Carlota Muñoz-Vargas: “Prefiero que me vaya peor a hacer chaquetas de 20 en 20”

Dirige una marca de americanas que entre Ginebra y Madrid

Charlotte Blaz

En un luminoso despacho en el madrileño barrio de las Salesas, la fundadora de Charlotte Blaz, Carlota Muñoz-Vargas (Madrid, 1988), dirige el negocio de americanas que lleva imaginando más de una década. “Me he hecho este despacho, un poco como de fashio­nista, porque te da subidón; al final, a la hora de emprender tienes que tener un entorno que te motive para seguir adelante. No es lo mismo trabajar desde el sofá, el despacho te aporta muchísima disciplina”, justifica ante una mesa atestada de revistas y objetos decorativos.

Divide su tiempo entre Madrid y Ginebra (Suiza), donde toma las cafeterías como despacho, y parte su jornada entre la oficina y el pequeño taller de Alcobendas donde se confeccionan sus prendas. “Fue al primero que llamé, me gustó mucho la voz de la persona que me atendió, y luego, en persona, me encantó”, desarrolla. Las coloridas chaquetas, que, a su manera, también forman parte de la decoración de un espacio de paredes inmaculadas, son una de sus obsesiones desde la adolescencia. “Me compraba dos por semana”, confiesa. Y esta experiencia como usuaria le ha sido fundamental a la hora de diseñar las prendas de la marca, que dibuja junto a la patronista e hija del taller familiar en el que cobran vida.

La emprendedora estudió moda en el Instituto Marangoni, pero se encaminó al mundo del marketing en el área de la cosmética. Tras su paso por L’Oréal, el grupo Puig y Coty, se decidió a llevar a cabo su sueño en noviembre de 2018, con una inversión de 20.000 euros, que salieron de sus ahorros y del apoyo de su novio, que también es emprendedor. “Si sale mal, que sea porque he invertido en algo con lo que llevo soñando toda la vida”, confiesa que se dijo.

Dado que los estampados como el ­tartán y el escocés copan los escaparates actuales, se vio obligada a buscar algo con lo que diferenciarse del resto de marcas del mercado. Halló la solución en las tiendas de decoración e imagina sus diseños a partir de telas pensadas para alfombras y cortinas. “Siempre he sido muy atrevida, he llevado chaquetas flúor de todos los colores, pero me daba miedo que a la gente le pareciera demasiado llamativo”, explica Muñoz-Vargas, quien asegura ilusionarse cuando ve las americanas, que pensó que solo gustarían a las clientas más jóvenes, en mujeres de entre 55 y 75 años.

En el primer mes recuperó toda la inversión, a pesar de que no abrió su propia página web hasta finales de enero y vendía solo a través de plataformas multimarca. “Todo el mundo me dice que he ido muy rápido, pero es que llevo toda la vida con el negocio en la cabeza”, bromea. Ahora, tres meses después de lanzarse, acumula una facturación de 39.000 euros y defiende a capa y espada el made in Spain. “Prefiero que me vaya un poco peor el negocio a que me corten chaquetas de 20 en 20”, insiste.

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