Los bonos del Banco Mundial son un modo extraño de combatir el ébola

Países como el Congo tienen un incentivo para dejar que se propague a países vecinos, como Uganda

Inoculación de una vacuna contra el ébola en Uganda, cerca de la frontera con la República Democrática del Congo.
Inoculación de una vacuna contra el ébola en Uganda, cerca de la frontera con la República Democrática del Congo.

Los bonos contra el ébola parecen una buena idea. Combinar las buenas intenciones de los Gobiernos interesados con los incentivos del mercado parece una forma prometedora de luchar contra el último brote de este mal, en el que ya han muerto 1.800 personas. Pero el conjunto es menos que la suma de sus partes.

Con un bono normal a tres años, el inversor da efectivo, recoge tres cupones anuales y recupera su capital a menos que el emisor quiebre. Los 425 millones de dólares en estos bonos añaden un giro macabro: los compradores, en este caso inversores institucionales como Baillie Gifford, pierden hasta la camisa si muere suficiente gente a causa del ébola, u otras enfermedades como el SARS o el virus de Marburgo. Si bien esto puede ofender a los aprensivos, significa que el emisor de bonos –el Banco Mundial– pueda desviar dinero hacia los países afectados.

Pero hay una extraña letra pequeña. Aunque el brote actual en la República Democrática del Congo es pequeño comparado con el que mató a 11.000 personas en África Occidental en 2013-16, parece suficiente para justificar los pagos. Pero para ello el ébola debe matar al menos a 20 personas en al menos otro país. Hasta ahora, la vecina Uganda solo ha tenido dos víctimas. Así que en lugar de los 45 millones que se pagarían a las 250 muertes, los 90 millones acumulados tras 750 muertes y los 150 millones por 2.500 bajas, los Estados necesitados no reciben nada.

Así, a los guardianes del capital privado de Baillie Gifford les conviene prevenir la propagación del ébola más allá del Congo hasta que se liberen los bonos, en julio de 2020. Por contra, las autoridades congoleñas tienen un incentivo para dejar que se traslade a Uganda. También lo tienen Alemania y Japón, que cubren el cupón anual de 36 millones de los bonos.

Dada la falta de datos y la dificultad para hacer un modelo, los inversores no pueden saber si su cupón del 8,5% es una ganga. Aparte de los bonos, el Banco Mundial ha entregado más de 380 millones en ayuda financiera convencional. Si el objetivo es solo salvar vidas, podría dedicarse más a esta fórmula.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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