Una Europa que debe empezar a prepararse para un cambio de ciclo

Los últimos datos sobre crecimiento confirman que Europa se enfría

Los inversores ven cada vez más improbable que el BCE pueda elevar el precio del dinero antes de que finalice el actual ciclo económico y Europa se tope de bruces con la próxima crisis. El enfriamiento que está experimentando la economía mundial y que, según las previsiones, seguirá avanzando este año y el siguiente hace plausible un escenario que impida a Fráncfort adoptar esa decisión. Aunque la hoja de ruta de Mario Draghi mantiene que los tipos continuarán como están al menos hasta después del verano, el mercado apuesta a que el BCE no los subirá no solo en la segunda parte del año, sino tampoco en 2020 ni durante el primer semestre de 2021. La tumultuosa coyuntura geopolítica actual, la desaceleración que están viviendo la mayor parte de las economías europeas y la incertidumbre sobre la evolución del ciclo económico en Estados Unidos apuntan en la misma dirección. Si la economía estadounidense se desacelerase hacia final de año, la FED podría verse obligada a recortar los tipos de interés, una decisión que haría todavía más improbable cualquier atisbo de subida por parte de Fráncfort. Los últimos datos sobre crecimiento, hechos públicos ayer, confirman que Europa se enfría. El PIB de la eurozona creció un 1,8% el año pasado, lo que supone su ritmo más bajo desde 2014. De las grandes economías europeas, hay dos –Alemania y Francia– que están prácticamente estancadas y una tercera, Italia, que se halla en recesión técnica. España, que sigue creciendo, es la excepción en ese panorama, aunque las nubes que avanzan sobre los cielos europeos extienden la incertidumbre sobre toda la región.

Más allá del escaso margen de decisiones de política monetaria que ofrece este escenario, la gran pregunta es cómo afrontar los rigores de la desaceleración económica y la posibilidad de que el enfriamiento desemboque en una nueva crisis. Como el presidente del BCE ha recordado en la mayor parte de sus discursos de los últimos años, las economías europeas continuan lastradas por rigideces que se resisten a pulir y por reformas estructurales que les cuesta mucho abordar. Incluso aquellas que han puesto en marcha una agenda de reformas, como la española, cuentan con asignaturas pendientes en cartera. Se trata, en el caso de España, de una tarea para el próximo Gobierno, que deberá no solo contar con apoyo y fortaleza suficientes, sino también gobernar sin tentaciones populistas para poder llevarla a cabo.

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