Una crisis de liderago que exige una respuesta hábil, eficaz y transparente

Renault y sus aliadas niponas deben transmitir al mercado que una compañía es mucho más que un primer ejecutivo

El mercado castigó ayer duramente las acciones de Renault tras conocerse la noticia de que Carlos Ghosn, presidente de la compañía francesa y de su socia Nissan Motor, así como de la alianza de ambas con Mitsubishi, ha sido arrestado en Tokio por presunto fraude fiscal. Tras una investigación en la que ha colaborado la propia Nissan, que asegura haber descubierto irregularidades en la conducta de su presidente, las autoridades japonesas han acusado a Ghosn de ocultar al mercado su verdadera retribución y de haber declarado a la Hacienda nipona una cantidad equivalente aproximadamente a la mitad de su salario real. El escándalo, que ha obligado a pronunciarse ya, aunque con lógica cautela, al Gobierno francés, que posee un 15% de Renault, desató ayer una suerte de reacción en cadena desde Japón hasta Francia. Mientras el consejo de administración de Nissan Motor anunciaba en Tokio que acordará esta misma semana la destitución de Ghosn, el de Renault, máximo accionista de la compañía japonesa, señalaba que reunirá cuanto antes a sus consejeros para tratar un caso que ha sacudido no solo al mercado, sino a toda la industria automovilística.

El escándalo desatado en torno a Ghosn, apodado le Cost Killer por su exitosa y agresiva gestión de costes en Renault, Nissan y Mitsubishi, reúne todos los elementos para convertirse en una crisis empresarial de alto voltaje que requerirá de una gestión corporativa lo suficientemente hábil como para evitar que salpique, más allá de lo inevitable, a la compañía francesa y a sus aliadas niponas. El momento convulso que vive el sector es un añadido extra a la difícil situación que afronta el grupo. El castigo que el mercado infligió ayer a Renault no puede ser una sorpresa ante unas acusaciones delictivas muy serias y sostenidas en el tiempo. Pese a la gravedad de esos cargos, y la trascendencia pública del proceso judicial que muy probablemente traerán consigo, la compañía francesa cuenta con una trayectoria lo suficientemente sólida como para diferenciar su suerte de la que pueda correr, si esos cargos se confirman, su célebre presidente.

Es indudable que se abre una etapa de crisis para una alianza de empresas que constituye el segundo grupo automovilístico por ventas del mundo, a la que solo cabe hacer frente con un protocolo de actuación que aúne agilidad, eficacia en la depuración de posibles responsabilidades añadidas, en caso de que las hubiese, y una gran dosis de transparencia. Ahora es tiempo de trabajar para transmitir al mercado y a los accionistas que una compañía es, o debería ser, mucho más que un primer ejecutivo, por eficaz y poderoso que este sea.

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