Hacia una pronunciada desaceleración económica

Las políticas de estímulo se han convertido en la nueva normalidad monetaria, pero tienen sus inconvenientes

Los riesgos geopolíticos, así como la desaceleración económica que vive la economía global, explican el nuevo rumbo de política monetaria que ha adoptado el BCE. Junto a la paralización en las alzas previstas de tipos de interés, se ha anunciado una nueva ronda de subastas de liquidez, que tienen como fin mantener unas condiciones de financiación favorables y no obstaculizar la actividad económica. Las nuevas inyecciones (TLTRO III) comenzarán en septiembre de 2019 y tienen previsto finalizar en marzo de 2021. Fecha para la que se espera que la situación económica se haya revertido y ya crezca a ritmos más acelerados que los previstos para este año.

Las previsiones de crecimiento para Europa, según las últimas declaraciones de Mario Draghi, presidente del organismo, se sitúan en unos niveles cercanos al 1,1%. Unos ritmos que distan mucho de los registrados durante el año pasado. También la OCDE ha rebajado sus cifras para Europa y proyecta un crecimiento del 1% para el próximo año, lo que reajusta, a la baja, los números del BCE.

La situación económica es muy frágil y una decisión de incrementar los tipos de interés podría asfixiar y debilitar, aún más, la economía global. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), los ritmos de crecimiento para la economía global este año serán del 3,5%. Unos ritmos de actividad que, comparados con los registrados durante el año pasado (3,7%), muestran una clara desaceleración del PIB mundial.

Además, las tensiones proteccionistas no dejan de castigar a las dos economías más poderosas del mundo, que esperan cosechar desaceleraciones del 1% y del 0,6%, respectivamente, para este año.

En el caso de Europa, los ritmos de crecimiento medios durante el año pasado se situaban en torno al 2%, por lo que se trata de una desaceleración brusca, producto de situaciones como el Brexit o los elevados niveles de endeudamiento de determinadas economías, que han acabado por debilitar la europea.

Pese a ello, en mi opinión, la aplicación permanente de políticas de carácter expansivo no es la mejor propuesta para reactivar una economía. Casos como el de España, donde nuestro crecimiento viene impulsado –estimulado– por el aumento de la demanda interna y el gasto público, únicamente generan problemas a futuro. No obstante, es cierto que ante una desaceleración tan pronunciada, la retirada debe ser más suave que en otros escenarios.

Hablamos de que los tipos bajos, la aplicación de estímulos convencionales y no convencionales se ha convertido en la nueva normalidad monetaria, por lo que la aplicación permanente de políticas expansivas deriva en una incapacidad de aplicar nuevos estímulos a la actividad, sobre todo en momentos como el que atraviesa actualmente la economía.

Por último, no debemos olvidarnos de las economías emergentes, que que soportan gran parte del crecimiento económico mundial y que suponen cerca del 60% del Producto Interior Bruto mundial. Para estas, las previsiones no arrojan grandes decrementos, pero sí una fuerte moderación en sus ritmos de crecimiento, producto de unas condiciones de financiación menos favorables y una depreciación en el principal bien exportable de estas economías, las materias primas.

En conclusión, estamos ante unas decisiones que no tienen otro fin que el de devolver a la economía el oxigeno necesario para restaurar esos niveles de crecimiento que, a priori, se pronosticaban para el 2019. Por otro lado, como indicó el Foro de Davos, los países deben basarse más en el cooperativismo, haciendo del crecimiento, un crecimiento más inclusivo y sostenible en el largo plazo.

Francisco Coll Morales es director adjunto de HAC L&M School of New York

Normas