La economía salvó a Donald Trump

Asegura que la renegociación de los tratados de libre comercio beneficiará a los americanos

El presidente de EE UU, Donald Trump, en el discurso sobre la unión el 5 de febrero.
El presidente de EE UU, Donald Trump, en el discurso sobre la unión el 5 de febrero. REUTERS

rump y Bill Clinton compartieron la madrugada del pasado martes al miércoles varias cosas: Clinton dio su discurso sobre el Estado de la Unión en 1995 tras perder las elecciones legislativas de noviembre de 1994. Trump se dirigió al Congreso y la nación con una Cámara de Representantes demócrata, al perder las elecciones de noviembre de 2018. En ambos casos, el índice de aprobación de su gestión era (es) negativo: el 55,3% desaprueba la gestión de Trump y el 41,2% la aprueba. Otro tanto le sucedió a Clinton. También compartieron el índice de aprobación de la gestión de la economía: el 48,6% aprueba a Trump y el 46,6% le suspende. Igualmente sucedió con Clinton hace 24 años.

La gestión de la economía salvó a Clinton y a Trump de ser abucheados en el Congreso; al contrario, muchos de los enemigos de ambos les aplaudieron (republicanos a Clinton y demócratas de toda la vida a Trump). Con los dos presidentes la creación de empleo fue/es fuerte y constante. Enero de 2019 ha sido el centésimo mes de ininterrumpida creación de empleo: solo ese mes se generaron 304.000 puestos de trabajo. Hay pleno empleo, el PIB crece, la sociedad y la empresa se digitalizan –aumentando la productividad– y los mercados de valores viven apogeo tras el momentáneo bajón de diciembre pasado. El índice Nasdaq (empresas tecnológicas) se ha revalorizado un 40% desde que Trump tomó posesión. Demócratas billonarios enfrentados a Trump se han hecho inmensamente más ricos en los dos últimos años: Jeff Bezos ha engrosado su fortuna con 66.000 millones de dólares americanos. Warren Buffett fue muy crítico con la reforma fiscal de Trump, pero dejó de serlo cuando las deducciones fiscales de le devolvieron 22.000 millones de dólares que fueron directamente a su bolsillo. También con Clinton se produjo la explosión de internet y la computación, el mayor crecimiento económico y de productividad del siglo y la más fuerte creación de empleo.

Si Clinton y Trump no hubieran dirigido un país con una economía tan boyante, la reacción a su discurso de la Unión hubiera sido negativa. Sin embargo, por ejemplo, una encuesta de CBS hecha entre aquellos que vieron el discurso de Trump dice que el 76%, aprobó al presidente. Tras repasar los logros económicos de sus primeros años de mandato, Trump se metió a fondo con la inmigración, hoy el mayor punto de de­sencuentro entre demócratas y republicanos. De los 82 minutos de su discurso, 15 fueron dedicados a este tema. Aunque el presidente animó a llegar a un acuerdo con los demócratas, también dejó claro que, aun sin ellos, construirá el muro con México y anunció el envío de más militares al sur para encarrilar la nueva caravana de 12.000 inmigrantes centroamericanos que quieren “saltar la valla”.

En otros temas hubo más consenso y hasta aprobación. Trump prometió bajar el precio de los medicamentos (aspiración demócrata) y lanzó un plan serio de lucha contra el sida. Destacó que nunca en la historia del país la fuerza laboral norteamericana ha tenido a tantas mujeres trabajadoras, al igual que 2019 bate el récord de mujeres legisladoras en el Congreso (131). Trump aplaudió a las mujeres y Nancy Pelosi, sentada detrás de él y tercera autoridad del país, animó a las mujeres a levantarse y aplaudir al presidente.

En política internacional, que en EE UU está vinculada a la seguridad nacional, el presidente enunció logros que obtuvieron respuestas de todos los colores. Todos aplaudieron la nueva reunión del presidente con el líder de Corea del Norte (27/28 de febrero, en Vietnam) para concretar la desnuclearización del país comunista. También hubo unanimidad en cuanto a la estrategia del presidente respecto al cambio político en Venezuela. Y Trump avisó del peligro que el socialismo representa para Norteamérica. Al tiempo que aseguró que Estados Unidos se aferrará a sus ideales fundacionales y nunca caerá en esa ideología, en alusión a las propuestas de Bernie Sanders. Tim Caine, candidato a la vicepresidencia con Hillary Clinton, aplaudió al presidente.

La renegociación de los antiguos tratados de libre comercio (Nafta, con México y Canadá; el acuerdo con Corea del Sur) por otros de los que Trump asegura que van a beneficiar a los trabajadores norteamericanos obtuvieron general aprobación de ambos bandos. Distinto hubiera sido si, en vez de renegociarlos, Trump los hubiera abolido o si la dureza de la aproximación comercial de EE UU a China no estuviera siendo favorable a los intereses económicos americanos. El yuan, moneda no vinculada al dólar, está de capa caída, el déficit comercial chino aumenta y empresas americanas (Apple, Intel) traen producción en el exterior de vuelta a casa.

Puntos que despiertan respuestas ambiguas son el aumento de las sanciones a Irán (que benefician a Arabia Saudí, aliado americano, y empobrecen al pueblo iraní) o el traslado a Jerusalén de la Embajada americana en Israel. Demócratas y republicanos están a favor de Israel, es política de Estado, pero ese movimiento simbólico puede antagonizar al mundo árabe-musulmán aliado con Estados Unidos.

Se ha avanzado en la lucha contra el terrorismo islamista. Trump puso en valor que tras casi expulsar por completo a ISIS de Siria e Irak, es momento de que las tropas vuelvan de Oriente Medio a casa.

El aborto y la defensa del derecho a la vida estuvo presente en el discurso, asentando al electorado del presidente y dividiendo el voto católico demócrata.

América es show-business, también en política. Y al comenzar su discurso bajo el paraguas de “elegir la grandeza”, Trump recordó grandes logros de la historia de América con la presencia de sus protagonistas: héroes veteranos de la Segunda Guerra Mundial, uno de los primeros hombres que pisó la Luna, una niña de diez años que lucha contra el cáncer…

Pero fue Melania Trump, que apareció cinco minutos antes que el presidente con un vestido oscuro que contrastaba con el blanco que llevaban las demócratas (símbolo del sufragismo), quien se llevó el aplauso más fuerte, largo y caluroso de toda la noche.

 

 

Jorge Díaz Cardiel es Socio Director Advice Strategic Consultants. Autor Trump año uno, Hillary vs Trump, Trump, año de trueno y complacencia

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