Renta fija

El bono español a 10 años, al filo del 1%: un Gobierno en minoría sería el peor escenario para el mercado

La convocatoria de elecciones no ha generado incertidumbre

Bono español pulsa en la foto

Dos semanas. Ese es el plazo que queda para conocer el resultado que salga de las urnas el 28 de abril. A pesar del nerviosismo que domina la campaña electoral, con cinco líderes políticos que aspiran a ocupar La Moncloa, los inversores se muestran tranquilos. Un reflejo de esta calma es el comportamiento de la deuda, el activo más sensible a los cambios políticos.

La rentabilidad del bono español a 10 años se sitúa al filo del 1%, nivel que llegó a perforar el viernes pasado cuando marcó su cota más baja desde octubre de 2016 (0,98%). “El mercado a día de hoy se está fijando más en el entorno de tipos bajos que existe en la zona y que según apuntó el BCE seguirá imperando en los próximos meses”, afirma David Ardura, director de gestión de Gesconsult. El experto indica que la caída de las rentabilidades no es un fenómeno exclusivo de la renta fija española, sino que se extiende al resto de la zona euro. Los rendimientos de la deuda italiana con vencimiento en 2029 cae al 2,57% desde el 3,68% que marcó hace seis meses; la alemana bordea el terreno negativo; la portuguesa baja al 1,19%, estrechando su diferencial con la deuda española a los 11 puntos básicos, y la griega marcó ayer mínimo histórico (3,28%).

Cristina Gavin, responsable de renta fija en Ibercaja gestión, sostiene que el comportamiento de la deuda española se ha mantenido estable desde que el que 15 de febrero se convocaran los comicios. “Los inversores extranjeros, que son los que más están negociando la deuda española, consideran que el peor de los escenarios posibles es el actual con un Gobierno en minoría y carente de estabilidad a corto y medio plazo”, recalca. A ello la gestora añade que la política fiscal impulsada por el Gobierno de Pedro Sánchez ha seguido las reglas marcadas por Bruselas y destaca que los ministros designados tienen un marcado perfil europeísta.

En un escenario de desaceleración económica en la zona euro, con Italia en recesión y Alemania estancada, la economía española se sitúa a la cabeza. En 2018 el PIB español avanzó un 2,6% frente al 1,8% de la eurozona.

Si bien hasta la fecha las elecciones no han generado incertidumbre añadida, los inversores ponen la vista en los días de después a la consulta y las posibles alianzas para formar Ejecutivo. “La reacción va a depender del equilibrio entre déficit, gasto e ingresos públicos”, remarca Ardura. De esta forma, el gestor señala que si el Gabinete que salga de las urnas apuesta por políticas que generen incrementos del gasto público y del déficit que no puedan compensarse con los ingresos, la rentabilidad de la deuda española girará al alza y esto vendrá acompañado de un repunte de la prima de riesgo. El precedente en Europa es Italia donde la formación de Gobierno populista pasó factura a la deuda, elevando la rentabilidad por encima del 3%, desde el 2% que registró en marzo de 2018, coincidiendo con sus elecciones. Por su parte, la prima de riesgo repuntó 150 puntos básicos en apenas tres meses.

Gavin descarta una situación similar y afirma que si finalmente se produce una coalición de centro derecha, la opción más promercado, los inversores lo celebrarían. No obstante, cree que los niveles que registra a día de hoy el bono español pueden considerarse un suelo y sitúa la rentabilidad de la deuda española en el 1,2% a cierre del año. “Su comportamiento va a seguir estando marcado por el BCE”, subraya.

El mercado, tres años después

En los anteriores comicios el mercado también contaba con el respaldo del BCE. En diciembre de 2015 las compras de deuda se cernían a los bonos soberanos de la eurozona por importe de 60.000 millones al mes. Ya en junio el espectro se amplió a la deuda corporativa y el importe subió a los 80.000 millones. Entre junio de 2016 y diciembre de 2018, último mes que Mario Draghi adquirió activos, las compras de deuda pública española alcanzaban los 155.894 millones.

Los cambios no han quedado ahí. Primero fue S&P y después Fitch. Ambas agencias elevaron el rating de España a A-, un movimiento que ha impulsado la entrada de inversores asiáticos. Moody’s se muestra más conservadora y lo sitúa en Baa1 desde Baa2.

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