El descontento de los hongkoneses se debe también a la economía

Las autoridades no han abordado la creciente desigualdad de los ciudadanos, que ha apuntalado su ira política

La hongkonesa Zaleena Ho (22 años), que vive con sus padres.
La hongkonesa Zaleena Ho (22 años), que vive con sus padres.

El descontento es el coste recurrente de la procrastinación de la élite de Hong Kong. Los precios de las viviendas han subido y los magnates se han enriquecido, mientras los funcionarios acumulan reservas fiscales. Las protestas de hoy se centran en la resistencia a la influencia de Pekín, pero la obstinada indiferencia de los funcionarios locales ante la desigualdad desde la última ronda de disturbios en 2014 ha avivado las llamas.

Ninguna de las demandas de los manifestantes se centra en el dinero. Una propuesta mal concebida de permitir la extradición a la China continental provocó su ira, y su lista de deseos se ha ampliado desde entonces para incluir el sufragio universal y una investigación sobre la conducta de la policía.

Sin embargo, los problemas económicos han apuntalado el descontento, especialmente para los jóvenes hong­koneses que forman la primera línea de las manifestaciones a favor de la democracia. Cuando la jefa ejecutiva Carrie Lam asumió el cargo en 2017, la brecha de riqueza de la ciudad había alcanzado su nivel más alto en más de cuatro décadas. A pesar de las señales de alerta, el Gobierno no ha logrado mejorar las perspectivas.

Un trabajador típico ganaba alrededor de 34.000 euros en 2018, lo que equivale al 4% de la remuneración de un directivo en el conglomerado local CK Hutchison. Las casas cuestan en promedio más de 19 veces los ingresos de una familia, y en su mayor parte son pequeñas. A las familias poderosas se les ha permitido aumentar el control de casi todos los aspectos de la vida económica. Los propietarios de las cadenas de supermercados Wellcome y Park’n’Shop, por ejemplo, tienen una cuota de mercado combinada del 71%.

Al igual que sus predecesores, Lam prometió crear empleos y lugares asequibles para vivir. Ella produjo un modesto aumento en el gasto. Sin embargo, su controvertido plan de abordar la crisis de la vivienda mediante la construcción de islas artificiales no estará listo hasta dentro de más de una década.

Después de semanas de protestas, el Gobierno dio a conocer el jueves sus planes para apoyar una economía debilitada, incluyendo subsidios para los más desfavorecidos. Sin embargo, las limosnas no despejarán las calles. Los desacuerdos sobre la relación de la región administrativa especial con Pekín son profundos y se extienden por las clases sociales. Aun así, abordar la decadencia de la calidad de vida es el siguiente paso obvio cuando los manifestantes acaben regresando a sus hogares.

El aumento de la generosidad de los sistemas de bienestar ayudaron tras los –más violentos– disturbios que asolaron la entonces colonia británica en 1967. Hay unos 2 billones de dólares hongkoneses (230.000 millones de euros) en las arcas de la ciudad, suficiente potencia de fuego para transformar la vivienda pública, la atención sanitaria y la educación. Sin ellos, es poco probable que una nueva tregua dure.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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