El BCE planea convertirse en competidor directo de los bancos

Los prestamistas deben entender que su futuro está en los servicios de mayor valor añadido.

La desintermediación de la economía es un proceso sin marcha atrás. Lo saben bien sectores como la distribución en todos sus segmentos, el transporte de viajeros en todas sus modalidades o la actividad financiera en todo su espectro de productos y servicios. La tecnología, la digitalización y las nuevas potencias de internet juegan un papel en todas las actividades que no solo ha revolucionado las estructuras empresariales sino la misma forma de hacer y entender los negocios. Y lo está haciendo hasta lo más profundo y con un horizonte infinito de posibilidades de futuro inimaginable. El resultado, por lo general, está llevando a aumento de la competencia, simplificación de los procesos y abaratamiento para el cliente.

Esta revolución se ve con máxima intensidad en el sector financiero. Más allá de la coyuntura de los mercados, de la larga era de tipos cero, de las crecientes exigencias regulatorias o de la caída en picado de las comisiones, la relación banco-cliente ha cambiado para siempre por la fuerza de la tecnología. La competencia de las fintech ha conmovido las estructuras de la actividad, de modo que ha entrado en un profundo y obligado proceso de reinvención que, lejos de tener fin, se antoja como permanente.

En este contexto, el Banco Central Europeo (BCE) ha puesto en marcha un proyecto que puede añadir inquietud extra al negocio. El organismo prepara un mercado propio para vender deuda en la UE que desafiará a la gran banca. Su plan es lanzar una plataforma con el objetivo de poner fin a la fragmentación en la venta de deuda en Europa, y modernizarla con un modelo similar al existente en EE UU o Japón. La herramienta automatizaría un proceso que ahora es en gran parte manual, en el que los bancos colocadores ponen en contacto a los emisores

–sean países o compañías– con los inversores para casar oferta y demanda. Y también incluye un servicio posterior de depósito y custodia. La deuda seguiría cotizando en los mercados secundarios, como los españoles AIAF o MARF. La plataforma, denominada EDDI (European Distribution of Debt Instruments), pretende crear un “canal paneuropeo, neutral y armonizado para la emisión y distribución inicial de valores”, según el BCE, que a la vez explica que ahora los inversores “dependen en gran medida del banco para interactuar con los emisores”.

Aunque el BCE remarca que no pretende eliminar intermediarios y que no será en ningún modo obligatorio, sí es un torpedo más en parte del negocio de la banca, sobre todo la de inversión, que además llega con el sello de calidad del regulador. Es previsible una intensa oposición de la banca al nuevo competidor que le ha salido. Tanto, como que debe entender que su futuro está en orientarse cada vez más a los servicios de mayor valor añadido.

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