El mal de ojo de la banca española

Hace caso al BCE y mejora su ratio de capitalización y elimina sus activos tóxicos

El presidente de BBVA, Carlos Torres Vila y el consejero delegado, Onur Genç.
El presidente de BBVA, Carlos Torres Vila y el consejero delegado, Onur Genç.

Las principales entidades financieras ya han presentado sus resultados anuales. Sus cuentas de resultados no han estado tan mal como el castigo que les ha proporcionado la Bolsa, sobre todo a CaixaBank y a Banco Sabadell, con caídas del 7% y del 9% respectivamente el mismo día (el viernes) que explicaban sus ganancias.

La cuenta de resultados de CaixaBank no está mal, es muy similar a la del resto de las entidades. Mientras que la de Sabadell, si se aíslan los problemas que ha tenido el banco con su filial británica TSB por su implantación tecnológica de su cuenta de resultados en España es bastante aceptable, una vez que la entidad ha realizado la mayor parte de la limpieza de su balance en un solo ejercicio, lo que, como es lógico, le ha acarreado un saneamiento extra para cubrir las pérdidas por la venta de su ladrillo. Pero, a partir de ahora, tanto los problemas tecnológicos de TSB, como el saneamiento de sus activos tóxicos forman parte del pasado.

Todas las entidades, de hecho, se han aplicado durante 2018 y han cumplido con las recomendaciones que les ha ido haciendo el Banco Central Europeo (BCE).

Tanto Santander como BBVA y Sabadell han modificado los poderes de sus respectivas presidencias ejecutivas para adaptarse a los cánones que reclama el supervisor europeo. Es verdad que el BCE prefiere presidencias no ejecutivas, pero la normativa española las permite, por lo que la solución que han aplicado estos bancos nacionales ha sido un mix.

De momento, conservan las presidencias ejecutivas, pero con un reparto de poder que otorga al consejero delegado mayores funciones que se las recortan de la presidencia. Es cierto que Banco Santander iba a aplicar un reparto diferente tras la incorporación de Andrea Orcel como consejero delegado, pero no pudo ser. Tras frustrarse este fichaje, el cambio de esquema se quedó en dique seco, excepto por una cosa, José Antonio Álvarez, ese gran soldado de Santander, como lo definió Ana Botín, seguirá como consejero delegado, cargo al que sumará ahora el de vicepresidente del consejo.

El conjunto del sector también se ha aplicado la lección y ha realizado un fuerte saneamiento de su balance, con la venta de la mayoría de sus activos tóxicos durante 2018, también una de las principales peticiones del BCE y de la Autoridad Bancaria Europea (EBA).

Lo mismo sucede con sus ratios de solvencia. Tras quedar patente en los test de estrés, cuyos resultados se dieron a conocer el 2 de noviembre, que la banca española era la que contaba con los ratios de capitalización más débiles, las entidades parece que se han puesto las pilar y ya tanto Santander, como BBVA como Sabadell han explicado que sus objetivos es no bajar sus ratios de capitalización de máxima calidad, Cet1 fully loaded, del 11%. De hecho, todos han superado esta cifra, y Santander y BBVA han presentado propuestas para alcanzar el 12% en los próximos ejercicios, aunque también es verdad que los analistas consideran todavía estos objetivos bajos.

Pero en las ruedas de prensa de Santander y BBVA las preguntas que más predominaron no estaban relacionadas con sus resultados, sino con sus cúpulas directivas, y por la reputación del sector, que lleva años sin levantar cabeza.

Ana Botín tuvo que torear con un sinfín de cuestiones sobre el frustrado fichaje de Andrea Orcel como consejero delegado. Todo indica que al final, incluso los grandes bancos cometen errores, y este fue uno de ellos, según corrobora una fuente conocedora de todo el proceso para, primero fichas a Orcel, y luego para retirar la propuesta. “Fue un error, nada más que un error, difícil de entender en una institución tan grande, pero no pasa de eso. No hay ningún problema. Si no hubiera estado Álvarez sí se hubiera generado un problema, pero ahí estaba y todo el mundo le respeta, incluso muchas casas de análisis han reconocido que preferían al actual consejero delegado que al ahora frustrado fichaje”, indica una fuente que quiere permanecer en el anonimato.

Eso sí, Botín recordó en la rueda de prensa que en la reunión con los analistas para explicarles la cuenta de resultados de 2018, no hubo ni una sola cuestión sobre Orcel. Ni tan siquiera sobre la posible denuncia que podría interponer este banquero, y que de ser cierto que existe un precontrato entre las dos partes, Santander tendría que realizar una provisión ante la posible judicialización del caso.

En el caso de BBVA, su presidente Carlos Torres, también tuvo que capear ante un chaparrón de cuestiones sobre Francisco González y las escuchas telefónicas ilegales llevadas a cabo por el excomisario José Manuel Villarejo. Y como en el caso anterior, parece que a los analistas tampoco les interesó mucho, puesto que solo hubo una pregunta sobre este asunto en la reunión con los analistas.

Hay que decir en honor a la verdad, que en su primera y complicada intervención como presidente de BBVA, Torres salió airoso, y eso que su ahora mano derecha, el consejero delegado Onur Genç, poco le pudo ayudar (de momento solo habla inglés, aunque parece que es un alumno aventajado y pronto dominara el español).

Torres tenía todo un papelón, pero lo supo llevar. Además, sorprendió con su defensa a ultranza de su antecesor en el cargo. “Yo le creo, me ha demostrado durante los 10 años que he trabajado con él que es una persona de principios”, declaró el viernes Torres en la rueda de prensa de resultados de BBVA.

Aunque, tras un ejercicio de equilibrios, añadió que si se demuestra que González encargó o conocía estas escuchas el banco tendrá “tolerancia cero”. Torres sabe que sincerarse y defender en estos momentos a González le puede pasar factura.

Lo curioso es que desde Bankinter, a Santander, pasando por Sabadell han calificado a BBVA como un gran banco, y gran competidor, y ensalzaron la labor de González como banquero. Y eso que el caso BBVA-Villarejo ha supuesto abrir nuevamente la caja de los truenos en el sector. La reputación del sector no levanta cabeza.

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