Gestión de activos

12.000 millones de euros en fondos “caducan” por el rally de los bonos

Productos con vencimiento en 2027 han logrado ya sus objetivos, debido a la escalada del precio de la deuda

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os bonos en 2019 ha tenido un efecto colateral: la caducidad anticipada de decenas de fondos de inversión. Se trata de instrumentos que prometían al cliente la obtención de una rentabilidad mínima, ya fuera garantizada o sin un seguro específico, a largo plazo. Al haberse alcanzado ya la rentabilidad incluida en el folleto, el particular no tiene ningún aliciente en permanecer en ese vehículo. Esta circunstancia afecta a inversiones por un importe cercano a los 12.000 millones. Los vencimientos llegaban a 2027.

La CNMV sigue de cerca este fenómeno y exige a las gestoras que manden cartas o llamen por teléfono a los clientes cuyos fondos hayan agotado ya su potencial de rentabilidad, como publicó CincoDías el 17 de junio. En total, 57 productos han caducado en el año en curso (véase gráfico con las carteras de mayor tamaño que han informado desde finales de junio), según han comunicado al supervisor.

Los fondos de rentabilidad objetivo se vendieron con intensidad a partir de 2013. Estaban destinados a inversores muy conservadores. Su funcionamiento es muy básico: compran una cartera de renta fija que genera unos intereses. En los que no están blindados, si se mantiene la renta fija hasta el vencimiento, los inversores lograrán el interés prometido cuando expira la deuda, salvo que se produzca algún problema con alguna emisión –un improbable impago, por ejemplo– o si se solicitan reembolsos anticipados. En las carteras garantizadas, una entidad, normalmente el banco del grupo de la gestora, asegura la rentabilidad mínima.

Cuando los bonos que el fondo tiene en cartera se revalorizan (el precio de la deuda se mueve de forma inversamente proporcional a la rentabilidad) antes del vencimiento, el fondo alcanza su objetivo de rentabilidad mucho antes de lo previsto. Así, la cotización del bono soberano español que vence en octubre de 2029 se ha disparado en torno al 6% desde mediados de junio.

Un ejemplo de este tipo de productos es el fondo Santander Cumbre 2024, lanzado en 2018 y que cuenta con un patrimonio de unos 500 millones de euros.

El producto tiene un objetivo de rentabilidad máxima, no garantizada, del 0,55% anual. El fondo paga al partícipe cada año un 0,4% de cupón. Si para mayo de 2024 el nivel de Ibex 35 es superior al de noviembre de 2018, el fondo abonará un 1% más. En el mejor caso, el cliente logra un 3% en cinco años y medio. Ahora bien, como los activos en los que invierte el fondo Santander Cumbre 2024 (fundamentalmente, bonos emitidos por el Tesoro español) se han revalorizado con fuerza, el vehículo acumula ya una rentabilidad del 4,71%.

¿Para qué mantenerse entonces en un fondo así? Es como si un montañista hubiera pagado al guía una cantidad por hacer cumbre. Una vez subida la montaña, ¿por qué quedarse arriba?

En la carta que Santander Asset Management ha remitido a la CNMV se recuerda que el dueño del fondo “puede reembolsar su participación en cualquier momento sin comisión o gasto alguno”, o traspasarlo a otro fondo de inversión. Solamente entre junio, julio y agosto, las gestoras han comunicado al regulador la existencia de 36 fondos caducados, con un importe acumulado de más de 5.100 millones de euros, que se suman a los 6.800 millones que había a mediados de junio, según explicó Sebastián Albella en un acto público celebrado el día 21 de ese mes.

Las entidades que más han recurrido a estos fondos de rentabilidad objetivo son las gestoras de los grandes bancos (Santander, BBVA, Bankia...), pero también algunas pequeñas entidades financieras del País Vasco, como son los casos de Caja Laboral (una cooperativa de crédito ligada al Grupo Mondragón) y Bankoa (un banco controlado por el grupo francés Crédit Agricole).

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