principal”. También tienen mucho seguimiento todas las formaciones enfocadas a un sector concreto. Los cursos más genéricos, relacionados con las redes de contactos o con salir airoso de una entrevista de trabajo “de entrada tienen menos interés, pero con el paso del tiempo cada vez tienen más seguimiento”.

Algo parecido cuentan desde la Oficina de Prácticas y Empleo (OPE) de la Complutense de Madrid. “Las universidades españolas llevamos mucho tiempo destinando recursos a estas áreas, como la orientación o la formación de empleo. Es cierto que antes estaba todo más enfocado al individuo, y ahora tienen más peso los talleres prácticos grupales, con un máximo de 20 estudiantes”, continúa Lola Dorado, directora de la OPE. Son talleres cortos, que sirven para identificar el objetivo y desarrollar la estrategia a seguir. Desde elaborar un currículo diferenciador a mejorar el estilo de comunicación y construir una red de contactos”. La UCM lleva seis cursos con este método, y suelen inscribirse unos 5.000 estudiantes al año.

Todo esto, dice Dorado, contribuye a cerrar ese abismo que había entre el mundo académico y laboral. “Quizá, para desarrollar esas habilidades de forma completa, habría que empezar a trabajarlas desde edades más tempranas”, añade. Es lo mismo que cree Mark Gibson, director en España de la red de networking BNI, que cuenta en el país con 7.500 miembros y con 260.000 en todo el mundo. “La forma de relacionarse en España es más profunda que en los países anglosajones, y para muchas cosas es mejor. El gran desafío es que aspectos como el liderazgo, la comunicación, el trabajo en equipo o la independencia tardan más en enseñarse. Por eso, los jóvenes de países como Reino Unido o Estados Unidos están mucho más avanzados en esto”.

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