El Banco de España aboga por ceder parte de sus poderes a la CNMV

La subgobernadora, Margarita Delgado, defiende el modelo ‘twin peaks’ y la Comisión pasaría a vigilar la conducta de los bancos

Margarita Delgado, subgobernadora del Banco de España.
Margarita Delgado, subgobernadora del Banco de España.

El modelo de supervisión financiera en España es una anomalía en Europa. Es uno de los pocos países con tres instituciones que en numerosas ocasiones se solapan en sus funciones: la CNMV, la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones (DGSFP) y el Banco de España. La subgobernadora de este último organismo, Margarita Delgado, se inclina por ceder las competencias de vigilancia de la conducta de todo el sector al actual supervisor de los mercados.

La ministra de Economía, Nadia Calviño, se comprometió a que un Gobierno liderado por el PSOE emprendería la reforma del sistema nacional de vigilancia del sistema financiero. Y, el pasado lunes, la segunda persona que más manda en el Banco de España defendió durante una conferencia en la Universidad de Navarra que el modelo que debe seguirse es el de dos supervisores, cada uno centrado en una labor específica.

Conocido en la jerga regulatoria como twin peaks, este sistema consiste en que haya un único vigilante de la solvencia del sector financiero y otro encargado de hacer que todas las entidades que vendan productos u ofrezcan servicios financieros se comporten de manera adecuada. En la práctica, esta fórmula traspasaría una parte importante de los actuales poderes de supervisión del Banco de España a la CNMV.

El organismo que preside Sebastián Albella se ocupa ahora de controlar los mercados de renta variable y deuda y también es el responsable de que se cumplan las normas de comercialización de algunos, pero no todos, productos financieros. Entre ellos, los fondos de inversión, los productos cotizados (acciones o bonos, por ejemplo), los derivados (opciones, futuros, y warrants, entre ellos) y los estructurados o depósitos que incluyen un derivado en su composición.

La paradoja es que la CNMV no tiene competencias en la comercialización de productos de préstamo (léase, créditos al consumo, hipotecarios y los vinculados a tarjetas de crédito) y de los depósitos clásicos. La actual legislación tampoco le permite ocuparse de la venta de los seguros de ahorro, en la práctica un producto financiero más que se ofrece en las ventanillas de los bancos. Entre ellos, los seguros de ahorro a largo plazo (Sialp), los planes individuales de ahorro sistemático (PIAS), los planes de previsión asegurados (PPA), los seguros de rentas vitalicias o los unit linked. Ademas, tampoco tiene capacidad de actuación sobre los fondos de pensiones. Todos estos instrumentos caen bajo la batuta supervisora de la DGSFP, un organismo que ni siquiera es independiente, sino una dirección del Ministerio de Economía.

El cambio eventual tendría como consecuencia que la CNMV habría de ocuparse de velar por la integridad del mercado y, al mismo tiempo, de la comercialización de todos los productos financieros sin distingos de ningún tipo.

A cambio, el Banco de España tendría que hacerse cargo del control de la solvencia de las empresas de servicios de inversión (sociedades y agencias de valores), gestoras de fondos de inversión y de capital riesgo y, previsiblemente, también de los fondos de pensiones, así como de las aseguradoras. Quedaría por dilucidar el papel de la DGSFP en el nuevo esquema de supervisión. Es decir, si es más eficiente que sus funciones se repartan entre el Banco de España y la CNMV. La reforma propuesta por el anterior Ejecutivo apostaba por su transformación en una agencia independiente, pero que siga en un sistema de doble supervisión no tendría, a priori, sentido.

El Gobierno ha anunciado que promoverá una "reforma de la arquitectura institucional de los organismos de regulación y supervisión en el ámbito de la gobernanza económica". Calviño lanzará un libro blanco para recabar todas las opiniones de expertos y sectores afectados y, por fin, plantear la reforma, que supondrá "avanzar hacia un modelo de supervisión financiera twin peaks". También está en entredicho la continuidad en solitario del supervisor de las auditoras, el Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas (ICAC), empotrado ahora en el Ministerio de Economía.

El modelo que ya se ha impuesto en Europa

Siglo XXI. Hasta finales del siglo pasado, el sistema de supervisión predominante en todo el mundo era el sectorial: con un supervisor para la banca, otro para los seguros y otro para los mercados. Este es el que sigue vigente en España, con el Banco de España, la DGSFP y la CNMV, respectivamente. "Este modelo respondía bien a una estructura de la industria en la que los distintos tipos de entidades desempeñaban primordialmente su actividad en un solo sector", aseguró en 2016 el por entonces subgobernador del Banco de España, Fernando Restoy (también fue vicepresidente de la CNMV entre 2008 y 2012), y hoy presidente del Instituto de Estabilidad Financiera (FSI por sus siglas en inglés), perteneciente al Banco Internacional de Pagos (BIS).

Países. El sistema de supervisión financiera twin peaks se ha impuesto en Reino Unido, Francia, Italia, Holanda o Bélgica, entre otros países.

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