La lucha global por los impuestos de las Big Tech no ha hecho más que empezar

Los europeos estudian cómo captar más tributos de las tecnológicas, pero EE UU también aspira a ello

Un activista disfrazado de Mark Zuckerberg, protestando durante una reunión del Ecofin en Bruselas.
Un activista disfrazado de Mark Zuckerberg, protestando durante una reunión del Ecofin en Bruselas.

Quién cobrará impuestos a Google y Facebook? Este es el núcleode un debate muy técnico entre 130 países a través de la OCDE. Los principales Gobiernos europeos quieren más dinero de las Big Tech, pero es probable que los estadounidenses se resistan. Eso dificulta la autoimpuesta fecha límite de 2020, y plantea la posibilidad de gravámenes locales descoordinados seguidos de contramedidas punitivas por parte de EE UU.

¿Quién decide dónde pagan impuestos las multinacionales? Las empresas los pagan en el lugar donde declaran un beneficio. Pero suele ser distinto de donde tienen lugar sus ventas reales, ya que pueden asignar ganancias a filiales extranjeras. Se supone que las normas acordadas a nivel mundial sobre esta transferencia de beneficios garantizan el pago de impuestos donde se crea el valor de una empresa, por ejemplo, mediante la inversión en activos físicos o propiedad intelectual. En el mundo digital, la cosa es más complicada.

Imaginemos que Coca Cola compra espacio de publicidad a Google, y que un usuario de París hace clic en el anuncio, generando ingresos para Alphabet. ¿Dónde debe pagar Sociedades? El único dinero que cambia de manos lo hace entre dos compañías con sede en EE UU. Mientras, Google puede declarar los ingresos a través de su filial de Irlanda, cuya baja tasa de Sociedades ha llevado a muchas tecnológicas a establecerse allí. Por tanto, de forma contraintuitiva, Google podría deber muy pocos impuestos en Francia, a pesar de que fue allí donde tuvo lugar el clic y la visualización del anuncio, y pese a que el personal local de Google pudo facilitar la compra del anuncio.

Los franceses tienen un problema con esto... al igual que británicos, alemanes, españoles, italianos, indios y otras economías importantes, todas las cuales están tratando de establecer un sistema mejor a través de la OCDE.

Hay una gran dosis de interés propio, por supuesto. Apple, Microsoft, Alphabet, Facebook y Amazon generarán un beneficio combinado antes de impuestos de 192.000 millones de dólares este año. Y a diferencia, digamos, del sector minorista, sus ingresos crecen rápidamente. Los ministros de Finanzas, como el francés Bruno Le Maire, consideran que es un buen momento para obtener parte de los ingresos fiscales potenciales, en particular tras el golpe a la reputación de las Big Tech de sus escándalos por la seguridad de los datos.

Pero también es cuestión de principios. Las cifras de Bruselas sugieren que las empresas digitales internacionales pagan un tipo impositivo medio efectivo del 10% en los 28 países del bloque, frente al 23% de las empresas cuyos negocios son mayormente no digitales. Esto, que se deriva en parte de conceptos anticuados de la legislación como “establecimiento físico”, supone una ventaja injusta para las tecnológicas –ligeras en activos–, argumenta la UE.

La OCDE estudia propuestas muy numerosas y variadas. Su programa de trabajo está repleto de jerga fiscal como “reparto fraccionado” y “reparto modificado de beneficios residuales”. Pero hay un punto en común: Las tecnológicasdeberían pagar impuestos en parte según dónde estén sus usuarios, en lugar de simplemente según dónde tengan establecimiento permanente.

El Tesoro británico, por ejemplo, publicó un documento en marzo en el que argumentaba que la participación de los usuarios crea valor para las tecnológicas. Cuando usted publica un enlace o información personal en un portal como Facebook, ayuda a crear parte del producto que acaban comprando los anunciantes. Ese valor debería gravarse de alguna forma, sostiene Londres. Otro enfoque, también en estudio en la OCDE, consistiría en asignar los derechos de imposición en parte según la actividad local de marketing y ventas, así como de los datos de que disponen las firmas sobre los clientes.

No está claro que Donald Trump haya leído los numerosos documentos publicados por los europeos y la OCDE. Pero sí ha advertido las medidas de emergencia que han legislado Francia y Gran Bretaña para el caso de que las conversaciones internacionales se desmoronen. Ambos podrían seguir a España e Italia con un impuesto del 2%-3% sobre los ingresos de los servicios digitales locales, dirigido principalmente a los gigantes tecnológicos de EE UU, si las negociaciones de la OCDE fracasan. Trump ha amenazado con aplicar aranceles a Francia como respuesta, y dijo que Gran Bretaña podría no conseguir un acuerdo comercial pos-Brexit a menos que retirase el impuesto planeado.

Entonces, ¿tendrá éxito el proceso de la OCDE? Pregúntele a 10 expertos en impuestos y obtendrá 10 predicciones diferentes, pero muchos están de acuerdo en que la fecha autoimpuesta de 2020 parece ambiciosa. Parte del problema es la reforma fiscal de Trump de 2017, que redujo Sociedades del 35% al 21% e introdujo multas a las compañías que trasladan sus ganancias al extranjero para ahorrarse impuestos. Se pareció mucho a un intento de quedarse una porción más grande de las ganancias tributables de las Big Tech y traerlas de vuelta a casa. Otros países aspiran al mismo pedazo de pastel.

Un último problema es que los Gobiernos del resto del mundo sienten que es una buena política martillear a los gigantes digitales ahora mismo. Eso reduce las probabilidades de que se conformen con un compromiso simbólico; Francia considera que su impuesto digital unilateral podría aportar 500 millones de euros. Un funcionario del Tesoro de EE UU, por su parte, dijo en junio que el proceso de la OCDE debería “centrarse en la reasignación de los beneficios que estén por encima de lo normal”, una forma de pedir que no se intente nada demasiado radical. La lucha global por los impuestos de las Big Tech puede que no haya hecho más que empezar.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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