Los que pagarán la factura del Brexit duro

Dado el peso de los alimentos en el gasto de los hogares, las bajas rentas serán las más perjudicadas

Los que pagarán la factura del Brexit duro

Ya han pasado más de tres años desde el referéndum y el Reino Unido no ha salido todavía de la Unión Europea, lo que está provocando que las instituciones británicas soporten una presión sin precedentes. En efecto, el Brexit constituye la crisis más grave en el Reino Unido desde la Segunda Guerra Mundial y está dando como resultado una sociedad muy polarizada.

 Cualquiera que haya visitado recientemente el país habrá tenido ocasión de comprobar que la decisión de abandonar la Unión ha dividido profundamente a la sociedad: entre centro y periferia, entre jóvenes y menos jóvenes, entre personas con niveles de formación elevada y sin ella, entre naciones en el interior de las islas británicas, a los partidos gubernamentales tanto conservadores (denuncias de Cameron y J. Mayor a Boris Johnson por mentir a la reina) como los laboristas (Corbyn se enfrenta a una batalla, entre los suyos por su falta de definición), pero también entre miembros de una misma familia (dimisión del hermano de Boris Johnson), lo que conduce a tensionar la convivencia debido a la divergencia política. Los ingleses no son muy dados a hablar de política entre ellos por considerar que es una fuente de tensiones. Pero en esta ocasión se han roto todos los comportamientos adecuados al buen uso (he presenciado cómo los hooligans se oponían con malos modos a los manifestantes anti-Brexit).

El Brexit también alcanza al continente, ya que constituye la crisis más grave que han tenido las instituciones europeas desde su creación. Se corre el riesgo de seccionar a la UE de uno de sus socios más significativos. Y lo que puede ser peor, servir de ejemplo para Gobiernos o países que pueden verse animados a seguir los mismos pasos. En definitiva, una situación que no beneficia a nadie. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, califica la situación: cada parte es perdedora (en inglés, lose-lose).

En el momento de publicarse este artículo nadie sabe cómo va a terminar esta crisis. Los hechos se suceden de una manera vertiginosa. Recientemente visité una librería inglesa con el fin de adquirir un libro que tratase sobre el tema y me contestaron que solo tenían uno ya que los hechos se suceden con tanta rapidez que los libros quedan muy pronto obsoletos.

Sin embargo, sí que es posible apreciar, aunque la salida no se haya consumado, expectativas negativas que curiosamente son negadas por los británicos, al manifestar que los datos que se suministran son fake news (falsas noticias) y se publican para asustarles desde el propio continente. De momento, la economía británica ha regresado al tercer puesto europeo y al séptimo mundial. Como sabemos, la economía no está solo hecha de tasas de cambio, de fiscalidad y de tipos de interés, sino también de confianza, y su peor enemigo es la incertidumbre.

Por ello, ante un aumento en la probabilidad percibida de un Brexit sin acuerdo, Reino Unido ha bajado aún más las tasas de interés, lo que ha conducido a una significativa depreciación del tipo de cambio de la libra esterlina. Se necesitan más libras esterlinas para comprar la misma cantidad de moneda extranjera. Y, a su vez, ello se ha traducido en la aparición de tendencias inflacionistas. Así, según un informe del Bank of England, la decisión del Reino Unido de abandonar la UE ha generado un aumento considerable de la incertidumbre. De este modo, se estima que la anticipación del Brexit ha reducido gradualmente la inversión en aproximadamente un 11% durante los tres años posteriores a la votación de junio de 2016. Además, también disminuyó la productividad entre un 2% y un 5% durante el mismo período.

Gibraltar tampoco es ajena a la onda expansiva. El gigante del juego online Bet365 ha decidido trasladar el 80% de su plantilla a Malta. En concreto, 400 de sus 500 empleados.

Si no hay acuerdo, el Reino Unido quedará desde el 1 noviembre bajo el régimen de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que establece los aranceles recíprocos en función del tipo de productos.

En este sentido, no debemos olvidar que la exposición de los hogares al gasto en productos de alimentación en el país es bastante elevada y, por ello, van a tener un impacto sustancial en los precios que los hogares pagan por los alimentos.

Un tercio del valor de los alimentos comprados por los hogares es importado, y la principal fuente de importación de alimentos es la UE, según el Institute for Fiscal Studies. Ello tiene como consecuencia que los cambios en los costes de las importaciones, por ejemplo, a través de cambios en los aranceles o movimientos en los tipos de cambio, probablemente tengan un impacto particularmente elevado en los precios de los alimentos. Tengamos en cuenta que la décima parte de los hogares con los ingresos más bajos destina el 23% de sus gastos a alimentos, en comparación con el 10% de la décima parte de los ingresos más altos. Por tanto, los hogares pobres se verán más afectados por los aumentos en el nivel general de los precios de los alimentos.

En resumen, el caso emblemático del Reino Unido, creador de la democracia parlamentaria, nos da un ejemplo elocuente de las tensiones y nuevas fragilidades de las democracias occidentales que ponen en evidencia sus propios principios frente a sus propias poblaciones y líderes populistas que pretenden defender sus intereses.

Vicente Castelló es Profesor de la Universidad Jaume I y miembro del Instituto Interuniversitario de Desarrollo Local