Los manifestantes de Hong Kong consiguen una victoria pírrica

La violencia asustará a las grandes empresas y podría dar a Pekín un pretexto para atacar

Manifestantes rompiendo las ventanas del Parlamento de Hong Kong.
Manifestantes rompiendo las ventanas del Parlamento de Hong Kong.

Los manifestantes de Hong Kong tomaron triunfalmente el Parlamento de la ciudad, pero hay poco que celebrar. En medio de otra marcha contra un controvertido plan de extradiciones a la China continental, una facción irrumpió en el edificio vacío el lunes por la noche y lo destrozó. La violencia debilitará parte del apoyo al movimiento, asustará a las grandes empresas y podría dar a Pekín un pretexto para atacar.

Las multitudes irrumpieron en el lugar antes de que la policía usara gas lacrimógeno para dispersarlas. Las impactantes imágenes transmitidas por todo el mundo contrastaban con las anteriores manifestaciones, más pacíficas, en las que multitudes masivas se abrían amablemente para permitir el paso de autobuses y ambulancias.

El grupo, carente de líder, hizo sus demandas alto y claro. De madrugada, Carrie Lam, jefa ejecutiva de la ciudad, condenó el vandalismo después de que una declaración anterior del Gobierno enfatizara que su propuesta sobre extradiciones está congelada en la práctica. El altercado volverá más difícil su final de mandato.

Los manifestantes radicales, sin embargo, corren el riesgo de ahuyentar a sus partidarios locales y extranjeros. Unas 1.500 empresas multinacionales que tienen en Hong Kong su hogar asiático, y que valoran la estabilidad y la seguridad junto con el estado de derecho, valorarán si Singapur o alguna otra ciudad podría ser un mejor centro neurálgico.

Mientras, los manifestantes que esperaban animar el estatus especial de Hong Kong podrían haberlo diluido. Las autoridades de Pekín podrían volverse más activas. Ahora tienen una excusa para justificar el endurecimiento de su control, quizás ampliando su principal representación en la ciudad, la Oficina Central de Enlace, como hicieron tras las protestas de 2003 y 2014.

El frustrado proyecto de ley de Lam y su manejo de la reacción violenta han dividido a los legisladores pro-Pekín y enfurecido a sus oponentes, algunos de los cuales podrían volverse más radicales. Eso dejará al próximo líder de la ciudad en un aprieto aún mayor. Nada de esto se traduce en una victoria clara.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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