¿Temen los inversores una recesión este año?

La guerra comercial y la pérdida de liquidez amenazan el crecimiento previsto para 2019

¿Temen los inversores una recesión este año?
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El turbulento año 2018 empezó con una elevada euforia inversora, gracias al estímulo fiscal anunciado por la Administración Trump, y terminó con un sentimiento de gran pesimismo respecto del mantenimiento de ciclo de crecimiento económico global. El sentimiento de los mercados tiende a ser bipolar y está guiado por factores emocionales más que racionales: los animal spirits acuñados por Keynes definen a la perfección los vaivenes que la naturaleza humana provocan en nuestras expectativas.

Otra de las características del sentimiento inversor es que tiene inercia. En efecto, una vez que se ha instalado una emoción en el mercado, sea de un sentido o del contrario, resiste la aparición de acontecimientos que contradicen el optimismo o el pesimismo. En 2018 hemos tenido evidencias en este sentido y el sentimiento inversor, sobre todo en EE UU, resistió sin apenas inmutarse el endurecimiento monetario de la Fed, la guerra comercial con China, las tensiones políticas europeas (con el Brexit y la incertidumbre respecto al presupuesto italiano a la cabeza), la debilidad de los países emergentes, la pérdida de pendiente de la curva de tipos soberana o el exceso de valoración en algunos activos relacionados con la tecnología.

En algún momento, no obstante, el mercado capitula y se pasa de un sentimiento optimista a otro pesimista, que tiene las mismas características inerciales del anterior. En diciembre tuvimos una clara evidencia de cambio radical en el sentimiento inversor.

A pesar de que en el inicio del año 2019 los inversores parecen más tranquilos, de la mano del cambio de discurso de la Fed y de las mayores expectativas de acuerdo comercial entre EE UU y China, lo cierto es que el entorno de riesgos es aún muy complejo y no es probable que el sentimiento inversor se haya recuperado de forma sostenible.

En la actualidad, persisten cuatro grandes factores de riesgo: la guerra comercial entre las dos mayores economías del planeta; las incertidumbres respecto a la política monetaria de los grandes bancos centrales; el Brexit, y los temores de que el ciclo económico global pueda terminar en los próximos meses. A estos riesgos podría sumarse el cierre de la Administración federal estadounidense, aunque con una menor importancia.

Pues bien, de todas estas incertidumbres, la más relevante y la que condicionará en mayor medida el sentimiento inversor es la relacionada con el crecimiento mundial, amenazado sobre todo por las preocupantes dinámicas de crecimiento en China y Europa. Si persiste la tendencia de desaceleración del crecimiento mundial, es previsible que incluso una resolución favorable de la actual incertidumbre sobre el Brexit no fuera suficiente para que volviera el apetito por los activos de riesgo.

En estos momentos, el que desaparezcan riesgos no basta: los mercados necesitan evidencias fundamentales de que el ciclo económico no descarrilará en los próximos meses, ya que esto es lo que los inversores empezaron a descontar en el mes de diciembre. Se teme que el progresivo endurecimiento de las condiciones financieras, los efectos de la guerra comercial y la pérdida de liquidez en los mercados acarrearán una mayor debilidad en el crecimiento previsto para el año 2019, que podría incluso desembocar en recesión económica. Ya no estamos hablando, por tanto, de que la aparición de ciertos factores de incertidumbre haga repuntar de forma transitoria las primas de riesgo de los activos de renta variable, sino que se pone en duda el mantenimiento del entorno de subidas de beneficios por acción, cuyo crecimiento se vería seriamente comprometido si la actividad económica se desacelerara intensamente en 2019.

Por tanto, la llave para forzar un cambio estructural en el sentimiento inversor la tienen los catalizadores que sugieran el mantenimiento del actual ciclo económico, que podrían venir de la mano de alguno de estos factores: un acuerdo comercial entre EE UU y China, para el que en el mejor de los casos habrá que esperar meses; que los indicadores adelantados y de actividad mundiales empiecen a dar síntomas de recuperación, lo que es poco probable con la actual aversión al riesgo, y, por último, que la Reserva Federal termine su proceso de normalización monetaria. Este factor ha ganado una cierta probabilidad en las últimas semanas, aunque, a pesar de las palabras tranquilizadoras de los distintos miembros de la Fed, que sugieren una mayor paciencia por parte de la institución, parece complicado que se cumpla la actual previsión de los mercados, que no contemplan subidas en 2019, salvo que se produzca un fuerte deterioro en los fundamentales económicos estadounidenses.

En resumidas cuentas, es posible que la tendencia bajista pueda prolongarse por un periodo de tiempo adicional, a pesar de que el mes de enero haya compensado una probable sobre­rreacción bajista en diciembre. Las probabilidades de recesión en 2019 se mantienen en niveles bajos, pero los importantes riesgos latentes y lo avanzado del ciclo de crecimiento en EE UU aconsejan ser cautos en cuanto al posicionamiento inversor.

Si bien es perfectamente posible que los activos de renta variable sean capaces de sobreponerse a un 2018 muy complicado, el mantenimiento durante un periodo de tiempo prolongado de elevados niveles de pesimismo termina dañando las expectativas de los agentes económicos, con lo que corremos el riesgo de que los temores sobre el crecimiento mundial terminen convirtiéndose en una profecía auto cumplida.

¿Temen los inversores una recesión este año?

Álvaro Manteca, CFA, es miembro de CFA Society Spain, y responsable de Estrategias de inversión Banca Privada, BBVA.

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