El gap entre la imagen de Trump y su política económica

Pese a las críticas al presidente, sus reformas están acelerando la locomotora de EE UU

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la Casa Blanca.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la Casa Blanca. REUTERS

Se cumplen dos años de la toma de posesión de Donald Trump. La tasa de desempleo (3,9%) es la más reducida en 40 años, tanto para el grupo demográfico de población blanca (3,4%) como para los hispanos (4,4%) y afroamericanos (6,6%). Aunque Trump heredó de Obama un desempleo de 4,9%, el porcentaje ha seguido disminuyendo y la tasa de participación laboral ha ascendido hasta el 63,1%. La generación mensual de empleo (274.000 en octubre, 176.000 en noviembre, 312.000 en diciembre) supera ampliamente la cifra necesaria (entre 75.000 y 100.000) para acomodar el aumento de la población activa. En 2018 se generaron 2,6 millones de empleos, superando los 2,2 millones de 2017. También cabe destacar la subida del salario por hora un 3,2% en 2018. A pesar del pleno empleo, la inflación ha aumentado solo del 2,1% en 2017 al 2,4% en 2018. La reforma del sistema fiscal acometida por la ley Tax Cuts and Jobs Act de diciembre de 2017 redujo el impuesto sobre sociedades del 35% –el más alto entre países desarrollados– al 21%. Un objetivo primordial de la reforma es conseguir que parte de los 2 billones de dólares en beneficios aparcados por empresas estadounidenses en el extranjero se repatrien. 

La ley estipula que dicho capital puede volver a EE UU pagando un tipo del 15,5% para activos líquidos y 8% para activos no líquidos. En el primer trimestre de 2018, capital en efectivo por valor de 300.000 millones de dólares regresó a EE UU. Aunque gran parte se ha destinado inicialmente a compras de acciones propias o mayores dividendos para los accionistas, algunas empresas han anunciado inversiones productivas sustanciales en EE UU. Amazon invertirá 5.000 millones de dólares y creará 50.000 empleos con sus dos sedes adicionales, una en Nueva York y otra en los suburbios de Washington DC. Microsoft destinará 500 millones a la construcción de viviendas a precios asequibles en la ciudad de Seattle. La reforma fiscal también disminuyó el impuesto sobre la renta para las clases altas y medias, fomentando un mayor consumo a corto plazo, pero elevando el déficit y la deuda pública.

Los más críticos auguran que los efectos positivos del estímulo desaparecerán pronto, mientras que los optimistas recuerdan que el PIB creció un 3,5% a nivel anual en el tercer trimestre de 2018 después de una expansión de 3,2% en el primer semestre. El aumento del PIB en 2018 se prevé que alcance el 3%, la cota más alta en diez años. A medio plazo el Gobierno de EE UU tendrá que decidir entre frenar el ascenso de la deuda pública o prorrogar los recortes de impuestos, que de acuerdo con la ley desaparecerán en 2025. Únicamente un ascenso de la tasa de crecimiento sostenible de EE UU permitiría reconciliar la consolidación fiscal con el mantenimiento de parte de los beneficios fiscales.

La Reserva Federal acometió cuatro subidas de 50 puntos básicos de su tasa de interés de fondos federales, colocándola en una horquilla de 2,25%-2,50%. Dichas subidas obedecen a los ascensos moderados de los salarios y la inflación. Su efecto positivo es que acrecientan la atracción de capital hacia EE UU, especialmente de países emergentes cuyas economías no están bien gestionadas. Por otra parte, tipos más altos afectan a los muchos estadounidenses con hipotecas, préstamos de consumo o contraídos para efectuar sus estudios universitarios. La Fed parece haber descartado otro incremento en marzo de 2019. La previsión de crecimiento del FMI para EE UU en 2019 es del 2,5%. Si la ralentización no es mayor, los inversores esperan dos o tres aumentos de tipos en 2019.

La política comercial del presidente Trump ha suscitado mucha polémica. Sin embargo, su equipo negociador consiguió un nuevo acuerdo de libre comercio con Corea del Sur que limita en una cantidad sustancial las exportaciones de acero a EE UU. El acuerdo EE UU-México-Canadá eleva el contenido de piezas en el ensamblaje de vehículos que deben proceder de uno de los tres países del 62,5% al 75%. Asimismo, el 40% del valor de los vehículos que continuarán beneficiándose de la ausencia de aranceles debe ser fabricado por trabajadores cuya remuneración por hora sea de por lo menos 16 dólares. Trump también hizo concesiones para poder fraguar el acuerdo, especialmente abandonando su exigencia de renegociación obligatoria en un plazo de cinco años y aceptando que su vigencia sea de 16 años. El acuerdo facilita el acceso de empresas de EE UU al mercado lácteo de Canadá, eleva las regulaciones laborales y medioambientales y actualiza la protección de los derechos de propiedad intelectual.

La guerra comercial entre EE UU y China ha causado perjuicio a los agricultores estadounidenses, cuya renta descendió un 13% en 2018. Pero China está acusando más los efectos de los aranceles. El índice bursátil de Shanghái perdió un 25% en 2018, y el PIB, producción industrial y confianza de los consumidores de la segunda economía mundial están disminuyendo sustancialmente. Todo apunta a que se sellará un acuerdo parcial entre EE UU y China antes del 1 de marzo, circunstancia que está espoleando a los mercados bursátiles.

Los mercados también han descontado las consecuencias del rechazo del acuerdo de Brexit en la Cámara de los Comunes. El escenario más probable es una prórroga de las negociaciones entre Londres y la CE, incluso después del 29 de marzo. El FMI pronostica que la expansión del PIB mundial en 2019 será del 3,5%, dos décimas menos que en 2018 y 2017. Si se despejan gradualmente las incertidumbres, EE UU en 2019 será una de las principales locomotoras de la economía mundial.

Alexandre Muns es Profesor de OBS Business School

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