Mediaset, una operación con sentido que deja algunas dudas

Aunque se presenta como una fusión entre dos compañías, en la práctica se trata de la absorción de la filial española por parte de su matriz italiana

Mediaset ha decidido fusionarse con su filial española y crear un grupo más amplio para ganar dimensión y competir en un nuevo entorno en el que nuevos actores se están llevando un pedazo cada vez mayor de la tarta del negocio televisivo. Los hábitos de la audiencia están cambiando y operadoras en línea con televisión a la carta, con Netflix y HBO a la cabeza, están ganando el favor del público en detrimento de la televisión tradicional en abierto. Desde ese punto de vista, la idea de crear un gran grupo de televisión que esté abierto a la incorporación de canales de otros países tiene sentido económico y empresarial.

Se trata de ganar tamaño para competir y generar economías de escala, de internacionalizar el modelo, buscar nuevas oportunidades de negocio, facilitar la creación y el acceso a contenidos de calidad, aprovechar el potencial de la tecnología y ahorrar costes. El discurso de la fusión es hasta ese punto casi impecable.

Aunque la operación se presenta como una fusión entre dos compañías que da lugar a la nueva sociedad holandesa MFE-MediaforEurope, en la práctica se trata de la absorción de la filial española por parte de su matriz italiana. Esa absorción se realiza con una ecuación de canje que favorece a los accionistas de Mediaset frente a los de Mediaset España si se toma como referencia la cotización previa al anuncio. El mercado ajustó ayer esa diferencia con caídas en la cotización de la española mientras que las acciones de la italiana subían. En operaciones similares, suelen ser los accionistas minoritarios de la firma absorbida los que reciben una prima. En este caso, solo pueden desvincularse de la operación con un complicado proceso o, si no, volver a ser minoritarios en manos de un accionista de control.

El diseño corporativo de la nueva MFE es el que genera mayores dudas. Fininvest, la sociedad de la familia Berlusconi, controlará en torno a un 35% del capital, pero aspira a tener más del 50% de los derechos de voto con un complejo sistema de acciones de lealtad que refuerce su control. Mediaset no ha comentado siquiera a su segundo accionista, la francesa Vivendi, una operación en la que su participación se verá diluida. Ese diseño societario y la escasa atención a los minoritarios dejan en el aire la duda de si detrás de ese proclamado sentido industrial de la operación no está también un intento de blindar el control del grupo a expensas del resto de accionistas.

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